Los Estultos

Por Sabrina Bonanomi

La Estulticia, del latín Stultitia, significa necedad o tontería. En su libro “Elogio a la Locura” Erasmo de Rotterdam crea a la Diosa Estulticia, y la utiliza como personaje para transmitir a la humanidad la importancia de la locura. La principal cualidad de los estultos es el ser francos y veraces, el siempre decir la verdad y escupir lo que se les ocurre con palabras, principalmente de una manera culta y triste. Disiderio se disculpa por este atrevimiento en su famoso libro, diciendo, a través del personaje de su diosa “A mí siempre me es de sobremanera grato decir lo que me venga a la boca”. ¿Por qué se nos asocia a los locos con esta cualidad atrevida de no digerir nuestros pensamientos?

Muchos llegan incluso a comparar a Erasmo con el ilustre Voltaire, asegurando que es el “Voltaire cristiano”. No debería sorprendernos que hayan después clasificado a Erasmo como humanista junto a uno de los herejes más famosos de la historia. No debemos ignorar que este célebre filósofo francés tuvo que huir de Paris para evitar ser asesinado por escribir sobre la libertad y el libre albedrio del hombre. Sus libros y cartas fueron rescatados y publicados en masa mucho después de su muerte.

Pensemos también en Jean-Jaques Rousseau, otro loco-hereje y además pervertido oficial. De hecho la palabra “pervertido” viene del latín pervertĕre que significa volcar, invertir o convertir en algo, no es sorpresa que esta palabra haya sido usada en la edad media para definir a los no creyentes, ateos o rebeldes. Siglos después Freud cambiaría el significado de la palabra para referirse a los depravados sexuales, o parafílicos, categoría a la que entraría Rousseau por su masoquismo,que antes de los descubrimientos de Freud, logró trazar hasta su niñez, cuando estuvo a cargo de su atractiva hermana que solía darle nalgadas como castigo. Años después, el filosofo francés no podría excitarse sin un par éstas.

Pero más allá de pensar en el ello, el yo y el superyó, pensemos ¿Estaban estos hombres en verdad locos? ¿Debería sorprendernos que hayan sido tachados de herejes por ciertas ramas de la Iglesia Católica en el siglo XVI? Según Voltaire, no. Según su “Diccionario Filosófico” no se puede llamar loco a aquel que ve azul cuando los demás ven rojo. En una de sus cartas después agregadas a su famoso libro, el humanista escribe un hipotético diálogo entre un hombre que ha sido llamado loco y unos sabios, que culmina con el acusado preguntando el motivo de su locura, a lo que Voltaire responde:

“Si los doctores están dotados de buen sentido, le contestarán que no lo saben. Ignoran por qué un cerebro concibe ideas incoherentes, como también ignoran por qué otro cerebro concibe ideas regulares y continuadas. Si se creen sabios, serán tan dementes como el loco.”

El estulto o el loco, no se jacta de saber más que sus semejantes, sino que se cuestiona todo ávidamente. El demente admite su ignorancia y la celebra, se burla de los que lo excluyen y lo llaman pervertido o anormal. Se alimenta de su aislamiento y utiliza su reputación como escudo y arma para crear. Ve a futuro y prefiere conocerse a sí mismo que pretender ser algo que no es.

Erasmo asegura en su famoso libro que «La sabiduría inoportuna es una locura, del mismo modo que es imprudente la prudencia mal entendida»

Preguntémonos entonces: “¿acaso podemos encontrar algún estulto en nuestros días?”. Hoy encontramos infinidades de campañas que nos exhortan a crear, a innovar. Sin embargo, parece que lo que mueve al mundo no son cuestionamientos, sino preguntas sobre rendimiento, efectividad y utilidad. ¿Dónde quedó la era de los filósofos que cambiaron las percepciones radicalmente con una sola pregunta? ¿Qué lograremos con nuestros débiles intentos de promover ideales en un mundo conformista? No hace falta un demente que mueva a las masas con discursos utópicos, hace falta un loco que nos siente y nos haga pensar. Lo necesitamos como nunca.