Educación Siberiana: de Nikolai Lilin

Por Arturo Sifuentes

Aclamada por escritores de la talla de Roberto Saviano, la controversial novela “Educación Siberiana” de Nikolai Lilin no pasa desapercibida a los lectores, y definitivamente no es para los débiles de estómago.

 “Criminales honestos”. Así se autodenominan los “urcas”, un pueblo ruso de origen siberiano casi extinto, temidos por su brutalidad y su afinidad a la violencia, pero también respetados a pesar de su cuestionable código de honor. Nikolai Lilin, nacido como Nicolaj Veržbickij, revela en la novela autobiográfica Educación Siberiana su infancia y adolescencia en el núcleo de una familia urca profundamente religiosa y afín al código que les caracteriza, el cual valora la libertad física y espiritual por encima de cualquier otro fin material a pesar de estar siempre vinculados a actividades delictivas.

Es precisamente ahí donde reside la peculiaridad de los urcas, en su concepción contradictoria y distorsionada de los valores sociales. Libertad, humildad, lealtad y justicia son los pilares de su ideología. No tienen problema alguno con el asesinato, el robo o la tortura, pero no toleran la violación, el abuso de poder o el maltrato a los niños. La visión religiosa urca se sincretiza en el marco de la Iglesia Ortodoxa Rusa, cuyos lineamientos acatan, y ciertos rituales propios del paganismo eslavo, así como la divinización de las armas y los cuchillos. Parte de la transición para transformarse en un “hombre de armas y de Dios”, es realizar un logro, generalmente criminal, con el cual se obtiene la Pica, una navaja tradicional que concluye el paso hacia la madurez.

Los urcas fueron deportados, increíblemente desde Siberia, por su reputación criminal a Transnistria, un pequeño país, enclave entre Ucrania y Moldavia, que en la década de los ochenta pertenecía a la desaparecida Unión Soviética. Dicho país no está reconocido internacionalmente y es un territorio aún disputado por Rusia y Moldavia tras una sangrienta guerra civil a principios de los años noventa, dejando como resultado la ocupación permanente moldava.

Conocemos la historia a través de Kolima (apodo del autor) en tres principales escenarios: El primero es la infancia, donde el autor se inicia en las jerarquías criminales familiares, donde aprende su sitio en el mundo y el aprendizaje de las mitologías y rituales urcas, como el del “enterramiento” en el que se sepultan las armas “pecaminosas”, aquellas con las que ha muerto un hombre, ya que podrían traer desgracia a las familias poseedoras. Kolima aprende también la historia de su pueblo, así como su posicionamiento político, en contra tanto de los zares como de los comunistas por haber asesinado a la mayoría de ellos por su rechazo al régimen.

El segundo episodio, la adolescencia, es un viaje cuesta abajo hacia lo más aterrador del ser humano, un pasaje profundamente perturbador. A Kolima se le conocía en los barrios de la ciudad de Bender como un gran “escritor”, aquel que obtiene fama por su diestro uso de las navajas, y “escribe” sobre la carne de sus oponentes. Tras un conflicto menor, es enviado a la prisión juvenil. Para los urcas, llegar a la prisión es algo casi natural debido a su violenta naturaleza, y consiste casi un rito de paso para los adolescentes.

En el internado, Kolima y otros urcas forman un grupo, al igual que sus rivales y competidores de otras etnias y grupos criminales. Las peleas y agresiones son algo de todos los días y los enfrentamientos grupales se desatan a la más mínima provocación. Kolima aprende sobre las consecuencias de la enorme cantidad de violencia y brutalidad tras conocer las oscuras prácticas de las prisiones juveniles rusas. Los internos más débiles son humillados, torturados y abusados sexualmente de manera cotidiana tanto por el personal carcelario como por los mismos internos. Del mismo modo son utilizados para la naciente industria de la pornografía infantil.

El tercer episodio narra la salida de Kolima de la prisión y su reintegración en la sociedad urca. Tras descubrir que fue violada una adolescente urca con discapacidad, Kolima y sus amigos emprenden una búsqueda por toda la ciudad para dar con los responsables, ya que para los urcas los discapacitados son seres divinos y mensajeros de Dios. Esta última búsqueda es también emocional, ya que tras oleadas de violencia Kolima comienza a cuestionarse si es en verdad la venganza y la utilización impune de la violencia su único destino en la vida.

El lenguaje secreto de los urcas, así como de otras mafias rusas, es el tatuaje. Cada uno tiene un profundo significado para quien lo porta y corresponde a episodios biográficos.

Es durante una de sus estancias en prisión, cuando Nikolai Lilin aprende su profesión de tatuador, la cual ejerce actualmente en Italia, donde emigró para huir de la violencia como forma de vida después de participar en la guerra de Chechenia y dedicarse al arte y a la escritura. Actualmente trabaja en su propio estudio de tatuaje, en un laboratorio de diseño y es frecuente colaborador de diarios como L´Espresso de Milán.