Lo que la guerra no se llevó: Futurismo y propaganda soviéticos

Por Armando de Jesús Martínez García

Los conflictos armados dejan tras de sí deuda, devastación, quizá algún tipo de aprendizaje y siempre, siempre, bandos perdedores. Aunque es posible ponderar los hechos y sacar situaciones que nos inviten a la reflexión, un pretexto perfecto para hablar de ellos.

Es un hecho que ningún homenaje que evoque los delitos de la guerra es completamente justificado. Ignoremos eso, como ya nos han acostumbrado a hacer en nuestra posmoderna y deconstruida —pero amada y censurada— sociedad. Lo que quiero contar es algo más sencillo y demostrativo: la impresionante arquitectura conmemorativa de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas y Soviéticas (URSS) desde 1917 hasta antes de 1991. La segregación que los dos bloques socio-económicos provocaron—Soviético contra Yanqui— causó una fractura en el tejido social e ideológico a nivel mundial, tanto que permitió observar cómo se desarrollaba la guerra a través de la cultura, cosa que provocó varios intentos de imitar el modo en que se hacía arte ruso en otras latitudes y paralelos.

Debemos destacar a los talentosos artistas y escultores que con la propaganda, publicidad y afiches soviéticos imprimieron su influencia hasta en la arquitectura conmemorativa: como las esculturas futuristas del régimen que conmemoran revoluciones, batallas y enfrentamientos de distintas épocas que se ordenaron construir durante los 70 para enaltecer los valores patrióticos de la URSS. El efecto futurista de las obras provoca solemnidad incluso hoy en día, aunque a pesar de sus extravagantes formas cada uno de estos edificios fue dejado en el abandono total después del colapso económico del bloque socialista, por lo que actualmente se encuentran en muy malas condiciones de conservación.

Futurismo I
Ruinas de la increíble arquitectura soviética

Por contradictorio que suene, es innegable el reflejo de estas pautas artísticas en obras del bloque capitalista. Un ejemplo son las portadas de los álbumes de la banda de heavy metal Judas Priest, Screaming for Vengeance (1982), Defenders of the Faith (1984) y Turbo (1986), del ilustrador Doug Johnson. Incluso podemos encontrar la influencia soviética en las obras de Diego Rivera (1886-1957), y en el sublime art noir de Batman (la serie animada de 1992), donde notamos una curiosa semejanza con la propaganda soviética y con el diseño gráfico ruso en general.

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Portadas de Judas Priest ilustradas por Doug Johnson

Abordaremos la influencia que impusieron estos íconos —elementos determinantes de la ideología soviética—, que, en su concepción de lo innovador, inspiraron obras dinámicas y futuristas entre literatos, pintores y escultores.

A este movimiento se le conoció como “la vanguardia rusa”, adoptada y desarrollada desde el Kremlin de Moscú, cuando las tendencias de ilustración o producción artística eran el futurismo italiano y el cubo-futurismo. El hermetismo que caracterizó a la Unión Soviética se notaba en sus serias políticas públicas y en su implacable agencia secreta de inteligencia, la KGB.

Futurismo III

Como dato curioso, les cuento que ocurrió el caso de que en un momento específico la URSS requirió del talento artístico de un mexicano, y aún más impresionante, de un potosino: Julián carrillo y su sistema de notación musical microtonal creado en 1916 fueron tan populares que no solo la Unión Soviética lo buscaba, sino también Alemania, Francia y Perú.

Otro ejemplo de influencias soviéticas en nuestro país es el Ilustrador mexicano Rius, quien fue fuertemente influenciado por la madre Rusia desde su primer libro Cuba para principiantes (1970), pues en sus siguientes trabajos comulgaba por el bien de los camaradas obreros en sus incisivos cartones dedicados a denunciar al gobierno mexicano. Rius sufrió de censura en sus cartones, así como en su revista Los Agachados. Tras los eventos del 68 fue perseguido militarmente y también amenazado de muerte, tal como cuenta en sus caricaturas y miniaturas.

En cómics como Superman Red Son por Mark Millar (2003), —de él también es Kick Ass y Civil War— se puede notar la influencia estilística soviética en los trazos de cada viñeta. Argumentalmente el cómic es bueno, extrae el núcleo de cada personaje, contando a Batman y a Wonder Woman, para transportarlo geográficamente de EUA a la URSS. Ubicado temporalmente en la década de los 70, en una inversión curiosa e interesante, el arma secreta de los rusos es Superman, un alienígena que peleara por Stalin, el socialismo y el ejército soviético.

Futurismo V
Superman Red Son

En Asassins Creed: The Fall (2010), cómic basado en el universo de la saga Assassins Creed de la compañía francesa Ubisoft, Nikolai Orelov nos interna en la sociedad de los asesinos ubicada en Moscú durante finales del año 1918, durante el evento de la Revolución de Octubre.

Pasando a los videojuegos, la historia de Nikolai es contada en AC: Chronicles of Russia (2016), donde las mecánicas del juego nos recrean con su diseño de niveles una muy creíble Unión Soviética con el recién adquirido poder de Stalin. En Metro 2033 (2010) y Metro: Last Nigth (2014), videojuegos basados en las novelas homónimas desarrolladas en una Moscú postapocalíptica, se nos muestra una humanidad que se protege en las viejas líneas del metro, pues la superficie de la capital sufre por radiación generada tras una guerra atómica. Otros juegos que nos llevan a recorrer Rusia son Command & Conquer: Red Alert 3 (2008), juego distópico de RPG en tiempo real, Street Fighter II (1987) con el brutal Zangief y Call of Duty, en su saga de Modern Warfare. En Call of Duty: Modern Warfare 3 (2011), el gobierno ruso lleva la batalla final a Washington D.C., dejándonos con una pizca de decepción, parecida a la sensación de escuchar “Amerika” del grupo alemán Rammstein, haciendo culto a las armas y a los momentos chocantes.

Metro 2035

La Guerra Fría, este monstruosamente tenso momento de la historia— recordemos el teléfono rojo en el escritorio de los presidentes de EUA y la URSS—, incluso se refleja en una obra tan conocida y alabada como 2001: A Space Odyssey de Stanley Kubrick.

Lo que en ese momento dividía las naciones era una serie de políticas exteriores, modos de producción y sistemas económicos radicalmente diferentes. Dos sistemas que se arrojaban en competencias tecnológicas y en carreras militares para imponer su hegemonía. La carrera espacial, la que empezaron ganando los soviéticos en 1954 cuando pusieron en órbita a Laika, la perrita que fue el primer ser vivo en orbitar el planeta, y que culminaría con  la misión Apolo 11 conquistando la Luna en 1969, fue producto de este conflicto; también la creación de plantas nucleares, las incursiones en armamentos transatlánticos nucleares y la brutal fabricación de fusiles, munición moderna como la AK-47, el desarrollo aéreo con los motores de propulsión a chorro y los submarinos atómicos.

Futurismo VII
Propaganda espacial soviética

Todo esto fue promocionado por la propaganda del gobierno de la URSS, propaganda que como en el caso de Alemania nazi, y también de los Estados Unidos, fue el arma más poderosa del bloque Socialista. Para inspirar a su pueblo se llenaban las calles de carteles tan genuinamente diseñados que son considerados una obra de arte en sí mismos, pues conducían el mensaje de manera contundente: si se deseaba enaltecer al obrero, al ejército o a las mujeres como un elemento de la revolución, se realizaba un afiche con una alineación de trabajadores sosteniendo hoces bajo un sol radiante con la forma Lenin, Stalin o la bandera de la URSS.  De allí la importancia de este estilo artístico, que de alguna manera sigue vivo, aunque de manera distinta en países como Corea del norte y China. El latente botón rojo aún llama a los patriotas socialistas (o a la gente harta) para acabar con el moribundo sistema capitalista, citaré una vez más a Lex Luthor quien en Red Son nos recuerda que solo la fuerza de un enemigo común une los ideales de la humanidad.

No me despido sin antes recomendarles ver: Adiós Lenin (2003), un excelente film que sirve como un gran pretexto para recordar a Rusia. A fin de cuentas, estos monumentos terminan siendo como un sueño, la mejor historia que pudieras recordar, pero que solo recuerdas tú.

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