Una desolación inesperada: la trilogía cinematográfica de “El Hobbit”

Peter Jackson, Martin Freeman e Ian McKellen en el rodaje de la trilogía de "El Hobbit".

Por José Antonio Galarza Tejada

Cuanto terminé de leer El Hobbit me gustó tanto que no comprendí la decepción que me habían causado las tres películas de Peter Jackson.  Mi primer impulso fue volver a ver la trilogía y evaluar una vez más punto a punto qué era lo que no me gustaba de ella, no comprendía que la misma historia me pudiera emocionar e irritar al conocerla a través de dos formatos distintos. Aunque mucho se ha dicho sobre la poca fidelidad de las películas con respecto al libro, la verdad sea dicha, desde mi punto de vista, el descontento popular de la gente con respecto a esta adaptación llegó al grado de ocultar lo que es evidente: las películas son una adaptación calcada de cada una de las aventuras de Bilbo Bolsón y sus compañeros de viaje, los enanos.

Tanto en las películas como en el libro conocemos a Bilbo Bolsón, un tranquilo habitante de La Comarca en la Tierra Media. Bilbo, excelentemente interpretado por Martin Freeman, es un hobbit desconfiado, temeroso y astuto que se ve involucrado en una aventura inconcebible para los seres de su raza, tranquilos y hogareños por naturaleza. El mago Gandalf el Gris, un viejo y olvidado amigo suyo, lo convence mediante trucos y engaños para que acompañe a trece enanos viajeros a recuperar su antiguo hogar, la Montaña Solitaria, donde entre cavernas, vive Smaug, un mezquino y avaro dragón que les ha expulsado y se ha quedado con su enorme tesoro.

Cada pasaje de este ingenioso libro, los encuentros con trolls, elfos, hombres, malévolas arañas, águilas fantásticas, cambiapieles, trasgos y orcos, los maravillosos paisajes y los incontables peligros, está plasmado en la pantalla grande. Muchos diálogos, incluidos los que involucran a Gandalf, a Gollum ( un extraño ser poseedor de un invaluable secreto), y al Dragón Smaug, son prácticamente tomados con casi completa literalidad de la obra de Tolkien. Además de eso, como lo dije en el caso de Bilbo Bolsón, los personajes fueron interpretados de manera perfecta, por un buen grupo de actores, siendo fieles al estilo y la conducta de cada uno de ellos. ¿Entonces donde radica la desolación? ¿Qué fue lo que me hizo sentir inconforme al ver representado el libro de El Hobbit visualmente?

Las películas tienen dos principales diferencias con el libro. La primera tenía el objetivo de atraer a un público estándar, no seguidor de la obra de Tolkien (a todos los fans se supone ya se los había atraído con la milimétrica adaptación de todos los pasajes del libro). Para cumplir este objetivo Peter Jackson y su grupo de trabajo crearon un triángulo amoroso alrededor de tres personajes: Légolas (viejo conocido de la historia del señor de los anillos, quien no aparece en el libro de El Hobbit), Tauriel, elfa silvana del bosque negro, y Kili, uno de los trece enanos de la compañía quien a consecuencia de este enredo adquiere un protagonismo artificial en las películas.

Esta idea no me parece que en su origen fuera un error. La historia de El Hobbit carecía de una mujer en sus personajes y parecía indicado dar ese toque femenino necesario a la película que haría sentir identificadas a las mujeres que la vieran. Es verdad que su creación originó una línea argumental totalmente inexistente en el libro, sin embargo, dentro de la vida paralela de Legolas, quien se insinúa es pareja de Tauriel, se hubiese podido explicar de forma satisfactoria por la decepción amorosa el exilo y el peregrinaje que tuvo por la Tierra Media al final de la película y que desencadenaría en el encuentro con otro exiliado, Aragorn, heredero de Isildur. Otro punto a favor de este argumento es el característico uso del romance en la obra de Tolkien[1], muchas veces eclipsado por la épica y la fantasía pero que se encuentra presente en sus demás obras, por lo cual no desentonaría en absoluto con el mundo ficticio que se recrea. Sin embargo esta idea interesante es malograda en la película ya que se desarrolla un drama amoroso infumable, entrecortado, y forzado donde ninguno de los personajes logra causar  empatía genuina, por lo que los varios minutos de cinta donde intervienen estos personajes son los puntos más flojos de la adaptación.

La segunda diferencia de las películas en relación al libro, son las tramas extras donde Gandalf interviene con la ayuda de Elrond, Saruman el Blanco y Galadriel, para desenmascarar la identidad del Nigromante, quien resulta ser Sauron, el señor oscuro, que después de la derrota en la batalla de la última alianza, intenta retornar al poder y comenzar la búsqueda del anillo único. Al igual que en el anterior argumento, me parece que la idea en un principio era muy interesante. Utilizando estos apéndices de la historia de la Tierra Media, se complementaría la película para darle un contexto mayor a la trama principal, conectar a modo de precuela con la trilogía del Señor de los Anillos y darle un tono oscuro y por ende una sensación de coherencia a las seis películas.

Si bien los fans agradecen los guiños al mundo imaginario de la Tierra Media, que provocaron estas tramas extras, como lo fue la aparición de Radagast el pardo, o la localización de las tumbas de los nueve Nazgul, para el ritmo de la película, mucho más digerible si hubiese tenido solo la trama principal, fue contraproducente. El estar viajando de una trama a otra sin ninguna conexión aparente (y es que no hay ninguna, en la última película se intenta insinuar que los orcos en la batalla de los cinco ejércitos son mandados por Sauron, pero realmente no es así) termina cansando y confundiendo al público desde mi punto de vista.

Otros errores que sin duda mermaron la calidad de los filmes fueron el abrupto cierre de la segunda película, la Desolación de Smaug, justo cuando este se dispone a atacar la Ciudad del Lago, y por ende el abrupto inicio de la tercera entrega. Justo esta, la Batalla de los Cinco Ejércitos, resultó ser la peor de las tres, ya que no había un argumento sólido en la batalla,  la cual se vio desorganizada, caótica, un sinsentido donde se observó la pretensión de solo dar escenas de acción de relleno para satisfacer al público ávido de los efectos visuales que las batallas hollywoodenses proporcionan, Légolas a lo Mario Bros incluido.

¿Entonces cómo dos buenas ideas terminaron siendo mal ejecutadas? ¿Cómo una trilogía de  películas con una gran inversión, con un gran respaldo en su historia, con un director probado, con un ejercicio anterior realizado de forma excelente, y una plantilla estelar de actores se quedó en una promesa fallida?  La respuesta está en el guion y en la pésima planeación.

Para los que no lo saben Peter Jackson tenía pensado ser solamente el productor de la película, y Guillermo del Toro sería el director. Sin embargo este, de último minuto y debido a los problemas de dinero por los que atravesaba la compañía de producción MGM, decidió bajarse el barco, y en medio del naufragio, y con el tiempo encima, se tuvo que trabajar a marchas forzadas, como lo menciona el propio Peter Jackson en una entrevista en la versión extendida de la batalla de los cinco ejércitos:

 “Cuando Guillermo del Toro dejó la película no tenía mucho tiempo para preparar el rodaje. De hecho, parecía algo imposible de hacer, y por ello terminé haciendo cosas tan arriesgadas como rodar la película con la mayoría de ella todavía en producción. Eso quiere decir que íbamos al set a rodar estas escenas masivas y tan complicadas, tomando decisiones allí y acá. En varios momentos no tenía ni idea de qué diablos estaba haciendo”. 

Como bien lo da a entender Jackson, la película se ve claramente improvisada, sin una estructura, salvo la historia original del libro, que recalco, afortunadamente está bien plasmada en la película. No hubo un sustento firme para poder encadenar a la trama principal las historias paralelas que tentativamente pudieron haber funcionado.

Afortunadamente, en esta desolación queda aún esperanza. Debo decir que al escribir esto y volver a recordar muchos de los pasajes, unas ganas inconmensurables de volver a ver las películas surgen en mí nuevamente. Así somos los fans de la Tierra Media, así somos los fans de Tolkien, queremos saber todo, todo de todo, así sea parchado, forzado, y sin una coherencia amigable. Nos gusta quebrarnos la cabeza descifrando probabilidades, memorizando nombres y fechas, conectando árboles genealógicos y tramas argumentales. Para muestra los inagotables libros de apéndices de la Tierra Media, tan desprolijos como la trilogía de El Hobbit pero con una mágica historia que se sostiene por sí misma.

[1] Son clásicas las historias de romances prohibidos en otros libros de Tolkien , como la de Argorn y Arwen o Beren y Lúthien