Locura colectiva: Sumisión de Michel Houellebecq

Por Arturo Sifuentes

“No tomo partido, no defiendo ningún régimen. Deniego toda responsabilidad. He acelerado la historia, pero no puedo decir que sea una provocación, porque no digo cosas que considere falsas sólo para poner nerviosos a los demás”

-Michel Houellebecq

Situada en la ciudad de París, en el año 2022, la más reciente novela del polémico novelista, poeta y ensayista francés, “Sumisión”, se ha convertido en un referente obligado para comprender mejor el pensar islámico desde la perspectiva occidental, a través de una mirada arriesgada y para muchos, escandalosa debido a sus implicaciones políticas. Si bien Orham Pamuk, Amos Oz, Yishai Sarid y otros autores contemporáneos nos han aproximado al mundo islámico y a los conflictos del medio oriente a través de su literatura, Houellebecq, a través del personaje de François, un académico descontento con el sistema educativo y su propio estilo de vida, sitúa al lector en la perspectiva de un país dividido, entre los que claman la tolerancia y la acogida a los inmigrantes musulmanes de Medio Oriente y el norte de África, y entre aquellos que ven este fenómeno como una amenaza creciente, lo cual resuena entre los sectores más conservadores del país, como el actual partido ultra conservador Frente Nacional liderado por Marine Le Pen, partido retratado en la propia novela.

En la misma tradición de la novela política y distópica como 1984, François es testigo de una transformación lenta pero definitiva de la vida cotidiana de Francia, recordándonos a la transformación de Irán después de la Revolución de 1979. Durante las elecciones presidenciales, los partidos tradicionales, el PS (Partido Socialista) y el conservador UMP (Unión por un Movimiento Popular) están a la baja de todas las encuestas electorales, por lo que en un inusual y descabellado intento por tener una oportunidad de derrotar a Le Pen, se unen en coalición junto con un tercer elemento, un partido emergente llamado Hermandad Musulmana, cuyo candidato, Mohammed Ben Abbes, carismático, culto y de aparente tono moderado, se convierte en el opositor oficial a Le Pen.

Una vez que Abbes logra llegar a la presidencia, los cambios son inminentes. La población judía comienza a huir a Israel por temor a represalias y la actividad económica comienza a reorganizarse conforme a nuevos estándares. La Universidad de la Sorbona se convierte en un centro de estudios islámico donde las mujeres quedan relegadas de cualquier actividad académica y laboral, conservando apenas algunas concesiones en los campos de las artes y las letras, pero los hombres, al aceptar la conversión al Islam gozan de buenos beneficios económicos y tienen derecho a la poligamia.

Como indica el afamado escritor francés Emmanuel Carrere, “Houellebecq reflexiona sobre la enorme mutación que todos sentimos en curso sin que tengamos los medios para analizarla”. La contradicción entre la libertad religiosa y la paulatina aceptación o sumisión a un sistema ajeno con el fin de hacer prevalecer los privilegios de las cúpulas de poder, forzadas a negociar con un elemento externo a costa de las libertades civiles de las masas.

El libro fue publicado el mismo día en que se perpetró el ataque contra las oficinas del semanario Charlie Hebdó en enero del año dos mil quince cuyo resultado fueron numerosas víctimas fatales. La controversia que rodeó al libro llegó a niveles insospechados. Houellebecq tuvo que salir del país temporalmente escoltado las veinticuatro horas del día, la editorial Flammarion retiró de las estanterías el libro y se reforzó la seguridad de la sede de la editorial por temor a más ataques. Fue tachado de islamófobo, y también de promotor del islam. Nadie quedó indiferente al contexto de la novela. El ataque en cuestión tuvo como trasfondo la utilización de una imagen del profeta Mahoma en la portada. No está de más agregar que para el Islam está prohibido representar al profeta en imágenes, por lo que generalmente se le representa cubierto, de espaldas o simplemente escrito en caligrafía árabe.

En tiempos recientes Francia experimenta una escalada de ataques terroristas. Entre las más notables está el perpetrado en la sala de conciertos Bataclan en noviembre de dos mil quince durante un concierto de la banda de rock estadounidense Eagles of Death Metal con decenas de víctimas fatales. En julio de dos mil dieciséis un enorme camión arrasó a una multitud congregada en la ciudad de Niza durante las celebraciones del día de la Bastilla. Todos estos ataques adjudicados a grupos terroristas internacionales como Daesh, mejor conocidos como Estado Islámico, o ISIS.

Así como la historia del mundo contemporáneo nos asombra con disparatadas decisiones que desembocan en grandes conflictos, Francoise dentro de la novela se encuentra inmerso en una sucesión de acontecimientos de las que, al igual que el resto de la población, sumisa e incluso indiferente, asume una nueva configuración de su existencia con el mero pronunciamiento de las palabras que le llevarán hacia un futuro incierto, pero aún placentero y privilegiado: “Solamente hay un Dios, y su nombre es Alá, y Mahoma es su profeta”.

Estamos inmersos en tiempos donde surgen personajes, que pensaríamos producto de la más extravagante ficción, como el candidato presidencial Donald Trump, llenando los vacíos morales y existenciales de millones de ciudadanos que no se sienten identificados con el status quo de sus gobiernos y sus estadistas. En una época donde el discurso va de la mano de una peligrosa retórica de la diferenciación, la reflexión va más allá del texto escrito. La novela contrasta en voz de seductores personajes esa idea reconfortante de la sumisión: “Es la sumisión. La idea asombrosa y simple de que la cumbre de la felicidad humana reside en la sumisión más absoluta” con la idea misma de este concepto propia del autor “”La sumisión podría suponer la extinción del mundo”.