La locura en el Cine: tres películas para desvariar

Por Alejandro Galván

Para el filósofo francés Michel Foucault (¡oye, mamador!), la locura en nuestros tiempos representa exclusión. Exclusión que tiene que ver con las necesidades fundamentales del funcionamiento de toda sociedad. Para nosotros el loco en este sentido no tiene función social y debe por lo tanto ser recluido en un manicomio donde no represente un peligro para nadie. Es ahí donde el filósofo se cuestiona si de verdad cambiamos nuestra forma de ver a la locura con respecto a la que teníamos en la Edad Media donde el loco era tratado como cualquier otra persona. Pareciera entonces que con el desarrollo de la psiquiatría no llegamos a conocer al enfermo mental, sino que sería lo contrario y por ello diseñamos prisiones especiales para mantenerlo en esa exclusión.

Por el otro lado pareciera que bajo este presupuesto quienes se han interesado más en comprender la enfermedad mental son los artistas. En sus obras podemos encontrar un gran valor humanístico donde no existen prejuicios ni exclusiones. Se busca ponerse en los zapatos de las personas con estos padecimientos. De esta forma la locura puede incluso llegar a representar una verdadera manifestación de la razón.

Al menos en el cine sí. Desde las primeras películas hemos visto al enfermo mental con ojos de inocencia. En Das Cabinet des Dr. Caligari (1920) vemos a un enfermo siendo utilizado para ganar dinero y algunos han leído esto como una metáfora de la sociedad siendo controlado por una fuerza coercitiva institucional (no es chiste). Mientras que en Freaks (1932), los deformes, los amputados y personas pequeñas,  son utilizados por el director para generar shock value (que la película sea más popular aprovechándose del aspecto físico de sus actores).

Bueno, mi misión de hoy va a ser exponer tres películas cuyo tema central sea la locura. En este sentido, la locura será entendida como representación de algo más que ayude al filme a exponer su temática. No quiero hablar de películas donde el personaje deviene a la locura porque estos son en su mayoría estudios de personajes. A mí lo que me interesa comentar es la conjugación entre la locura y la supuesta lucidez de los personajes que rodean al enfermo mental (o enfermos mentales).

Así que vamos empezando por un clásico:

One flew Over the Cuckoos Nest (1975)

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Jack Nicholson interpreta en uno de sus papeles más conocidos a Randy McMurphy un veterano de la guerra que no pudo ajustarse a la sociedad y termina encarcelado por una violación. Para su suerte él es enviado a un hospital psiquiátrico para evaluar su condición. Digo para suerte porque en ningún momento muestra signos de tener una enfermedad mental y parece que lo que busca es simplemente evitar el trabajo forzado en prisión.

De inmediato conoceremos a la antagonista de la película, la enfermera Ratched (Louise Fletcher) una figura autoritaria estoica que en ningún momento muestra signos de poseer emoción alguna (excepto en la escena final donde McMurphy le da un “abrazo”). Este personaje es presentado como el opuesto total al de Nicholson quien se enfoca en lograr la liberación mental de los pacientes a quienes la enfermera tiene bajo un control equiparable al de una secta religiosa u gobierno autoritario.

Aquí es donde la locura juega un papel primordial. El enfermo mental aquí significa una sociedad lobotomizada. Atrapada ya sea por fuerza y control de una autoridad o voluntariamente por la coerción generada a través de la rutina. McMurphy entonces representa la libertad, una liberación de las categorías que etiquetan a los pacientes como locos-no-aptos-para-la-sociedad.

En la resolución del conflicto, el orden es reestablecido a costa de la integridad de McMurphy. Pero tal fue su influencia sobre los pacientes, que uno de ellos decide “liberarlo” para inmortalizarlo como un símbolo de esperanza.

Me encanta esta película por la carga metafórica que lleva consigo. No solamente se trata de una crítica de la sociedad estadounidense (además, su tradición europea le agrega valores estéticos bastante interesantes) sino también del autoritarismo que le tocó experimentar al director Miloš Forman.

Prosiguiendo, ahora voltearé la mirada a una película un poco más alegre

Le Roi de cœur (1966)

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Si quisiéramos ver a la locura como la manifestación de la razón no tendríamos que buscar más lejos.

Esta singular película nos pone justo al final de la primera guerra mundial, cuando los alemanes están desocupando Francia. Soldados escoceses están a punto de entrar a una ciudad y liberarla de los soldados alemanes liderados por el General Hamburger. Empero, los germanos no se van a ir sin una última sorpresa: instalaron explosivos lo suficientemente capaces para hacer explotar la ciudad completa.

Los escoceses se enteran de esto y mandan al mejor hombre para llevar a cabo la búsqueda y desactivación de la bomba: el ornitólogo Charles Plumpick. Su destreza para mandar palomas mensajeras y hablar francés lo lleva al corazón de la ciudad. Pero esta gran habilidad no basta y es visto por el enemigo, por lo que tiene que huir. De este modo el soldado Plumpernickel (¿?) llega al asilo de enfermos mentales. Los alemanes están justo detrás de él y cuando entran su habilidad de espionaje surge y adopta el nombre de El Rey de Corazones. Cuando los soldados se dan cuenta de que es un asilo de enfermos mentales, huyen dejando la puerta abierta. Así, los locos toman la ciudad.

Justo aquí todo se vuelve extraño (de por sí ya lo era) y los locos se visten como los dueños de la ciudad. Cuando Plumpick regresa ve la rareza de todo manifestada en un barbero que le paga a sus clientes, un general que juega ajedrez con un mono y un león con la puerta de su jaula abierta sin intentar salir. Y, sin embargo, encontramos que los personajes están conscientes de su situación. Saben que están locos, pero aun así llegan a tener conversaciones mucho muy lucidas.

Esto funciona en contraste perfecto contra el caos que es la organización de los escoceses y de los alemanes. Estos pareciera que salieron de alguna película de Monthy Python ya que sus incoherencias caen en el absurdo (un muy gracioso absurdo).

Confieso que no es la película más rica en significado, ni la más bella o compleja. Pero creo que es importante reconocer su valor al tener a la locura como un elemento central y no tratarla como un tabú del cual debemos alejarnos.

A continuación tenemos una obra de uno de los directores de cine más reconocidos y que los críticos han considerado incontables veces como un verdadero autor de cine.

Såsom i en spegel (1961)

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Como última entrega tenemos este singular filme hecho por el venerado director/autor Ingmar Bergman. Llamada en inglés Through a glass darkly, el título se refiere al pasaje de la primera epístola a los Corintios, capítulo 13, versículo 12 —¿fui el único que lo leyó corrido? Este dice así: “Ahora vemos por espejo, oscuramente” Muchos lo han interpretado como que hemos perdido la habilidad para ver la verdadera esencia del mundo, como si lo miráramos nublado y a través de un espejo. De nuevo, nuestro personaje afectado por una enfermedad mental es el único que puede ver esta esencia.

El filme trata sobre un día en la vida de 4 personajes: Karin, su esposo Martin, su hermano Minus y su padre David. El cuarteto está disfrutando de una tarde placida en la playa de la isla donde habitan, después de que David ha regresado de Suiza. Aun cuando no haya vuelto con regalos, Karin parece apreciarlo bastante. Es entonces cuando Minus decide “estrenar” para su padre una obra que estaba escribiendo de hace algún tiempo. Lo particular de esta es que trata de un hombre que no puede experimentar el amor salvo cuando escribe de él.

 Es entonces donde los problemas se hacen evidentes. Karin y su padre tienen una relación muy dura puesto que la hija había estado internada y recibió terapia de shock para tratar de sanar su esquizofrenia. De hecho, él ha sufrido mucho ya puesto que su esposa murió de la misma enfermedad que le aflige ahora a su hija. Entonces escribe una ficción de la vida de su hija para tratar de entender lo que pasa. Por el otro lado, tenemos que Martín ya no siente lo mismo por Karin y se debate si debe abandonarla o debe reemplazar el amor que sentía por ella por lástima. Mientras, sucede otro problema con el hermano, ya que parece querer también a su hermana.

Subsecuentemente, Karin sufre una recaída y lleva a dos escenas bastante impactantes. La primera es una exploración de un cuarto de la casa en la isla, parece que hay algo en el tapiz de las paredes (después se explica qué es lo que ve). La segunda, y la más confusa es una donde Karin empieza a tener alucinaciones. Su familia ya llamó a una ambulancia para recogerla y cuando llega, ella siente que es una araña, que para ella es la forma de Dios.

Entender todo lo que Bergman quiso comunicar es una verdadera empresa. De por sí ya lo era vislumbrar toda la trama, ahora comprenderla es una tarea mucho más complicada. Sin embargo, en mi opinión eso es lo que él buscaba. Dar un mensaje pequeño con una composición fuerte y muy vívida, así como una gran melodía dominada por el cello, crean un impacto formidable para el espectador que significará diferentes cosas dependiendo de tu postura. Eso o el loco soy yo.