El Perú de Claudia Llosa

La teta asustada poster

Por Alejandro Galván

Político, agresivo, agringado, exótico y rompenormas: diversos adjetivos utilizados para hablar del movimiento llamado Nuevo Cine Latinoamericano. Un movimiento que empezó a gestarse desde finales de la década de los 80 en esta parte de la masa continental que convenimos denominar América. A primera vista, darle por mote general el de latinoamericano a la diversa y plural gama de ideas y opiniones que tuvieron los directores y escritores de este momento parece algo forzado. Sin embargo, en muchos de los casos encontramos que se comparten ciertos aspectos —como los mencionados al principio— que les dan identidad de grupo.

Tomemos por ejemplo Nueve Reinas (2000) de Fabian Bielinsky, y Cidade de Deus (2002) de Kátia Lund y Fernando Meirelles. Ambas cintas tienen como asunto las bases ideológicas del crimen en las grandes ciudades sin darles una mirada excesivamente moralizante. O por otro lado tenemos a Y tu mamá también (2001) de Alfonso Cuarón y Los diarios de motocicleta (2004) de Walter Saller, que manifiestan un interés por explorar géneros narrativos como las road movies estadounidenses, a la manera “latinoamericana”. Otra comparación importante es la lucha entre las creencias e intereses de los indígenas y la vida en las ciudades modernas, examinados en La otra conquista (1998) de Salvador Carrasco y en la película que hoy nos acompaña: La teta asustada (2009), de Claudia Llosa.

Y es que a pesar de las similitudes temáticas que encontramos en el cine de esta región, como ya han señalado Andrew Higson e Isabel Maurer Queipo, no es fácil acomodar tantas propuestas tan diversas dentro de la categoría ‘Nuevo Cine Latinoamericano’. Y, de ser así, es más por razones de promoción ante extranjeros o para venderlos bajo el orgulloso sello nacionalista del americanismo.

Por ello el tema que tratamos en este ensayo es uno bastante fijo: el retrato de uno de estos países latinoamericanos en el trabajo de una de sus directoras. Claudia Llosa Bueno nació en Lima, Perú, en el año de 1976. Tuvo la suerte de ser la sobrina de Mario Vargas Llosa y, además, de poder estudiar tanto en el Newton College de Perú como en el Centro Universitario de Artes TAI, en Madrid. Pero como si fuese un pacto con el diablo, su suerte tuvo que convivir con el infortunio de ser disléxica, ser la sobrina del director de Anaconda (1997), y vivir durante un grave periodo de estancamiento del cine en su país natal. Aunado a esto, a finales de los años 80 Perú empezaba a vivir una fuerte crisis económica y social, hecho que vino acompañado por un fuerte descontento de la población contra el gobierno y del levantamiento de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso. Gracias a ello, el entonces desconocido Alberto Fujimori, quién derrotaría a Mario Vargas Llosa en las elecciones de 1990, aprovechó la situación para iniciar un movimiento populista con tintes neoliberales.

Una vez alcanzada la presidencia, Fujimori empezó a implementar sus políticas económicas: en 1992 se abolieron las leyes de cuestiones cinematográficas que promovían incentivos y garantizaban proyecciones para los directores. Leyes establecidas en 1972 que habían garantizado un “grado de continuidad” (Barrow) para las producciones. La situación se agravó en 1995 ya que se exigía que las películas tuvieran financiamiento fuera del estado. Esto dio un severo golpe a los directores y escritores nacionales, lo que resultó que en 1994 y 1995 solo un filme fuera lanzado, mientras que, en 1997, ninguno. Como consecuencia de esto Llosa se trasladó a Madrid para progresar sus estudios de cine y televisión en 1998.

A pesar de la triste situación, Perú abrió el nuevo milenio con un fuerte optimismo. Sarah Barrow nos relata que este país posee un deseo de crear filmes “tan fuerte como nunca a pesar de los desafíos”. Directores como Álvaro Velarde y Josué Méndez empezaron de nuevo a producir. En 2003, fue lanzada una esperanza del cine peruano en la forma de El destino no tiene favoritos (Velarde), que utilizaba las convenciones de la telenovela para hacer parodia de los prejuicios étnicos y raciales, así como de las divisiones de clase en la sociedad peruana. Y, sin embargo, según señala Barrow, las pocas facilidades que permitieran la distribución de la cinta fueron su condena: pesar de la promoción y reconocimiento que tuvo dicho filme, el aspecto económico no vio las mismas luces y fracasó en taquilla.

Llosa terminó sus estudios en el 2001 y se mudó a Barcelona donde se estableció gracias a su trabajo en la industria de la publicidad. Allí empezó a escribir el guion para la que sería su película del 2005, Madeinusa. Para Matthias Hausman, esta fue la manera en que Llosa se aproximó a su país natal desde el extranjero.  Este filme, al igual que el siguiente, La teta asustada, lidian con la relación, a veces dialéctica, entre los indígenas andinos y los peruanos modernos.  No es coincidencia que en ambas películas la protagonista sea Magaly Solier, una joven de origen indígena que, de acuerdo con Hausmann, puede “integrarse fácilmente en la parte moderna de la sociedad”. Dicho interés de Llosa por lo indígena y las relaciones familiares que acompañan a ambos lados de lo que ella ve que constituye la sociedad peruana, ha sido fuertemente reconocido. En 2010, La teta asustada fue nominada a los premios Oscar, mientras que en 2009 ganó el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín. “Dos distinciones nunca antes obtenidas por ningún otro filme peruano” (Hausmann).

Como indica Vitali Cisneros, una de las posibles razones por las que este filme fue tan prominente pudo haber sido el reciente interés del cine por explorar el indigenismo en américa latina. Dos ejemplos más conocidos son El niño pez (2009) de Lucía Puenzo, y —la que mencionaba unas líneas arriba— La otra conquista. Probablemente esta inclinación se haya dado por el interés académico y estatal de rescatar la cultura de los pueblos precolombinos. En el caso del Perú, como encontramos en la cinta, fue la guerra civil de los años 80 la que desplazó a varios grupos quechua, sacándolos de su lugar de origen y llevándolos a las ciudades. Esto sucede con la madre de nuestra protagonista Fausta, muchos de ellos vivían con miedo e inseguridades en la ciudad. Para ellos era un lugar traicionero, vil y violento.

La madre de Fausta quiso proteger a su hija contra este mal panorama y por esa razón se instalaron voluntariamente en los márgenes de la ciudad: en lo más alto de Lima, como una ciudadela para que nadie pudiese llegar a ellos. Al pasar los días la vida de la madre de Fausta se marchitaba y ésta, como un acto de ternura final, le cantó algunos versos quechuas para que siempre encontrara la manera salir a flote. Una vez muerta su madre, Fausta se siente insegura y a la vez vuelta a nacer, no tiene a quién recurrir y utiliza un escudo poco ortodoxo: se coloca un tubérculo dentro de su vagina —una papa para ser exactos—. El padre no cree que esa sea toda la razón por la que Fausta se haya enfermado, él culpa a la enfermedad de ‘la teta asustada’, condición que consiste en que la madre, a través de la leche materna, les pasa sus miedos a sus hijos. Fausta debe hacer recorrido odiseíco  dentro de la ciudad para conseguir dinero con el objetivo de sepultar a su madre en su pueblo natal, este camino confirmará más sus miedos y nos ofrecerá una reflexión indirecta sobre la mezcolanza cultural peruana.

El Perú de Claudia Llosa es uno lleno de conflicto, un Perú mixto que no termina de hacer amalgama, uno que tuvo la posibilidad de tener un presidente novelista y que prefirió un futuro criminal. En este Perú se encuentra La teta asustada, donde, a pesar de los peligros y de la gran cantidad de personas que no tienen ningún interés por la vida del otro, siempre existe un poco de esperanza. Justo como en la realidad y gracias al éxito de directores como Claudia Llosa, el cine peruano se puede llenar nuevamente de optimismo.

Bibliografía

Barrow, Sarah. «Peruvian Cinema and the Struggle for International Recognition Case Study on EI destino no tiene favoritos.» Shaw, Deborah. Contemporary Latin American Cinema. Maryland: Rowman & Littlefield, 2007. 173-178. Libro.

Cisneros, Vitelia. «Guaraní y quechua desde el cine en las propuestas de Lucía Puenzo, “El niño pez”, y Claudia Llosa, “La teta asustada”.» Hispania (2013): 51-61. Revista electrónica.

Hausmann, Matthias. «Claudia Llosa.» Maurer Queipo, Isabel. Socio-Critical Aspects in Latin American Cinema. Ed. Isabel Maurer Queipo. Frankfurt: Peter Lang, 2012. 83-84.

Maurer Queipo, Isabel. «Introduction.» Socio-critical Aspects in Larin American Cinema. Ed. Isabel Maurer Queipo. Frankfurt: Peter-Lang, 2012. 11-12. Libro.

Mudde, Cas y Cristóbal Rovira Kaltwasser. «Populism Around the World.» Mudde, Cas y Cristóbal Rovira Kaltwasser. Populism: A Very Short Introduction. Nueva York: Oxford University Press, 2017. 27-32 44-45. Libro.