Outlast: la locura del horror

Por Ricardo Fabián Iracheta Santillana

Desde el momento que vi el trailer de Outlast estuve emocionado. Emocionado pero aterrado de estrenar este juego que me parece brillante dentro de su género: desde el principio te causa una sensación de constante preocupación y una profunda ansiedad. Sabes que estás en un lugar en el que no deberías de estar, sin embargo, allí estás, contra todo sentido común.

El juego te pone en los zapatos (o en la cabeza) de Miles Upshur, un reportero investigador que recibe información de que en el manicomio Mount Massive suceden actos corruptos por parte de la compañía que dirige el lugar: Murkoff Corporation. El apartado gráfico del juego está bastante cuidado y muy bien ambientado, el sonido te mantendrá alerta todo el tiempo pues es importante estar atento a cualquier pequeño ruido para continuar a salvo.

El sello característico de Outlast es que te desprende de cualquier posibilidad de defenderte. No eres un soldado del futuro con una armadura impenetrable, no eres un mutante con poderes regenerativos, ni si quiera un millonario con tecnología de punta a su disposición: eres un reportero y como tal eres solo una persona con las mismas capacidades físicas de cualquier joven en sus veinte. La única herramienta a tu disposición es tu “camcorder”, una cámara de video que Miles Upshur utiliza para documentar su travesía por el manicomio. Esta te permitirá grabar cualquier evento inusual que veas mientras estás en los terrenos de la corporación Murkoff y te ayudará con su visión nocturna, ya que la mayoría del tiempo no hay ninguna fuente de luz y el poder ubicar a tus perseguidores es la mejor manera de huir.

Tus únicas posibilidades de sobrevivir son correr y esconderte, y, aún al esconderte, algunos de tus enemigos tendrán la inteligencia suficiente para buscarte y en algunas ocasiones encontrarte. En eso reside uno de los puntos flacos del juego. La mayor parte del tiempo, la acción y el horror tienen buen ritmo y esto te mantiene tenso, en suspenso y alerta, con los nervios de punta, pero al fallar en algún objetivo y verte morir de alguna manera horrible (desmembrado, quemado, comido vivo, etc.) pierdes un poco esté suspenso. No se diga si fallas varias veces: el verte morir repetidamente, por más cruel que sea la muerte, pierde impacto. Aun así, el juego siempre está un paso adelante y los horrores que te muestra se vuelven peores cada vez, de tal manera que cuando crees que ya estás a salvo surge algo aún más retador.

Los enemigos del juego son llamados Variants y son los pacientes del manicomio. Los más remarcables de estos presentan diferentes patologías: ansiedad extrema, canibalismo, delirios, piromanía… y la lista sigue.

Outlast: Whistleblower es la precuela y “final” para el juego, liberado como DLC (contenido descargable). Es una historia nueva, ubicada en el mismo manicomio, con algunos eventos que coinciden con los de la primera parte. El personaje principal de la precuela, Waylon Park, es un ingeniero de software encargado de depurar los sistemas que el manicomio utiliza en sus experimentos. Al darse cuenta de lo que ocurre decide hacer público lo que sabe (es así como Miles, el protagonista del primer juego, recibe la información), pero la corporación no dejará que salga impune por su osadía y Waylon queda atrapado en la locura del manicomio. Whistleblower es una aventura igual de oscura pero más sangrienta…

Outlast es un juego para los amantes del terror. Para ser franco, yo solo pude jugarlo de día… La secuela, Outlast 2, será una historia totalmente nueva y promete ser igual de aterradora, será publicada a principios del año que viene. Esperando que eso suceda podemos seguir arruinando nuestras noches jugando y re-jugando esta retorcida pero magnífica historia.