Esculpir en el tiempo: La reflexión de Tarkovsky sobre el cine

José M. Delgadillo

El cine nació en el mercado, para el mercado. Desde su origen, el cine fue concebido para hacer dinero. Tal vez y solo tal vez esa marca “pecaminosa” es lo que lo distingue de otras artes. Los medios técnicos con que muchas veces se se realiza lo ligaron a corporaciones y empresarios.

Por esto, mucha de la experiencia fílmica del pasado o del presente ha vivido al acoso de estas reglas, que convirtieron al cine en un objeto obligado a la rentabilidad económica y/o ideológica, por tanto, necesariamente accesible al “gran público”. Este acceso tuvo que garantizarse, en cierta medida, reproduciendo en la estructura cinematográfica modelos narrativos probados, provenientes en algunos casos del siglo XIX, que hicieron posible su alcance masivo (Arroyo, 112:1992), llegando a su máximo nivel en la actualidad, en la cual nos enfrentamos a franquicias que en su mayoría aportan muy poco, incluso a sus propias historias.  Una manera de hacer cine que solo es una repetición de sí misma y cuya contribución al cine es escasa o nula, un círculo vicioso que funciona magníficamente en su rentabilidad.

Tal es así que el teórico Theodor Adorno da una definición del tema donde menciona que el arte se convierte también en instrumento del poder. En el capítulo La industria cultural. Ilustración como engaño de masas, en la Dialéctica de la Ilustración, se lee que toda cultura de masas bajo el monopolio es idéntica, y su esqueleto ―el armazón conceptual fabricado por aquél― comienza a dibujarse a través de estereotipos y arquetipos.

Esto ha predominado en gran parte del discurso cinematográfico, tradicionalmente autoafirmativo de los valores morales, psicológicos y culturales del poder. Con una gama inmensa pero previsible de matices ideológicos y formales, todo esto respetando siempre  los límites de la linealidad y del relato convencional.

Con respecto a esto, Adorno afirma que “El cine y la radio no necesitan ya darse como arte. La verdad de que no son sino negocios les sirve de ideología que no hace más que legitimar la porquería que producen deliberadamente. La regresión de las masas consiste hoy en la incapacidad de oír con los propios oídos aquello que no ha sido aún oído, de tocar con las propias manos aquello que aún no ha sido tocado’’ (Adorno, 166:2001).

La situación parece ser todo lo contrario a las esperanzas de Walter Benjamin, que confiaba en que la desacralización del arte producto de la reproductibilidad técnica, como lo es el cine,  contribuiría al acceso a la cultura y produciría un arte nuevo (Sosa, 5:2009). En resumen y para no convertir esto en un laberinto sin salida; la industria cultural es para Adorno un mecanismo de dominación, y el arte (cine), esa dócil reproducción técnica que hace que se convierta en mercancía, herramienta de alienación.

Sin embargo, no han sido pocos los teóricos y cineastas que se han ocupado en buscar, en construir, dentro y fuera de los canales predominantes, un lenguaje específico para el cine. Estos intentos, generalmente, han encontrado resistencia a lo largo del ciclo constitutivo del cine.

Tal es el caso del escritor y cineasta ruso Andréi Tarkovsky, que nos entregó Esculpir en el tiempo, Reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del tiempo, uno de los tratados de arte más significativos con respecto a la forma de ver, hacer y entender el cine. Aquí propone que el cine es un arte que refleja la vida y los elementos que la rodean. Durante todo el escrito Tarkovsky quiere llegar a expresar la verdadera esencia del arte cinematográfico y para ello llega a compararlo con la literatura y la poesía, pero dejando claro que estas dos poseen su propio lenguaje, a diferencia del cine que surge únicamente de la observación inmediata de la vida, de unos hechos establecidos en un tiempo ((Tarkovsky, 81-82:2002). Andréi Tarkovski es uno de los máximos representantes del cine ruso en el extranjero y en algunas de sus obras logró elaborar nuevas formas de narrativa cinematográfica, que influyeron en la nueva generación de analistas y cineastas. El director desarrolló varias interesantes teorías, entre las cuales destaca la de “esculpir en el tiempo”, donde afirma que el cineasta debe trabajar un bloque de tiempo como el mármol y dejar al descubierto la imagen cinematográfica.

Por ejemplo, para Tarkovsky observar significa en el cine “seleccionar” ya que en la película solo se presentan los hechos que nos interesan, lo que no quiere decir que se deba separar la imagen de su tiempo natural, según él, si se hiciese daría paso a una contracción en el desarrollo de las posibilidades del cine. Como en todo surgen también una serie de contradicciones entre las cuales, una de las más importantes es que para Tarkovsky,  la imagen solo adquiere cuerpo si representa algo natural de manera visual y acústica, de modo emocional, es decir, conseguir que el espectador sienta lo que está viendo gracias a una representación sin artificios, propia de la vida real. La puesta en escena es vital para lograr esto, y el guión también es un elemento que juega un papel importante en la filmación (Tarkovsky, 30:2002).

Según el cineasta y escritor ruso, el tiempo es imprescindible para el hombre, ya que este le ayuda a constituirse como individuo y da vida al alma humana. Desde el inicio del tiempo los humanos hemos buscado la manera de perdurar en él, dejar huella antes de desaparecer, y con ello surgieron las artes.

Tarkovski se resiste a los reglamentos antes mencionados para concebir el cine, se opone a lo terrenal puesto que, según él, si un director tiene talento y sensibilidad cinematográfica, se demuestra así. Parece en cierto modo que Andréi le quita importancia al montaje y se la da al contenido ya que defiende que las escenas y planos se premontan en el guion.

En Esculpir el tiempo se reflexiona que, con la ayuda del cine se pueden tratar las cuestiones más complejas del presente a un nivel que durante siglos ha sido propio de la literatura, la música o la pintura. Para Tarkovski, el arte es la única solución y forma de vida posible, y esto queda claro en sus ficciones. No hay nada bonito o entrañable en el arte, sublimado como una tabla de salvamento, ajeno al entretenimiento o la diversión, encontrando en lo terrible lo mejor de nosotros mismos. El arte no como parte de la belleza del mundo, sino evocador de una belleza que está más allá de él.

Realizadores como él, que se enfrentan a la industria cultural dominante, muestran un interés particular por el arte y una responsabilidad frente a los espectadores. Tal y como lo dice, se interesa por los efectos específicos del cine (esa identificación de cine y vida), la más absurda película comercial puede ejercer sobre un público ingenuo y burdo el mismo efecto mágico que el verdadero arte ejerce en un espectador exigente. La diferencia fundamental que nos presenta, reside en el hecho de que una película artística despierta en su público emociones y pensamientos, mientras que el cine de masas —con ese efecto suyo especialmente adormecedor e irresistible— apaga todas las demás reflexiones y sentimientos de su público de forma definitiva e irrecuperable. Tarkovsky los menciona como “aquellas personas que ya no sienten ninguna necesidad de nada bello, espiritual, utilizan el cine como una botella de Coca Cola” (Tarkovsky, 207:2002).

Finalmente, el autor ruso nos entrega en Esculpir en el tiempo, Reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del tiempo, la idea de que la esencia del cine es fijar el tiempo, fijar una experiencia, un sentimiento que nos amplía las experiencias de la vida y las enriquece, sugiriéndonos que éste profundiza las experiencias mucho más que cualquier otro arte. Es un trabajo indispensable para conocer otras formas de ver, hacer y consumir cine.

-Arroyo García Sergio Raúl, Andrei Tarkovsky: devolver a la naturaleza sus enigmas, Publicado en Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, núm. 15, UAM-Xochimilco, México, abril de 1992.
-Horkheimer-Adorno, Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid, 4ta. Edición, 2001, pp. 166 y 89, tr. De Juan José Sánchez.
-Sosa Freddy, Autonomía y Sociedad en la Estética de Theodor Adorno. Consultado en http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/adornososa.pdf
-Tarkovsky Andrei, Esculpir en el tiempo. Reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del tiempo, Ediciones Rialp, Madrid, 2002.