De actos breves y propuestas vastas: el teatro temprano de Elena Garro

"Elenita saliendo de su taza de café"

Por Ahmed Garibay

“¡Perdone, don Fernando! ¿Quiere usted que traiga las tijeras para podar la risa? Llevamos ya siete podadas, pero retoña…”
-Elena Garro, Andarse por las ramas

 

“Teatro mágico”, “teatro surrealista”, “teatro del absurdo a la mexicana”… con estas denominaciones se ha calificado el teatro de la escritora mexicana Elena Garro. Es bien conocida su vida pública: su matrimonio con el único mexicano Premio Nobel de Literatura, su trashumancia por más de veinte años, su incondicional amor a su hija Helena y su espíritu combatiente e insaciable. De menor manera su gran genio creador: su narrativa, su periodismo y su dramaturgia. Y es precisamente en esta última donde Garro se dio a conocer por primera vez y con ello ingresó al mundo de las letras.

En 1958 es publicado su primer libro Un hogar sólido y otras piezas en un acto por la Universidad Veracruzana. Esta publicación incluía seis obras en un acto: Un hogar sólido, Andarse por las ramas, Los pilares de Doña Blanca, Ventura Allende, El rey mago y El Encanto, tendajón mixto. Cinco años antes Garro regresaba a México tras una larga estancia en el extranjero, y cinco años después se publicaría su novela más conocida, Los recuerdos del porvenir. A sus 40 años, en palabras de Emmanuel Carballo, si [Elena] llega tardíamente al público lector, llega dueña de un oficio, de un lenguaje poético y eficaz, de una sabiduría burlona con los cuales construye sus obras[1]. Sus primeras obras, tanto representadas como publicadas, fueron acogidas con gran entusiasmo. Sus mundos fantásticos y oníricos, sus personajes llenos de símbolos conflictuados por el amor, el tiempo y el recuerdo, su lenguaje colorido y metafórico hicieron del teatro garroísta un parteaguas en la tradición literaria.

La obra dramática de Garro cuenta con dieciséis piezas: doce pertenecen al teatro breve y cuatro al teatro de largo aliento de tres actos. Fueron producidas y publicadas en un periodo de 20 años. De su primera publicación (estas primeras farsas) incurriré en torno a su contenido y su propuesta. Los aspectos más formales de sus primeras seis piezas se encuentran en su origen. Según Kurt Spang la farsa podía ser un simple desfile cómico pero también el amago de una comedia de costumbre[2], con esto se nos ofrece una breve idea del camino que ha querido trazar la autora. En efecto, los seis mundos que se nos (re)presentan son un desfile de costumbres, un sendero lleno de soles y narices, un río que atraviesa calles y avenidas. Garro se sirve de la tradición dramática grecolatina y española, y lo viene a verter en un tazón lleno de ironía y mexicanidad.

En Un hogar sólido, una cripta familiar y sus inquilinos reciben a un pariente que acaba de morir y esperan pacientemente el Juicio Final; en Andarse por las ramas, Titina se convierte en un pájaro después de dibujar una puerta con un gis; en Los pilares de Doña Blanca, un caballero Alazán destruye una torre y sus muros para encontrar una paloma; en Ventura Allende, el propio Ventura es burlado por un cerdo para ser transformado en un borrego; en El rey mago, Felipe Ramos, prisionero, ahuyenta la ayuda de un niño, el Rey Mago Cándido Morales; y en El Encanto, tendajón mixto, Anselmo Duque es hipnotizado por la Mujer del Hermoso Pelo Negro, mientras sus dos amigos tratan de rescatarlo cada 3 de mayo.

Este pequeño esbozo nos da una muestra del encantamiento y del sarcasmo que permean su obra. Leerla es una invitación a otra realidad, donde los personajes se rigen bajo sus propias reglas y razones, donde un lunes es una sopa de poros, donde los corazones son zapatos viejos o panes de muerto, donde una copa de vino se puede tomar durante todo un año o donde una niñita juega con el fémur de su yerno. También Garro busca la representación y el juego. Sus obras nos hospedan en lugares llenos de luz y color, hay canciones y chiflidos, movimientos y formas.

Su teatro ha sido comparado al de dramaturgos estadounidenses y europeos como Samuel Becket, Albert Camus, Eugène Ionesco, Jean Genet, entre otros. Todos ellos con tintes existencialistas, expresados en términos absurdos. Pero a diferencia de ellos, en boca de Patricia Rosas Lopátegui [Elena] recrea dichos principios a través del manejo de la imaginación, la magia y del lenguaje poético fundados en el folklore del pueblo mexicano…[3].

Elena Garro es la fiel imagen de una escritora con causa. Por medio de su obra buscaba plasmar una realidad, con ayuda de su simbolismo proponía una corriente estética innovadora, con su lenguaje fresco alumbrará los rincones oscuros de una rutina mecanizada. El fruto de su inspiración es una calzada amplia y vasta que todos podemos visitar. Ya lo decía Lidia en Un hogar sólido: Abría libros, para abrir avenidas…[4]

[1] Rosas Lopátegui, Patricia. Yo quiero que haya mundo… Elena Garro 50 años de dramaturgia. México: Porrua. 2008.

[2] Kurt, Spang. Géneros literarios. Madrid: Síntesis. 2014

[3] Rosas Lopátegui, Patricia. Yo quiero que haya mundo… Elena Garro 50 años de dramaturgia. México: Porrua. 2008

[4] Garro, Elena. Teatro completo. México: CFE. 2016