La vida en rosa es Abril con monos y en cuadritos: Historieta mexicana para principiantes

Por Armando Martínez

Dedicado a Eduardo Humberto del Río García, “Rius”

El arte gráfico secuenciado de México comienza en San Luis Potosí, en el temprano siglo XIX con Rosa y Federico, y surge a partir de la tradición mexicana de burlarse de todo y todos; del romance, la sátira, la tragedia y la muerte. Rosa y Federico, novela ilustrada contemporánea (1869), creada por José Tomás de Cuéllar fue la primera historieta mexicana, publicada en el semanario La Ilustración Potosina. Durante muchos momentos difíciles de la vida nacional, la historieta ha sido uno de los medios de comunicación más importantes, a veces incluso más que los diarios, pues tenían enormes tirajes que alcanzaban millares a la semana gracias a Fantomas, Kaliman, El chamaco, Pepin, Lagrimas y Risas o Memín Penguín. Tal como esas antañas revistas, la vida en la calle es cotorreo y cotidianidad, sacar puntadas y chistes fusilados de discursos presidenciales y del periódico o reconocer el valor del conocimiento y su funcionalidad a favor del ingenio mexicano, o como la conmemorada Bolaños decía: “… a mí me gusta escribir historias y llevarle un mensaje a la gente.”. Por eso es extraño que en el siglo XXI no reconozcamos nombres de historietistas, guionistas o al menos historietas y cartones nacionales, básicamente después de la revolución solo se leía y aprendía a leer con las viñetas, pues la educación gratuita tardó en llegar y aún más los libros que Vasconcelos quería que instruyeran a los mexicanos.

Rosa y Federico

La tradición del discurso gráfico se remonta a épocas anteriores, desde las cuales los mexicanos ya teníamos ese insano gusto por burlarnos de las cosas importantes, qué mejor ejemplo que la sátira a la muerte más famosa: La Calavera Garbancera (1910), mejor conocida como La Catrina, obra del dibujante José Guadalupe Posada; el grabado más icónico de México, como los tacos en la gastronomía, el sombrero de mariachi y bigote abundante, estereotipos que quizás inspiraron a Bolaños para hacer a muchos de sus personajes masculinos. Esta Gioconda mexicana fue parte de la oleada de cartones y caricaturas políticas (tiras de prensa) que criticaban los injustos modos de vida, de los mexicanos, cosa que hasta la fecha sigue haciéndose con gran maestría y escozor para las autoridades.

Es en el boom de los 20´s cuando la tira cómica se amplía y se vuelve un vehículo de lectura que es aprovechado para hacer llegar el mensaje nacional de la reconstrucción del país, México consume tiras cómicas a diario. Armando Bartra menciona: “En México, si no se leen monitos no se lee nada. Los estilos de dibujo comienzan con una representación estilizada, pasando por las fotohistorietas, y luego por el realismo a contraluz de inspiración americana, con esta influencia americana Bolaños inicia a ilustrar portadas.

La historieta mexicana en voz de sus guionistas e ilustradores es un reflejo del barrio, del cómo lo más cotidiano se vuelve una historia digna de contarse: Sensacionales de Policiacos o traileros, Las Chambeadoras o el Libro Vaquero (1978 a la Actualidad), en tamaño Colibrí. De este último, la editora es Laura Bolaños Cadena, que dictó el modo de escribir que el mismísimo Octavio Paz envidiaba —pues sus ventas eran de hasta medio millón de tiraje de un solo tomo por semana—, e incluso Monsiváis recitaba que él comenzó a leer y a formarse con Los Supersabios y El chamaco, tanto así que tuvo su propia aparición especial en Los Supersabios. Laura Bolaños Cadena también fue autora del Libro Mensual (1943) (donde inició propiamente su carrera como guionista), de hasta 300 paginas, del Libro Quincenal y del Libro Semanal (1951) llegando a venderse casi un millón en alguno de sus tomos, con historias auto conclusivas, todas ellas de la editorial Novedades. El primer semanario Ilustrado en México en 1894 se realizó en formato Colibrí y se llamó Mundo Ilustrado por Rafael Reyes Spíndola.

Quizá la escritora más leída en todo México durante la última mitad del siglo XX fue Laura Bolaños quien comenzó en la mítica revista El Chamaco, a los 17 años, como dibujante de portadas (1942) y con el seudónimo que la volvería famosa: Abril. Laura, aunque se dedicó casi exclusivamente al género rosa de las historietas durante la apertura de género en el ámbito de guionistas mexicanos, dedicadas a las mujeres y al romance, promovió y escribió los cómics de Novelas Policíacas para contraponerse al estigma de que las mujeres solo escriben tramas románticos y pasionales de aventuras, cosa que ella defendió hasta su muerte en 17 de diciembre de 2015: “Las Mujeres en este terreno, entienden mejor la mentalidad de las otras mujeres y entienden mejor lo que les gusta de un hombre”.

Los tres grandes géneros de tiras cómicas que se leían en México eran romance, aventura y humor. Al principio inspirados por los historietistas americanos, los moneros mexicanos rápidamente se apropiaron de un lenguaje grafico que fue bien aprovechado incluso adaptando a súper héroes como El Santo, que también se valió de la narrativa que pusieron de moda los historietistas y comediantes mexicanos; Kaliman de las radionovelas al cómic y luego al cine o El chapulín colorado de la televisión al cómic y los dibujos animados tal como Cantiflas, inclusive Fantomas de la literatura francesa. Otros como El Pantera, Águila Solitaria o Karmatron no han tenido tanta suerte, pero representando ese pícaro mexicanismo, con su máximo exponente Héctor Lechuga. Durante los 70´s la población de México se acercaba a los 30 millones, los tirajes de historietas comics y tiras cómicas en su conjunto eran de hasta 25 millones a la semana, con este panorama se incrementaron los títulos y géneros que se abarcaban para el gusto del público.

Durante los últimos años de su vida, Laura Bolaños fue reconocida por la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde merecidamente reclamó que las nuevas generaciones no gozaron de sus trabajos y los de sus colegas, pues a partir de 1989 se vive en un hiatos de reconocimiento por parte del público, las mujeres dejaron de leer historietas. Eso fue un gran golpe para la industria, pero  además la industria editorial decae a partir de 1978 cuando las empresas buscan un nuevo mercado, la importación de comic y manga, perdiendo en primera instancia a su público principal: la clase popular. Se reducen los títulos a causa de la producción y traducción de las novedades importadas encasillándose en satisfacer a un público reducido: jóvenes y niños.

También en la web hay historias y artistas con talento, después del terremoto del 85, la auto publicación fue más prolífera, al grado de que los autores iban al mercado del Chopo a hacer trueque por sus títulos, volviendo a los barrios que los vieron nacer. Ahora plataformas digitales como redes sociales, chats, blogs y páginas web son el nicho de publicación más rentable, pues las editoriales buscan el talento ya sin el velo del género como siempre se le encasillo a Bolaños, pues se puede publicar de manera anónima o como ella con un seudónimo.

La producción de historias se está recuperando, pero solo en sectores emergentes como el cómic inspirado en el manga (Fanzines y obras de autor). La primera oleada de influencia nipona que fue a principios del siglo pasado trajo la novedad oriental gracias al porfirismo y sus relaciones diplomáticas. Con la segunda oleada, en el continente se ha popularizado entre los jóvenes la escritura de cómics, mangas e historietas, que con sus historias adolescentes, dramáticas y aderezadas de romance inocente y censurado vuelven a hacer que las niñas se acerquen a la lectura de viñetas, tal como Bolaños inspiro a Josefina Díaz Herrera, Carmen Hernández, Alicia Ibañez o Cecilia Trujeque, haciendo del lenguaje y el dibujo de viñetas algo reconocido. Sin embargo los tirajes de las editoriales aún no recuperan al público y los números que tuvieron en su época dorada.

En perspectiva, doy la razón a Luis Gantúz, quien comenta que la historieta mexicana sobrevive, pues los pocos museos que albergan este género como un bien histórico, son deplorables. El Museo del Estanquillo, antigua casa de Monsiváis, es uno de los pocos que vale la pena visitar en la Ciudad de México, mientras que en Japón tiendas especializadas en manga como Nakano Brodaway cuentan con una impresionante afluencia de turistas, quienes visitan esta sucursal para ver su extensa colección en venta, a tal grado que los mangakas (historietistas japoneses) son reconocidos artistas. A pesar del esfuerzo por resignificar el cómic y devolverle su esplendor como en la exhibición de Kaliman durante el otoño del 2016 en el Museo del Ferrocarril en la capital de San Luis Potosí, no ha rendido frutos esta empresa, pues la historieta mexicana sigue concibiéndose como inferior respecto a otros trabajos extranjeros a pesar de su importancia histórica.