Sombra roja: Diecisiete poetas mexicanas (1964-1985)

Sombra roja: Diecisiete poetas mexicanas (1964-1985). Selección y epílogo de Rodrigo Castillo, Vaso Roto Ediciones, México, 2016.

Reseña de Miguél Ángel Díaz

Todo acto poético es en cierta forma un acto político. Aunque la poesía no sea necesariamente política, el quehacer artístico está siempre enmarcado en una realidad contextual con sus implicaciones sociales y culturales de las que es imposible abstraerse. El uso del lenguaje para crear una expresión poética es jugar con los significados dados por los otros a las palabras. Más que un juego de pragmática, este fenómeno es una trampa de la lógica, una red de contenidos que impiden al lenguaje desbordarse al sinsentido. El poema no escapa (casi nunca) de los discursos como actos materiales donde los grupos de poder ejercen control sobre lo que se enuncia. La consciencia del lenguaje y sus discursos confiere a quien escribe, la capacidad de cuestionar al lenguaje mismo, ese repositorio de todas las costumbres, creencias, prejuicios e ideales.

La antología Sombra roja. Diecisiete poetas mexicanas (1964-1985), es una muestra del trabajo de varias escritoras mexicanas que se cuestionan el uso del lenguaje para crear poesía, donde se puede observar constantemente un desafío a los discursos centralizados y normativizados por la cultura dominante, al igual que buscan nuevas formas de expresión poética, sin dejar de lado sus temas particulares. Ricardo Castillo, que hace la selección y el epílogo del libro, reúne dos generaciones de poetas que se aproximan a la escritura desde distintas perspectivas, ya sea desde lo lírico o desde lo que llama “transversal o multimedia”, ve en los espacios de los poemas un movimiento que va de lo privado a lo público en una estética cada vez más inestable a partir de los años ochenta. Esta inestabilidad —fragmentación del discurso, desplazamientos semánticos y otros recursos de divergencia y resistencia— no es solamente una virtud de las nuevas estéticas, es una necesidad frente a los retos y circunstancias sociales, en especial la urgente reivindicación de las mujeres y sus derechos, frente a las expresiones retrogradas y monolíticas del lenguaje falogocéntrico.

Sombra roja está ordenado cronológicamente, y en lugar de hacer una selección de toda la obra de las autoras, se han escogido fragmentos consecutivos de obras específicas, permitiendo al lector hacerse una idea de algunos proyectos de ellas. El análisis que se hace del trabajo de estas diecisiete poetas mexicanas en este artículo, se hace mayoritariamente de los textos mostrados en la antología, pero también se toma en cuenta la obra en general de algunas poetas que necesitan más contexto para entender los poemas del libro.

La antología comienza con una selección de poemas del libro Los textos del yo, de Cristina Rivera Garza (Tamaulipas, 1964) donde identidades femeninas forman un nosotras, el uno plural desde la extrañeza y la decadencia posmoderna. La otredad de sí misma es un dialogo sobre el vacío, el interlocutor es un eco que delinea interrogantes. Cercana a lo cinematográfico aborda temas como la identidad, el dolor, las drogas, el lenguaje y el cuerpo. Por ejemplo, en el poema “XII las feministas”, con un sentido del humor irónico contradice las ideas que se tienen de éste, a la vez que hace una crítica al antifeministo en un tono coloquial. El lenguaje de los poemas de Rivera Garza juega consigo mismo e invita al diálogo y al juego al lector. En Natalia Toledo (Oaxaca, 1967) hay un registro lírico emocionante y emocional. Busca en lo íntimo de la memoria la materia de su “canto”. Canto en el sentido de melodía, de sonidos que se tejen en su idioma original —lamentablemente la traducción al español no deja casi rastro de la musicalidad del zapoteco— y crea versos con palabras poco usadas en la poesía en castellano, tales como: bejuco, babel, mangos verdes, pretiles, jicalpextles, chintul, anonas, nanche, jicaco o albahaca. En su honesta lírica hay reconocimiento de sí misma, autoafirmación de su condición humana por ser poeta, zapoteca y mujer. Otra autora nacida en 1967 es Carla Feasler (Ciudad de México), en los cuatro poemas recogidos de su libro Anábasis Maqueta (Diamantina, 2014) realiza una elegante crítica a los estereotipos de la belleza, las estéticas impuestas por el capitalismo y la artificialidad de las ideologías que imponen su peso sobre los cuerpos remodelados por la tecnología y el utilitarismo. También encontramos varios poemas y piezas visuales del libro Catábasis exvoto (Bonobos, 2010) que conjugando imagen y texto exploran las posibilidades de varios niveles de representación e interpretación. Aún de la década de los sesenta es Mercedes Luna Fuentes (Coahuila, 1969), que con un registro lírico va haciendo un recorrido de la extrañeza del cuerpo: espalda, brazos, pies y voz, conforman un ser en desaparición, en desprendimiento de sí misma desde el ámbito de lo privado, desde la materialidad corpórea de las palabras, cercano al absurdo.

Ya entrada la década de los setenta, encontramos a varias poetas que buscan una nueva representación del mundo a través de la performatividad de sus textos. La primera de esa generación es Mónica Nepote (Jalisco, 1970), que detenidamente hace en sus poemas observaciones descriptivas de lo externo, les da cierto movimiento lírico como reflejos de sentimientos particulares, una especie de “discurso de vida ajena”, como lo nombra en uno de sus poemas, en forma de lección anatómica o mensaje cifrado que traduce al lenguaje poético. Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972) es otra poeta que busca lo performativo del lenguaje, generalmente desde la posibilidad de un observador que enuncia los actos propios como ajenos, dentro de un drama de lo íntimo o familiar. Los poemas recogidos de sus libros Imperio, Diorama y Nudo Vórtex, podrían calificarse como bodegones de sustantivos que exigen un soporte audiovusial para ordenar esa acumulación casi barroca de significantes que necesitan ser restituidos a sus significados. Amaranta Caballero Prado (Guanajuato, 1973) trata al poema lírico como una taxidermista de palabras (florecillas, pájaros, huesos, piel, ropa) e intenta atrapar los sentidos a través de la conexión con las imágenes que ella misma proporciona en los textos inéditos de la antología. Sus poemas son gorjeos de aves disecadas, notas de piezas visuales que intentan dar el salto a otro orden. Irma Pineda (Oaxaca, 1974) es una poeta y traductora del zapoteco, su poesía es de gran musicalidad en su idioma original, límpida y directa en su traducción al español. Cercana al erotismo crea poemas que enuncian sin reparos sus anhelos y fuerza de resistencia al silencio. Reneé Acosta (Chihuahua, 1976) en los poemas de Dispersión simultánea (Mantis Editores, 2014) busca todavía mediante una lírica metafísica evocar la conjunción de la materia y el sueño en una poesía de lo infinito y lo “bendito” que se desvanece como el éter frente al lector.

Maricela Guerrero (Ciudad de México, 1977), enuncia el poema y sus recursos dentro del poema mismo, habla directamente del amor, del sexo y la maternidad en un juego de referencias al lenguaje, la literatura y la cultura popular, con humor y aliteraciones fonéticas y semánticas acumulativas. En los textos hay una consciencia del lenguaje y sus recursos, enrareciendo cada discurso con el que entran en contacto. Intertextual y performática, Marcela Guerrero entra en dialogo con la obra de otras y otros poetas de su generación, una de ellas es Minerva Reynosa (Nuevo León, 1979), que ha publicado desde el 2003 textos que abordan temas públicos y privados de distintos discursos en fragmentación. Los poemas inéditos que aparecen en Sombra roja son una muestra de cómo aborda el lenguaje, dentro de la enunciación, la aliteración y la  analogía, como una mezcla de anuncios publicitarios, un manual de usuario y un instructivo de yoga. También ha trabajado poesía virtual en Mammut (2015), una app de videojuego para crear textos. Otra poeta que desde el norte geográfico ha escrito textos cada vez más cercanos a la poesía del lenguaje —por llamarlo de una forma— es Sara Uribe, sus poemas que aparecen en esta antología son tomados de Siam (FETA, 2012), donde a partir de apropiaciones y reescrituras de textos médicos y manuales de pugilismo construye voces que hablan de la fraternidad y la pérdida. Esta técnica la llevaría a escribir uno de los textos más significativos de la poesía contemporánea, Antígona González (Surplus, 2014), una obra dramática sobre la pérdida y la búsqueda de las personas desaparecidas en el país por la violencia. Mediante la apropiación y reescritura de varias fuentes clásicas, periodísticas y personales, adquiere una voz plural que enuncia una realidad aterradora con un ritmo connotantemente medido. Otra poeta con un gran oído para el ritmo versal es Paula Abramo (Ciudad de México, 1980), que con un aliento acompasado dibuja coloridas viñetas de mujeres y de sus pequeñas batallas personales, mujeres del sur, humildes y trashumantes. El gusto por los juegos de la lengua y del lenguaje, melódicamente entretejen una red de significantes y discursos, resulta elegante y es una referencia más en el poema, no solo parte de la estructura del mismo.

Los poemas de Claudina Domingo (Ciudad de México, 1982) juegan con la relación de las estructuras semánticas, las interrupciones (mediante corchetes) y los dos puntos: puentes que conectan palabras hacia distintos significantes. Poemas casi narrativos con encabalgamientos lineales mediante espacios como pasadizos a penas abiertos a la interpretación. Nacida el mismo año, pero originaria de Guadalajara, Jalisco, es Xitlalitl Rodríguez Mendoza. Los textos recogidos en Sombra roja forman parte de su libro Jaws [Tiburón] (Mantis Editores / Secretaría de Cultura de Guerrero, 2015), que con una ironía melancólica tiende trampas del significado; a partir de la traducción errónea del título de una película entra en un juego de referencias; sus enunciaciones conforman una voz plural: Yos. Si uno se acerca a los poemas percatamos un interés por la aliteración semántica y fonética en un dialogo del lenguaje en el lenguaje. Una sucesión de imágenes emotivas y críticas: piscinas, mujeres y hombres de camino al trabajo, oficinas, la TV, productos lácteos, café, caguamas y terrorismo marino. El mar de palabras y sus intercambiables significados. Este tipo de derivas del lenguaje entre los intersticios de los discursos los practica también Karen Villeda (Tlaxcala, 1985), que forma agradables palimpsestos sobre temas críticos como las cuestiones de género (literario, gramatical y sexual), con intersecciones al “Poema de las vocales” de Rimbaud, conjugado en un falso discurso pedagógico de un diccionario, en los poemas de su libro Tesauro (FETA, 2013). En Dodo (FETA, 2013) los poemas de la sección “III: Huella del Dodo”, cuestionan las masculinidades, la violencia y el sexo, casi inherentes como practicas del poder, a la par que lleva al lector en una narración a un viaje en búsqueda de una ave extinta, hace una crítica a las violentas reafirmaciones masculina irónicamente homoerótica.

¿Faltan y sobran poetas y poemas? Obviamente, la antología perfecta es una entelequia. El libro es apenas un microcosmos de lo que se hace dentro de la poesía escrita en México, una muestra interesante en su apuesta e inteligente en su selección, consciente de la obra de quienes están reunidas en el libro. Es agradable encontrar algunos registros poéticos desafiantes, que resisten la verticalidad de los discursos dominantes y los desestabilizan. Es cierto lo que se dice sobre las autoras en la contraportada: “no escriben en tono político, es su actitud poética lo que las hace sobresalir”, pero esa actitud poética es también política. Nunca niegan sus circunstancias ni sus derechos, hablan desde los espacios apropiados y ganados por el pensamiento feminista y escriben conscientes de los recursos del lenguaje sin abandonar su particularidad. Constantemente cuestionan lo femenino, el concepto de cuerpo y sexo, traicionan el lenguaje para beneficio del mismo, construyen lenguajes nuevos que entablan el dialogo con el lector.

Todas estas poéticas, tan diversas y personales, aún no terminan su trayectoria, al contrario, la mayoría se encuentra en formación y podríamos observar en sus posteriores obras un desarrollo distinto al que ahora recorren, o que posibiliten al lector entender mejor el sentido de las obras actuales. Esta antología nos muestra un panorama más o menos amplio de lo que se ha escrito en México en las últimas décadas y prepara al lector para aproximarse a la obra de poetas de las últimas generaciones, quienes nacieron en los años 90 y a principios de la pasada década.