El Racismo en la Obra de Tolkien

Por Santiago Rubín de Celis

John Ronald Reuel Tolkien, uno de los escritores más influyentes del siglo pasado considerado “padre” de la “alta fantasía”, ha sido acusado ocasionalmente de ser un racista, o que sus obras presentan temas racistas. Aunque puede resultar fácil desdeñar estas acusaciones y atribuirlas a la hipersensibilidad o a la creciente cultura de corrección política, es importante aclarar estas cuestiones dado el momento histórico que vivimos. Uno donde el nacionalismo y la ultraderecha van a la alza, en parte fomentada por el simplismo dualista de bueno-izquierda/malo-derecha perpetuado por los medios de comunicación.

Para ello, navegar en el contexto de producción y los temas centrales de la obra es esencial, además de mencionar las opiniones personales de Tolkien en relación a estas acusaciones, las primeras de las cuales fueron hechas cuando aún vivía, para poder tener una discusión informada que parta desde el entendimiento y no desde el idealismo o fanatismo.

Comenzemos listando los principales temas en que se centran los argumentos que se usan para acusar de racismo la obra de Tolkien:

1. A los hombres del Este y del Sur se les considera malignos y son parte del enemigo, hay caricaturas racistas describiéndolos en la obra.

2. Los orcos y Uruk-hai (orcos más grandes y feroces) son descritos con piel oscura.

3. Los enanos, están basados en los judíos, sobre todo por el estereotipo de avaricia.

4. Todos los personajes “buenos” son de piel blanca y todos los personajes “malos” son de piel oscura.

El punto número uno se refiere a los Haradrim (Hombres del Sur) y a los hombres del Este, a quienes Sauron esclavizó, corrompió y manipuló para que sirvieran en sus ejércitos. En este tipo de argumentos los hombres del Este son usualmente comparados con culturas de la India y de Medio Oriente (e.g. los elefantes de guerra) y los hombres del Sur -descritos como individuos de piel oscura-, se consideran el equivalente de varios pueblos africanos. Más allá de que sean enemigos, en la historia se suele referenciar este pasaje como una caricatura racista, la cual se intenta comparar con el teatro “blackface” de los Estados Unidos:

 “Out of Far Harad black men like half-trolls with white eyes and red tongues”

El punto número dos refiere sobre cómo los enemigos principales, los crueles y violentos orcos, tienen la piel oscura, y como en una escena los Uruk-hai se refieren a los Rohirrim como “Pieles Blancas”. Pero incluyamos un fragmento de una de las cartas de Tolkien para iluminar aún más su descripción de los orcos:

 “…bajos, anchos, de nariz plana, piel amarillenta, bocas anchas y ojos rasgados; de hecho versiones degradadas y repulsivas de los tipos Mongoloides (para los europeos) menos agraciados.” (Carta 210).

 Para el punto número tres hay también un fragmento relevante de la correspondencia de Tolkien que se debe incluir:

 “Los Enanos, por supuesto son bastante obvios. ¿No diría usted que en cierto sentido le recuerdan a los judíos? Sus palabras son obviamente semíticas, construidas para ser semíticas”, y también dice en otra sección, “a la vez nativos y ajenos en su lugar de nacimiento, en posesión de la lengua del país, pero con un acento que es consecuencia de su propia lengua privada… ” (Carta 176)

El punto número cuatro se basa en la suposición de que todos los hombres de Gondor, Rohan, los hobbits y los elfos, son blancos pero ya hemos mencionado el color de los orcos y los hombres que servían a Sauron.

Sabiendo todo esto, podemos comenzar a hablar de estos puntos y discutirlos. Basta con echar un vistazo rápido a la obra para darse cuenta que el racismo existe dentro, sí, pero es usualmente castigado o mal visto dentro de la misma. Por ejemplo, el conflicto que acaba con la destrucción de Númenor (el equivalente a la Atlántida de la Tierra Media, de donde proviene la raza de los hombres más “nobles”), se da entre la nobleza de sangre pura y los seguidores del Rey “Mestizo” Eldacar.

Los Numenoreanos, caracterizados por ser el epítome de la humanidad (altos, extremadamente longevos, inteligentes y bellos) son destruidos por el racismo de su sociedad y la ambición de sus líderes. Para acentuar un poco este punto, los Rohirrim, pueblo rubio y de ojos azules, eran considerados hombres menores en comparación a los Numenoreanos, descritos de cabello oscuro y ojos grises.

El racismo mutuo entre elfos y enanos también se aborda dentro de la obra, en que se explora la amistad entre los personajes Legolas y Gimli, y se hace énfasis en la manera en que ambos van entendiendo eventualmente la cultura del Otro. En cuanto a la manera en la que se trata a los “Hombres Malignos”, el mismo Tolkien reflexiona a través de sus personajes en torno a qué tan malos son en realidad, y las condiciones que pueden orillar a las personas a seguir ciertos caminos. Un ejemplo lo encontramos en el siguiente pasaje en el Señor de Los Anillos:

“Era la primera vez que Sam veía una batalla de hombres contra hombres y no le gustó nada. Se alegró de no verle la cara al muerto. Se preguntó cómo se llamaría el hombre y de dónde vendría; y si sería realmente malo de corazón, o qué amenazas lo habrían arrastrado a esta larga marcha tan lejos de su tierra, y si no hubiera preferido en verdad quedarse allí en paz.”

Este tipo de ejemplos hacen difícil de creer que el escrito tenga un espíritu o una agenda racista. Todo lo contrario. Las acusaciones de caricatura “blackface” carecen de argumentos convincentes, lo que las hace ver ridículas. Por ejemplo, en la descripción de ojos blancos y lenguas rojas dejan claro que de lo que se está hablando es de un monstruo, de un medio troll. El hecho de inferir connotaciones racistas de una sola línea de la obra que intenta describir a un enemigo monstruoso es absurdo.

En cuanto a la correspondencia de Tolkien describiendo a los orcos como los “tipos Mongoloides menos agraciados”, hay que admitir que la oración se lee inapropiada. Sin embargo, tomando en cuenta el contexto histórico y las expresiones ofensivas que se utilizaban para referirse despectivamente a diversos grupos en la época, se puede apreciar que realmente la oración no tiene una connotación denigratoria. Incluso Tolkien menciona que ese punto de vista es particular a los europeos y que se refiere no propiamente a “tipos mongoloides”, sino a versiones degradadas y repulsivas de los mismos, con respecto a sus personajes y lo que quería transmitir.

Para hablar sobre el punto de los judíos como inspiración de los personajes enanos (admitido por Tolkien mismo), hay que tomar en cuenta sus opiniones personales. En la Carta 29, que aborda sobre el interés que editores alemanes tenían por el orígen racial de Tolkien, el escritor dijo lo siguiente:

“Debo decir que la carta de Rütten y Loening que usted me adjunta es un poco rígida. ¿Tengo que soportar esta impertinencia porque llevo un apellido alemán, o la lunática ley que los rige exige un certificado de posesión de un origen «arisch» por parte de todas las personas de todos los países? Personalmente, me sentiría inclinado a rehusar una Bestätigung (aunque pueda hacerlo en realidad) y demorar la traducción al alemán. De cualquier modo, objetaría fuertemente que semejante declaración apareciera impresa. No considero la (probable) ausencia de toda sangre judía como necesariamente honorable; tengo numerosos amigos judíos y lamentaría dar cualquier fundamento a la idea de que suscribo la doctrina racista, perniciosa y del todo anticientífica.”

En otro caso tenemos la Carta 30, consistente en la respuesta no enviada de Tolkien a sus editores alemanes, de manera más neutral, en la que comenta lo siguiente:

“Gracias por su carta….lamento no tener muy en claro a qué se refieren con arisch. No soy de extracción aria: eso es, indo-iraní; que yo sepa, ninguno de mis antepasados hablaba indostano, persa, gitano, ni ningún otro dialecto afín. Pero si debo entender que quieren averiguar si soy de origen judío, sólo puedo responder que lamento no poder afirmar que no tengo antepasados que pertenezcan a ese dotado pueblo.”

Tolkien expresó ser contrario a la ideología nazi en su totalidad, y considera la mera pregunta sobre su “linaje” como extremadamente ofensiva. En tal contexto sus previas descripciones de los enanos son claramente hechas con admiración del pueblo judío y lo que representan para establecer una imagen de ficción en una historia de fantasía, pero nunca con una intención racista, tal como se entiende el fenómeno hoy día.

Finalmente, el argumento sobre el color de piel de los héroes comparado al de los villanos, en el mimso tenor resulta débil e inconsistente. Uno de los villanos principales de la saga es Saruman El Blanco, un mago quien no solamente es blanco de piel, sino que tiene el blanco como el símbolo de su orden. Los hobbits en el libro son descritos con piel morena, al igual que los enanos y hay menciones de los hombres de Gondor que vivían en las costas, todos morenos.

Sauron mismo tomó la forma de un elfo para poder engañarlos mientras que los villanos más grandes de la Tierra Media, después del mismísimo Dios de la Maldad (Morgoth Bauglir) y sus sirvientes, fueron Feanor y sus hijos, los reyes de los elfos más bellos y poderosos de todos que llevaron por siglos ruina y destrucción a su gente debido a su rencor y su sed de venganza.

Dado todo lo anterior, ¿podemos realmente afirmar que la obra de Tolkien es racista? Opino que no. Estudiando el contexto de producción de su obra, uno se percata de que Tolkien jamás se planteó como objetivo la discrminación. Su obra, por el contrario, posee un carácter apologista de la inclusión y el entendimiento multicultural, que trata el tema de la unión de grupos diversos contra la opresiva homogeneidad del mal. Uno se da cuenta que el tema central de la obra es un conflicto dicotómico del bien contra el mal, pero lo es también de la naturaleza contra la despiadada industrialización.

Quizá juzgar la obra (y la vida) de un hombre que nació en el siglo XIX con los criterios sociales del siglo XXI no es solo injusto, sino mezquino. Cuando se habla de Tolkien y el racismo, se debe recordar que nació y pasó la parte inicial de su vida en Sudáfrica, donde el brutal Apartheid estaba en pleno apogeo, y se deben tomar en cuenta sus opiniones personales al respecto como aquella proferida como despedida de la Universidad de Oxford en 1959:

“Llevo el odio del apartheid en mis huesos, y sobre todo, detesto la segregación o separación de la Lengua y la Literatura. No me importa cuál de ellos crean Blanca.”