Pull My Daisy: Los beats haciendo cine

Por José M. Delgadillo.

 

Pull My Daisy es un filme experimental y la única película realizada directamente por el grupo beat, además de marcar la irrupción del fotógrafo Robert Frank en el cine. Este cortometraje se ha convertido en icono de la filmografía norteamericana independiente, e incluso ha sido declarado de interés cultural por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

Pull My Daisy se estrenó el 11 de noviembre de 1959 en el Cineclub Cinema 16 Nueva York en un programa doble que incluía también la versión revisada de Shadows (Sombras) de John Cassavetes. Durante varios años se creyó que ambos filmes coincidían en rechazar la dictadura del guion abriendo la veda de la improvisación. El cineasta y padre del cine experimental estadounidense Jonas Mekas, en su columna en el Village Voice anunciaba las películas como el amanecer de una nueva era del cine norteamericano y afirmaba que Pull My Daisy apuntaba hacia nuevas direcciones, nuevas escapatorias del congelado paradigma oficial y de la senilidad del arte de mediados del siglo xx.

Este cortometraje de 26 minutos es famoso por una aparente narración improvisada en voz en off del escritor y poeta Jack Kerouac, insertada para suplir la falta de sonido sincrónico. Mezcla elementos de ficción y documental, algo que luego sería una marca del estilo de Robert Frank que podemos observar años más tarde en su documental Cocksucker Blues sobre The Rolling Stones.

Kerouac nos asegura en su narración que estamos viendo una película totalmente comprometida con la mentalidad Beat. “Temprano en la mañana en el universo”, dice para establecer la escena de apertura.  En la primera secuencia una mujer se levanta, abre las ventanas en este desván que está en el Bowery del Lower East Side de Nueva York, es pintora y su esposo es un soldador de trenes de ferrocarril que llegará a casa en un par de horas.

Durante este tiempo aparecen los protagonistas, Allen Ginsberg, Peter Orlovsky y Gregory Corso, los cuales esperan que el soldador vuelva del trabajo mientras conversan con su mujer. Mientras tanto, un obispo y su familia visitan la casa también, entrando en diálogo con los llamados beatniks, mientras corren las bebidas y suena música de jazz. Frank y el pintor Alfred Leslie adaptaron un fragmento de la obra teatral del primero, The Beat Generation, basada a su vez en una visita a la casa de famoso Neal Cassady.

La sociedad recta está representada por el obispo, su desaprobadora madre y hermana primitiva, que se entretienen con la bebida, la poesía y el jazz mientras que Kerouac lanza comentarios de voz en off en los que hace hincapié en la artificialidad y la auto-parodia de la actuación.

Las palabras de Kerouac parecen al principio como un elemento de improvisación que en realidad nunca lo fue. De hecho, Leslie reveló que la película era completamente planeada, ensayada y escrita, pero con la implicación de que la improvisación aparente era debido a una carencia de la capacidad de actuación por parte de Ginsberg y de los otros.

Más tarde, ambos directores admitieron que la película no había sido filmada en el apartamento de Leslie, sino filmada en un set de películas profesionales con un presupuesto de 15.000 dólares que proporcionaron el único elemento de improvisación de la producción. Frank junto con la compañía se esforzaron por iluminar, plasmar el guion en la pantalla y ensayar con gran deliberación, aunque el tipo de intencionalidad significara crear la impresión de una espontaneidad desgarrada y arrojada y como muchas cosas en aquella época, trataría de  renovar lo prometedor en este caso del cine.

Sobre los realizadores, aunque era un expresionista abstracto de la segunda generación en ascenso, Alfred Leslie todavía estaba a un año de ser incluido en una muestra del Museum of Modern Art, mientras que Glove Press no publicaría The americans, la colección extraordinariamente influyente de Robert Frank hasta enero de 1960.

A la par de este cortometraje en 1959, el New York Post comenzaría una serie de doce partes sobre la Generación Beat, y el par Ginsberg/Corso estaba haciendo lecturas públicas de poesía en Galslith, una de las cafeterías que habían proliferado alrededor de las calles de Bleecker y Mcgougal en Grenwich Village. Pull my Daisy fue reseñada por Time en la cuarta pieza que la revista publicaría sobre los beats ese año.

Finalmente Pull My Daisy se presentó como un intento deliberado de perpetuar la noción de los beats como chicos malos literarios desenfrenados, de levantar las manos y decir que no se avergonzaban, que así fue su vida y así fue como la desearon vivir.