Un remanso de sombras: la literatura de Amparo Dávila

Amparo Dávila

Por José Antonio Galarza Tejada

Si revisamos la historia de la literatura mexicana tiene una tendencia lamentable a un realismo recalcitrante pero hay por supuesto remansos hay antídotos para esta necedad del realismo, como la literatura de Amparo Dávila
-Bernardo Esquinca

Amparo Dávila es una escritora mexicana nacida en Pinos Zacatecas en 1928. Además de escribir poesía (Salmos bajo la luna, Perfil de soledades, Meditaciones a la orilla del sueño, El cuerpo y la noche 1967-2007) es considerada maestra del cuento corto, donde desarrolló toda su creatividad en el género fantástico, muchas veces menospreciado por la literatura hegemónica realista. Sus influencias pueden ser rastreadas hasta Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga, Francisco Tario, Juan José Arreola y Julio Cortázar, con quien mantenía una gran amistad que alimentaba con una continua comunicación epistolar sobre literatura. En total escribió cuatro antologías de relatos: Tiempo destrozado, Música concreta, Arboles petrificados, y Con los ojos abiertos. Una edición del Fondo de Cultura Económica llamada Cuentos reunidos publicada en el 2009 recopila toda su obra.

La narrativa de Amparo Dávila destila ansiedad. La locura, la muerte, los asesinatos, los traumas de la niñez, la depresión, los rompimientos amorosos, la inquietud por lo desconocido son temas recurrentes. En muchos de sus cuentos se desconoce lo que realmente viven los protagonistas, hay confesiones a medias, reflexiones interrumpidas, dobles conciencias, no se sabe si los personajes tienen varias voces o son  posibilidades de nuestra personalidad. El lector participa activamente en la creación de las historias, donde tenemos que rellenar recovecos obscuros, limpiar las telarañas de los rincones y comenzar a interpretar.

Un ejemplo de esto es el relato Final de una lucha, donde se cuenta en tercera persona la historia de un hombre que se encuentra a sí mismo en otro cuerpo idéntico acompañado de Lilia, la mujer que amó ciegamente y quien jamás le correspondió. En el relato, el protagonista vive en una incertidumbre terrible por su personalidad, y persigue por las calles de la ciudad a su otro yo, para saber si tiene un gemelo desconocido, o  para descubrir si es un ser con dos cuerpos idénticos, o dos cuerpos idénticos con dos seres distintos. En el trayecto va recordando las humillaciones y desplantes que Lilia alguna vez le propinó en el pasado.  Finalmente descubre a su otro cuerpo golpeando hasta la muerte a Lilia dentro de una casa, y entra en ella para ayudarla. Al finalizar solo un hombre sale en pie por la puerta principal dejando la incertidumbre de la existencia del segundo cuerpo, o la muerte de este a manos del hombre real.

“Gritaba desesperada, como si la estuvieran golpeando, y la golpeaba él mismo, cruel y salvajemente, pero él nunca tuvo valor para hacerlo aun cuando muchas veces lo deseó (…) empezó entonces a golpear la puerta, no podía dejarla morir en sus propias manos (…) sintió su sangre tibia, pegajosa, sus cabellos se le enredaron varias veces en las manos”[1]

El desasosiego de no saber qué está pasando es la raíz del miedo en su obra, el nudo dramático donde se sustenta su estilo, desesperado, impaciente, intenso. Sus historias cambian de narradores, los personajes cambian de personalidades. Se desconoce si suceden eventos sobrenaturales, fuera de una explicación real, o si todo radica en la locura del personaje, de la escritora o del lector.  En El huésped o La celda, otros de sus más celebres relatos, no sabemos si el ente escondido entre las sombras, pero permanente en la mente de todos, es un fantasma, un delincuente, un violador, o el reflejo de la mente enferma de los personajes.

Todas sus historias transcurren en ambientes sórdidos, grisáceos, nublados. El frío, la lluvia, son escenarios climáticos constantes que incrementan las sensaciones de soledad y opresión. Da la impresión que todas sus historias se encuentran sumergidas en un único mundo literario, deprimente, lleno de obsesiones. Los personajes de sus cuentos podrían vivir todos en un mismo fraccionamiento.

Amparo Dávila fue en algún momento olvidada por los lectores, quedó sumergida en un tiempo petrificado. Sin embargo, mientras el género fantástico vuelve a tener credibilidad en México de la mano de autores como Alberto Chimal o Bernardo Esquinca, la obra de Dávila ha resurgido y, además de que se ha reconocido su trascendencia para la literatura mexicana, día a día cada vez más personas la conocen.

Para finalizar dejo íntegramente uno de sus relatos más inquietantes, perteneciente a la antología tiempo destrozado.

[1] Final de una lucha, cuentos  reunidos de  Amparo Dávila 2009 Fondo de cultura economica