Fight Club: Violencia y Escapismo

Por Santiago Rubín de Celis

“La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una Gran Guerra, ni una Gran Depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos, y poco a poco nos hemos dado cuenta. Y estamos muy, muy enojados por eso”

En 1999 apareció una película llamada El Club De La Pelea (Fight Club) basada en un libro del mismo nombre escrito por Chuck Palahniuk. Aunque fue recibida con reacciones mixtas durante su estreno en cines, la versión en DVD se convirtió rápidamente en un clásico de culto.

Es difícil hablar de Fight Club sin revelar mucho de la trama a personas que no la hayan visto antes, pero a través de este artículo trataré solamente los temas básicos de la película sin adentrarme mucho en la historia para no robar la experiencia de quien no la haya visto. Sin embargo, el contenido de este artículo resonará mucho más para aquellos familiares con la obra.

La premisa de Fight Club es la de un par de hombres insatisfechos con la vida y la sociedad moderna que deciden crear un club clandestino de peleas cuerpo a cuerpo para liberar su ira y su frustración. Las peleas no tienen ningún objetivo más que la violencia en sí misma y las sensaciones que provoca el liberar esa violencia.

En su nivel más básico, Fight Club es una crítica social, es una respuesta a una sociedad cada vez más materialista y superficial, una sociedad desinteresada y gris con demasiadas reglas y pocas recompensas además del dinero. El mensaje de la película es claro, aunque un tanto irónico (Escuchar a Brad Pitt monologar sobre cómo la sociedad ha mentido y nunca será una estrella de cine, por ejemplo), pero lo realmente interesante de la película es la forma en la que el mensaje es comunicado. La historia es narrada de forma bizarra y solo es comprendida realmente al final de la misma, donde se otorga la clave para hilar todas las escenas; Hasta ese momento pero incluso antes es claramente perceptible que el narrador va perdiendo poco a poco la cordura (o recobrándola, según se quiera verlo). De esta forma la historia utiliza la locura como un medio para expresarse; es gracias a la locura, o al menos a un desacato de las normas sociales que normalmente se atribuiría a la locura, que los eventos de la historia pueden suceder. De cierta manera, la obra explora la libertad permitida por este desacato a las reglas, a esta “locura” que sirve de válvula de escape para una sociedad cada vez más rígida. La violencia y el comportamiento antisocial funcionan como una forma de escapismo, en la cual los personajes pueden desahogar la rabia y la frustración que la sociedad les prohíbe expresar.

La locura, entonces, es una forma de romper una rutina cada vez más opresiva y monótona, de reafirmar la individualidad en un mundo colectivista y de encontrar un sentido en una vida que carece de este.

Visto desde otro punto, Fight Club no solo trata de rebelarse contra una sociedad materialista, sino contra una sociedad que desalienta la masculinidad. El club de la pelea en sí mismo y los actos cada vez más violentos cometidos por sus miembros son formas de liberar toda la agresión contenida en estos hombres, agresión que está prohibida liberar en público. Dicho club es una respuesta a una sociedad que ha cambiado abruptamente los roles de género que habían existido por siglos: un grupo de hombres que se siente emasculado, un grupo al que le es prohibida su masculinidad. En ningún otro punto de la historia es esto más evidente que cuando Robert Paulson, un hombre que fue luchador y físico culturista en su juventud y que desarrolló cáncer testicular y ginecomastia como resultado del mismo, se convierte en uno de los principales miembros del club. El club hace que estos hombres vuelvan a sentirse como hombres, la violencia los pone en contacto con un estado más primal, más animal y por lo tanto (a sus ojos) más puro y espiritual.

El filme parte de la premisa de que la agresividad, la violencia incluso, es una parte intrínseca del hombre, y que el negar este aspecto de la masculinidad provoca resentimiento, frustración y eventualmente más violencia. Independientemente de si se está de acuerdo con esta opinión o no, es cierto que hay elementos importantes en la sociedad contemporánea que ilustran este fenómeno. Se podría decir que la popularidad de los deportes (competitivos, algunos más violentos que otros) y en los últimos años los videojuegos bélicos son una forma socialmente aceptable de liberar esta agresividad innata. Se podría decir también que todo esto es un constructo social, que la agresividad no es inherente sino aprendida, pero esta es una discusión para otro momento.

Regresando al filme y a los temas presentados en él, es interesante notar que hay una sola mujer como personaje en la historia, una mujer que, congruentemente con la lógica de la historia es odiada por los personajes principales y sin embargo es su escape sexual y quien despierta conflictos de posesión entre ellos. Marla Singer es al mismo tiempo odiada y amada por los personajes principales, en momentos burlándose de su rol de machos y en otros dependiendo de ellos completamente, jugando con la idea de que para que un hombre sea realmente un hombre, requiere de la aprobación de una mujer.

Para terminar, no queda más que decir que Fight Club es un clásico moderno, tanto la novela como la película son obras que valen la pena, que otorgan muchas cosas sobre las cuales pensar. Como dato curioso, la novela tiene un final distinto a la película, con tonos e implicaciones muy diferentes.