Cristina Peri Rossi: una vida de deseo y exilio

"Cristina fumando" de http://www.cristinaperirossi.es/

Por Sabrina Bonanomi Fernández

Cristina Peri Rossi fue una mujer de mundo, no por elección, tampoco por convicción, más bien porque sus ideales la obligaron a serlo. Huyó a los 32 años a la ciudad de Barcelona en 1972, escapando de la dictadura militar uruguaya. La dictadura permanecería hasta el año de 1985, sin embargo, Cristina se vio emocionalmente incapacitada para regresar a Montevideo, su ciudad natal. Después de tantos años de exilio, España se había convertido en su segunda patria; sería desgarrador ser exiliada dos veces. Para ella, el exiliado tiene dos cabezas, dos patrias y dos memorias; indudablemente así se contempla ella misma.

En su novela La Nave de los Locos (1984) —la cual comparte nombre con la pintura gótica de el Bosco, que se calcula fue pintada entre 1503 y 1504— Peri Rossi escribió sobre todo tipo de exiliados. La Nave de los Locos trata temas como la soledad y el abandono de aquel que fue desterrado de su tierra, pero conforme avanza la trama aquella separación se transforma en la libertad que crea el éxodo y en la esperanza de un nuevo comienzo. En sus novelas y poemas aparece como una mujer triste, suicida –aunque ella misma ha dicho recientemente que el suicidio a su edad sería más bien eutanasia–, incluso melancólica y ajena siempre a todo. Da la impresión de que Cristina se siente como una extraña en donde quiera que esté, ya sea en un bar gay, en Alemania —ciudad que visita recurrentemente—, o en su país natal.

La autora trabajó, años antes de ser exiliada, como profesora de literatura comparada en la ciudad de Montevideo. Cristina transmite, en poemas que se refieren a aquella época de su vida, que fue feliz viviendo una vida sencilla. No necesitó de lujos en su juventud, se conformaba con el eventual cigarrillo y un lugar para hacer el amor. Posteriormente lo confirmó en la entrevista para The Barcelona Review: fue feliz sin dinero, pero siendo ella misma. Las cosas cambiaron con el exilio.

En su poema “Mi casa es la escritura” del libro Estrategias del deseo (2004), Cristina admite la verdad que siempre la ha acompañado, su hogar no yace en ningún lugar físico. La tristeza siempre ha estado presente y ella nunca está del todo cómoda; esto es bueno, ha dicho la autora: se escribe mejor cuando se está incómoda, insatisfecha. Ese sentimiento de ser siempre una extraña es lo que la impulsa a seguir escribiendo sobre los desamparados, sobre sus emociones y sobre sus experiencias de vida.

De niña, Cristina cultivó su interés por la lectura en la biblioteca de su tío. En el Homenaje a Cristina Peri Rossi, llevado a cabo en el Colegio de Periodistas de Cataluña, en 2011, narró, con mucho humor, que un día, después de confesarle a su tío su deseo de convertirse en escritora, éste le preguntó cuántos libros escritos por mujeres había en su biblioteca. Cristina, que había leído casi todos los ejemplares de esta colección, le contestó que sólo tres, –una antología poética de Alfonsina Storni, otra de Sylvia Plath y una novela– a lo que su tío contestó: “Aprende; las mujeres no escriben, y cuando escriben se suicidan”.

Después, en el 2014, contó a la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (ACEC) que de niña vio en un escaparate La balada del café triste, de Carson McCullers, escrita en 1951. Una novela que habla sobre las pasiones extrañas y que nos muestra que, en el amor no importa el género, ni la belleza, ni el estrato social al que se pertenezca. Peri Rossi narró que tuvo que gastar todo el dinero que le habían dado sus padres para poder comprar el libro, “valió la pena” dijo en la entrevista.

También de pequeña se topó con El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, libro que tuvo un gran impacto en sus temas de interés para imaginar y escribir. Peri Rossi admitiría años después en una entrevista de M. Cinta Montagut para el Barcelona Review que se comienza a ser escritora desde que se concibe la idea de escribir, ya que es entonces cuando se comienza a crear.

Una vez exiliada en Barcelona, Cristina conoció a Julio Cortázar, con quien formó una estrecha relación amistosa. Ésta fue quizá la temporada más prolífica de la autora, que además de haber ganado varios premios como el Ciudad de Palma, de poesía, en 1975 y el premio Gabriel de Miró, de relato en 1979, escribió muchas obras, algunas de las cuales no se publicarían hasta después.

Cortázar murió el 12 de febrero de 1984. En su libro Julio Cortázar y Cris (2014), Peri Rossi escribió lo siguiente:

“No fui al entierro de Julio Cortázar. No estoy en la foto. En las numerosas fotos que se hicieron después de su muerte, una lluviosa mañana de febrero de 1984. (Cuántas veces, Julio, habíamos recordado juntos aquellos versos de César Vallejo: «Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo»). No quise compartir la dudosa complicidad de los precariamente vivos, de los supervivientes. Aborrezco la muerte y los ritos funerarios. Había otra razón profunda: me negaba a aceptar que Julio fuera mortal, y prefería recordarlo vivo, eternamente joven.”

Se puede detectar en su literatura la pasión por el erotismo –sobre todo el erotismo lésbico–, cosa que ilustra mejor que cualquier autor o autora de América Latina. Muchos han llegado incluso a clasificar su obra como pornográfica. Al parecer, Cristina se ve a sí misma –y a muchos de sus personajes literarios– sin identidad de género fija u orientación sexual establecida. Ella es simplemente un ser humano extraño, simplemente es ella misma. En ninguna entrevista ha hablado sobre sus relaciones lésbicas y pareciera que se considera muy flexible en este aspecto, eso sí, nunca ha negado que ella es un ser profundamente sexual.

En el prólogo de El pulso del mundo, Artículos periodísticos: 1978-2002 (2005) se lee, por la escritora mexicana Elena Poniatowska: “Cada vez que leo a Cristina Peri Rossi tengo ganas de hacer el amor”. En 2014, después de recuperarse de una grave enfermedad pulmonar, Cristina publicó La noche y su artificio, un poemario que nos recuerda a Estrategias del deseo (2004) y a Fantasías eróticas (1991), donde ya habla sobre la sexualidad, principalmente de la femenina, como nadie más lo había hecho. Para Peri Rossi toda la poesía es erótica, no por su temática, sino por la sensualidad que irradia.

Como feminista posmoderna, no puedo evitar identificarme con Cristina al leer sus textos. Su pasión y su facilidad con las palabras me envuelve y me cautiva. Entiendo su dolor, conozco sus pasiones. Su poesía, marcada por la rebeldía y la innovación literaria nos enseña una gran lección: no hay que temerle a lo desconocido, ya que todos somos o seremos exiliados, debemos tomar esos elementos para crecer como artistas y como personas, debemos involucrarnos políticamente.

Peri Rossi ha sido una autora pionera de la literatura hispanoamericana y es vinculada con el boom latinoamericano. Nos recuerda que se puede encontrar paz en la subversión, en la rebeldía, en el exilio y en la extrañeza, nuestra experiencia e identidad pueden llevarnos lejos si seguimos nuestras convicciones. Finalmente creo que ésta es la lección más grande que nos ha dado Cristina Peri Rossi, a sus 75 años.