Akira (1988) y Alphaville (1965): una visión alternativa de la distopía en el cine

Alphaville (1965)

Por Alejandro Galván

La distopía como una propuesta antónima a la utopía parece haberse formado a principios del siglo xx. Entre sus primeros exponentes tenemos a H.G. Wells con The Time Machine, donde vemos una sociedad dividida completamente en “clases”: los morlocksy los eloi (intelectuales contra proletariado bárbaro). Por otro lado, tenemos otra propuesta de distopía de las manos del autor austro-húngaro Franz Kafka, quien nos presenta un mundo dominado por una burocracia opresiva, casi de pesadilla. El factor principal de esta obra, como lo explica Noah Tavlin, “…no solo es la absurdidad de la burocracia sino la ironía del pensamiento circular de los personajes como reacción a ella…”[1]. Después de comparar ambos textos, en mi opinión, tenemos algo claro: una burla a la edad industrial moderna.

Conforme fue avanzando el siglo, se fueron formando nuevos mitos distópicos. Lo que sorprende es la rapidez con la que el interés se fue trasladando de un medio a otro. En 1927, Fritz Lang estrena su obra maestra y su filme más icónico: Metropolis. El drama utiliza formidablemente elementos del expresionismo alemán y los combina con un cuantioso presupuesto para presentar una épica de ciencia ficción. En esta obra podemos ver de nuevo un elemento que ya es recurrente: la opresión del sistema. Pero Lang va aún más lejos y ahora compara a los humanos con las máquinas: aquellas que nosotros construimos y de las que nos volvemos esclavos y “comida”,al depender tanto de ellas y darles tanta importancia. Aunque no declararía que fue gracias a éste gran director alemán, el elemento deshumanizador va a estar muy presente en las obras distópicas subsecuentes.

De cualquier modo, en este punto podemos ver la esencia de la distopía: una preocupación fuerte por el presente como sociedad. Ya sea influido por las ideas de la lucha de clases, por la laberíntica trampa política en la que caemos o por una dependencia de la industria.  Es por ello que no debe de extrañarnos que las películas de hoy en día, como Snowpiercer (BongJoon-ho, 2013)y Children of Men (Alfonso Cuarón, 2006) muestren un mundo donde rebasamos los límites que nuestro planeta nos permitía (en estas películas vemos problemas de desgaste ambiental y de sobrepoblación, respectivamente). El planeta es nuestra principal preocupación como sociedades del nuevo milenio y, en consecuencia, la vemos reflejada en las obras artísticas.

Sin embargo, mi trabajo el día de hoy no es hacer que te preocupes por el medio ambiente –ya hay muchas personas que se encargan de eso cada día– sino señalarte las piezas que yo consideré más relevantes de este sub género, así como brindar un pequeño análisis para esclarecer un poco lo que significó todo en última instancia. De esta manera, quiero decirte que daremos un breve recorrido por la ciudad de Alphaville con el detective Caution; para luego visitar la ciudad de Neo Tokio y tratar de resolver el misterio de quién es Akira, así que empecemos:

Alphaville (Jean-LucGodard, 1965)

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Alphaville (Jean-LucGodard, 1965)

A Jean-LucGodard se le atribuye la famosa frase “todo lo que necesitas para hacer una película es una chica y un arma”. Es incierto si en realidad dijo esto, aunque parece que muchos de sus proyectos surgen de esa premisa. Bande à part(1964), Pierrot le fou(1965), Made in USA (1966), La Chinoise(1967) y la distopía que hoy nos acompaña. Mezclando elementos de las películas de serie B, cine negro y ciencia ficción, el genio de la Nouvelle Vague logró crear un filme extraordinario y poco convencional. La trama en sí es algo bastante singular.

La narrativa comienza con el Ford Galaxie del detective LemmyCaution llegando a Alphaville, para ingresar en un hotel como el periodista de los “países exteriores” Ivan Johnson, puesto que la naturaleza de su misión en la ciudad hace que él deba extremar precauciones. En los primeros 5 minutos de la cinta se escucha la voz de un hombre que pareciera tener laringitis o algo peor. La voz le pertenece a Alpha 60, la antagonista del filme, quien exclama algunas frases que parecieran ser completa absurdidad. Mientras tanto la narración continuará desenvolviéndose y el espectador quedará completamente confundido.

Lemmy irá conociendo personajes de esta extraña ciudad, quienes no parecen ser las personas más emotivas. Ellos son fríos y las únicas intenciones que demuestran son las que les han programado en su mente. Sin embargo, el detective conocerá a Natascha von Braun, hija del supremo líder de Alphaville (el profesor von Braun o el blanco que tanto busca nuestro protagonista), y quedará cautivado por ella. Lemmy recorrerá un poco la ciudad para encontrar tanto a von Braun como el centro de comando de Alpha 60 y deshacerse de ellos (o fotografiarlos hasta el cansancio). Finalmente, la ciudad –y Natascha– revelarán su naturaleza y Cuation actuará de acuerdo a su plan original, con algunos cambios motivados por el descubrimiento de la hija del profesor.

Alphaville tiene como idea central algo de lo que ya somos familiares: una crítica al optimismo desmesurado por el futuro. Más que un ataque al optimismo en sí (puesto que la cinta termina en una nota optimista), Godard dirige la atención sobre aquellos a quienes le tienen fe ciega en que el futuro va a ser siempre un mejor lugar y que el pasado fue un pésimo espacio. La matriz que guia esta cinta es, por lo tanto, una combinación ecléctica de una vituperación de la modernidad y una postura humanista con raíces presentistas. O más adecuadamente Borgianas.

Al final de la narración, Alpha 60 –o la máquina que le da un control orwelliano de la ciudad a von Braun– exclama la siguiente frase:

“…El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destruye, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume; pero yo soy el fuego. El mundo es desgraciadamente real…”[2]

Podemos entender esta frase en carácter de otra, de un personaje más de la historia, estoy hablando de San Agustín, quien declaró:

“Pero lo que ahora es claro y manifiesto es que no existen los pretéritos ni los futuros, ni se puede decir con propiedad que son tres los tiempos: pretérito, presente y futuro; sino que tal vez sería más propio decir que los tiempos son tres: presente de las cosas pasadas, presente de las cosas presentes y presente de las futuras…”           

Estamos hablando de una dilución del concepto de tiempo. Éste, para Borges, es inseparable del humano. Somos tanto materia como tiempo, nos arrebata; nos destruye; nos consume, y aun así somos parte de él. En otra parte de su capítulo en Confesiones, san Agustín argumenta que no podemos decir que del presente no se puede hablar, porque éste“es”. Yo considero que san Agustín no va a extremos negando la existencia del pasado o del futuro,  sino que más bien él trató de responder a una interrogante que todavía sigue vigente: ¿Qué es el tiempo? o más bien, ¿en realidad existe el tiempo?

En Alphaville el tiempo se conjuga y se mezcla: tenemos una ciudad distópica que, sin embargo, se asemeja muchísimo a Paris en 1965; una serie de plans sur plans (jump-cuts) que en vez de mostrarnos acciones en una sucesión causa-efecto, nos conducen usando continuidad de ideas (como cuando Lemmy enciende su mechero y que dos planos después vemos que era para Natascha); y una mezcla del dominio de discurso de la realidad con el del filme, es decir, el hecho de utilizar a LemmyCaution (un personaje de comics y películas francesas) y hacer que su misión fuera detener a von Braun (quien hace alusión a un ingeniero aeroespacial alemán que trabajó para el Tercer Reich).

Esta gran obra de Godard, parece tener múltiples y muy diversas lecturas. Sin duda dejé de lado muchísimas cosas y me centré en un solo aspecto de la película. Espero que aun así esto te despierte inquietud y te llamé la atención para guiarte a través de la complejidad que es Alphaville, y si te atreves puedes inclusive darle tu propia lectura.

Akira (Katsuhiro Otomo, 1988)

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Akira (KatsuhiroOtomo, 1988)

Tokio, 2019. Hace 31 años estalló la Tercera Guerra Mundial y la ciudad quedó destruida completamente por causas desconocidas. A pesar de esto, el país del sol naciente sigue en pie y logra recuperarse. El gobierno de Japón logra erigir una nueva ciudad sobre las ruinas de su antigua capital. Neo Tokio nace para convertirse en líder del progreso tecnológico.

Mas el terrorismo anti-gubernamental y la violencia callejera han ido incrementando con fuerza. Los cultos y las pandillas crecen cada día mientras que el gobierno hace todo lo posible para desbaratarlos. En las calles sigue corriendo la promesa de la llegada de un salvador, esto da esperanza de un futuro mejor del que puede ofrecerles el Estado.

Es en este contexto donde conocemos a nuestros protagonistas. En primer lugar, tenemos a Kaneda, un joven valiente y carismático que es el líder de una banda de motociclistas. Entre los miembros está su mejor amigo Tetsuo, un muchacho ambicioso que siente admiración mezclada con un poco de envidia por Kaneda. Ambos jóvenes han sido amigos desde que estaban juntos en el orfanato, siendo Kaneda el protector de Tetsuo.

Una noche, Kaneda decide enfrentarse a una banda rival, por lo que junta a su pandilla para enfrentarlos. Las cosas parecen ir normales hasta que Tetsuo choca con un niño extraño. El niño en cuestión parece ser un fugitivo de las Fuerzas de Auto-Defensa y éstas van de inmediato tras de él. El peculiar choque parece no haber afectado mucho a Tetsuo aunque los militares se lo llevan y aprehenden a Kaneda.

Entonces se revela que el niño fugitivo es en realidad un sujeto de experimentación con poderes psíquicos. Al poco tiempo de tenerlo en custodia, el coronel Shikishima y el doctor Onishi descubren que Tetsuo también posee habilidades psíquicas, más aún, las habilidades de Tetsuo están despertándose a un ritmo muy rápido y él irá haciéndose más poderoso. Por el otro lado, Kaneda conocerá a Kei, una chica fuerte,  miembro de un grupo rebelde que intenta infiltrarse en los laboratorios de las Fuerzas de Auto-Defensa. Se les unirá y tratará de rescatar a Tetsuo de los experimentos que están haciéndole para que despierte completamente sus poderes.

La trama, entonces, se enfocará en la búsqueda de Kaneda para encontrar a Tetsuo. Quien, sin embargo, pronto empezará a disfrutar mucho de sus poderes. Por otro lado, el coronel va a centrarse en tomar el control del gobierno de la ciudad mientras que debajo de ésta, la población cada vez está más impaciente. La gente quiere ver a su salvador, buscan a Akira para que los libre de “las falsedades de la ciencia” y de este modo se hace claro el objetivo de esta obra.

A través de la película se hace constante referencia a tres conceptos: el progreso, la ciencia y la evolución, todos manejados por los distintos grupos que componen la sociedad distópica de Neo Tokio. Tanto el coronel como el doctor Onishi buscan llegar a la última etapa de la evolución humana y así lograr el avance que tanto necesitan para restaurar Japón. Si bien el coronel no es muy afectuoso con la sociedad en la que vive, él va a hacer lo que se necesite para completar su proyecto en favor de la nación japonesa. En el otro polo, tenemos una sociedad hastiada del gobierno y de la ciencia. Ellos han dejado de creer que el trabajo de las autoridades sea eficaz y es por esto que han empezado a recurrir al misticismo.

Akira se configura como una película enemistada con los valores de la modernidad. Nos muestra una sociedad que se ha mutilado en su búsqueda del progreso y que ahora pide a gritos una salvación. Seleccioné este filme porque nos ofrece una visión alternativa del canon occidental con el cual, sin embargo, comparte muchas similitudes. Hasta este punto podemos ver cómo se asemeja esta narración nipona con las que estaba hablando en la introducción. Ahora bien, el largometraje viene con sus particularidades.

Una de estas es su búsqueda de la autonomía japonesa. Los sucesos de la narrativa enfatizan el concepto de “destrucción”. Esto es un símil con la realidad. Al término de la Segunda Guerra Mundial, Japón perdió dos de sus ciudades y la sociedad quedó políticamente devastada. Empero, tras estabilizarse las cosas, el país logró un rápido crecimiento económico y una industrialización acelerada (la película hace un símil entre Tetsuo, quien descubre de un día para otro sus poderes psíquicos y los desarrolla muy rápidamente, y Japón). El desarrollo del país nipón tuvo como consecuencia una mezcolanza entre los valores occidentales y sus ideales antiguos. De tal modo que muchos pedían a gritos –en forma de arte– una “destrucción” de lo ya edificado para revalorar el camino sobre el cual se está marchando.

Antes de concluir, quisiera aclarar que estos filmes fueron seleccionados, no por ser los “mejores” sino por razones bastante personales. A mi parecer si escogiera las mejores distopías, tendría que seleccionar a Metropolis y Blade Runner, pero yo creo que un análisis de estas películas daría mucho de qué hablar. Tanto así que una sola se robaría todo mi espacio y al no poder yo escoger, decidí traer a la luz distopías que reciben poca atención como visiones críticas del presente. Si bien los dos largometrajes son bastante reconocidos (unos más que otros) yo busqué posicionarlos para que tú como lector los reconozcas ahora como elucubraciones distópicas.

De cualquier forma, creo que la lista de películas con estas características es bastante copiosa por lo que yo recomendaría algunas como las siguientes: The Trial (Orson Welles, 1962),Blade Runner (Riddley Scott, 1982), Snowpiercer (BongJoon-ho, 2013), Children of Men (Alfonso Cuarón, 2006)

[1]It’snottheabsurdity of bureaucracyalone, buttheirony of thecharacters’ circular reasoning in reaction to it…” citado en Farandon, Claire. “What Does ‘Kafkaesque’ Mean, Anyway?” Huffington Post 04 de Julio de 2016. Sitio Web.

[2]Borges, Jorge Luis “Nueva refutación del tiempo”, en Otras discusiones, en J.L. Borges, Obras completas, v.II, Buenos Aires, Emecé, p. 149.