Cuando me haya ido, seguiré en el aire: algunos comentarios acerca de la poesía de Bob Kaufman

Por Juan Antonio Alfaro

Bob Kaufman (Nueva Orleans, 1925 – San Francisco, 1986) llegó tarde, eso dicen, a la generación beat. No. No llegó tarde. Bob Kaufman estuvo y no estuvo en la generación beat. Bob Kaufman era un prófugo. Fue organizador laboral y comunitario. En las calles a menudo se le confundía con un vagabundo o con un loco. Fue marino y representante del sindicato marítimo en congresos de Inglaterra y Francia. Poco le importaba publicar sus poemas. Para algunos era un padre ausente, ángel silencioso. Para otros era el Rimbaud negro. Para los beats más conocidos representaba un complemento “político” para el grupo. Contra Kaufman todos y cada uno de los aparatos de control de los Estados Unidos fueron implacables: no perdonarían que un negro, en plena segregación racial, se atreviera a desafiar a todo el sistema estadounidense[i].

Según Serge Fauchereau, los poetas negros tienen conciencia de su aislamiento[ii]. Es decir, el poeta negro es puesto a prueba como poeta pero también como negro, carga con el peso de escribir poemas acordándose siempre de que es negro. Esa conciencia del aislamiento fue la necesidad que llevó a los esclavos liberados de la Guerra Civil Estadounidense a la búsqueda de una identidad nacional por medio de un movimiento artístico auténticamente norteamericano. Así, nacen el blues, el ragtime y su derivado, el jazz[iii]. El blues es considerado por Freddy Russo como “la columna vertebral del jazz” y, para el propio Kaufman, un “himno a la segregación racial”. Los beats, al igual que los músicos del jazz, eran marginados sociales. Kaufman, en más de un sentido, también lo era. Sin embargo, la atracción que esta música provocaba en él, tenía una condición doble: la de afro-americano que, resumida como experiencia en el jazz, le brindaba la energía de un revolucionario, ya que no sólo constituía una visión de conjunto, sino también, una experiencia estadounidense, muchas de las veces aislada de la experiencia africana, en donde la música operaba con mayor eficacia todo su potencial. De igual modo, LeRoi Jones (Amiri Baraka), en algunos de sus poemas, dejaba entrever que África y él no tenían relación alguna y añade: “nunca se ha encontrado en la literatura negra un equivalente para Duke Ellington o Louis Amstrong; ni la mejor literatura contemporánea producida por negros puede compararse a la sorprendente belleza de la música de Charlie Parker”[iv].

Esta íntima relación de los poetas beats con la música jazz explica por qué la poesía beat debe leerse en voz alta. La lectura en voz alta permite reconocer estructuras pero también patrones rítmicos. El ritmo es la organización de un conjunto del conjunto −en este caso, de palabras−, inseparable del sentido del discurso y provoca que el verso deje de ser señal y se convierta en hecho. Ese ritmo, Kaufman lo hace evidente en la mayoría de sus textos en los que el enunciado se alarga develando las múltiples aliteraciones encerradas en un fraseo sincopado que, en ocasiones, parecieran acercarse al góspel, con una paulatina elevación del tono conforme se avanza en el poema hasta que gracias a la enumeración caótica se consigue un final agresivo. Poemas como “Camus, I want to know” y “Song of the broken giraffe”, demuestran estas variantes. Cercanos, al mismo tiempo, al be-bop y al talking blues, el flujo que circula por estos poemas pareciera no ir a ningún lado. Las descripciones son interrumpidas por pausas irregulares que cortan abruptamente los versos y se desvían en juegos de palabras que recuperan y generan sentido gracias a la repetición de adjetivos y sustantivos emulando las estructuras rítmicas de músicos como Charlie Parker y John Coltrane:

            Camus, I want to know, the dull aesthetics, rubbery thump of

exploding wheels, the tic-pock of dust on steel.

Camus, I want to know, does it clackety clack like that destiny

train, shrieking to the Finland station

Camus, I want to know, does the sorrowful cry of unwilling

companions console the dying air…

Kaufman II

[v]“Unholy missions” y “Bagel shop jazz”, adquieren el tono profético y hasta visionario característico de la poesía beat. En Kaufman, el poema va sucediendo conforme se va enunciando. El sentido es una acumulación de visiones. El poema no se prepara, se recibe. En términos de Cristina Rivera Garza, es una literatura encargada de “hacer presente”[vi]. De ahí que Kaufman siempre haya preferido el habla natural, antes que cualquier proceso de escritura:

            Love tinted, beat angels,

Doomed to see their coffee dreams

Crushed on the floors of time,

As they fling their arrow legs

To the heavens,

Losing their doubts in the beat.

 

Bob Kaufman se resistía, como ya se ha dicho, a publicar sus poemas. De no ser por la voluntad de su esposa, Eileen Singe, y de sus amigos para escribir al vuelo los versos que iba soltando en medio de los recitales o de grabarlos en cintas magnetofónicas, su legado estaría perdido. No obstante, publicó su primer libro, Solitudes Crowded with Loneliness, en 1959, gracias al impulso de su esposa. Por ese tiempo editaba la revista Beatitude y fue arrestado 31 veces y acusado de “persona revoltosa” y “conducta impropia”[vii]. Luego vendrían Golden Sardine (1969), Ancient Rain: Poems 1956-1978 (1981) y Cranial guitar: Selected poems by Bob Kaufman (1996). En todos ellos es evidente una lectura compulsiva de los poetas malditos y de los existencialistas franceses, pero carente de forma, provocando cierta extrañeza ante esos impulsos que se vuelven irreconocibles.

A lo largo de su obra, Kaufman integra lo burlesco e irrisorio entre un amasijo de ideas complejas relacionadas con estereotipos de Estados Unidos y los señala para burlarse de ellos, proponiendo así, elementos que hasta entonces no habían sido utilizados de forma tan confrontativa por otros miembros del grupo. En ese tono nacen textos demoledores como el “Abomunist manifesto”, texto anárquico dividido en once partes plagado de humorismo y provocaciones que declara los principios del Abomunismo −movimiento creado por él mismo, en donde Abo viene de la bomba atómica−, en el que se pueden leer, a modo cláusulas, los pasos para hacer política y crear arte a través de varias definiciones del propio Abomunismo:

            In times of national peril, abomunists, as reality Americans, stand ready to [drink  themselves]                   to death for their country.

Abomunists do not feel pain, no matter how much it hurts

Abomunists do not use the word square except when talking squares.

(…)

Abomunists do not write for money, they write the money itself.

Abomunists believe only what they dream only after it comes true

Abomunists reject everything except snowmen.

 

Otro ejemplo es el poema “On”, en el que el poeta hace alusión a los “Cornflakes” y a los “Rockwells” –empresa que tenía como principal actividad la fabricación de aviones en la Segunda Guerra Mundial[viii]– para escenificar un día en la vida de cualquier norteamericano promedio mientras denuncia cómo la situación de su país está regida por la muerte, la corrupción, la segregación racial y el academicismo, no sin cierta ironía y aire provocador:

            On neuro-corners of striped brains & desperate electro-surgeons.

On alcohol corners of pointless discussion & historical hangovers.

On television corners of cornflakes & rockwells impotent America.

On university corners of tailored intellect & greek letter openers.

On military corners of megathon deaths & universal anesthesia.

On religious corners of theological limericks and

On radio corners of century-long records & static events.

Kaufman 3

El día 22 de noviembre de 1963, el presidente John F. Kennedy fue asesinado. Ese día, Bob Kaufman decidió guardar silencio. Un silencio que duró casi diez años en protesta por la guerra de Vietnam, durante los cuales no habló ni escribió una sola palabra. Se dice que, en 1973, antes de que acabara la guerra, entró en una cafetería y recitó en voz alta el poema “All those ships that never sailed” −hay quien dice que fue “Murder in the Cathedral”, de Eliot−. Antes, en 1960, fue arrestado por pisar el césped de un jardín y luego de ser enviado al hospital Bellevue, fue sometido a un tratamiento involuntario de choques eléctricos. Ginsberg y Ferlinghetti le ayudarían a regresar a San Francisco en cuanto todo eso pasara. Bob Kaufman murió el 12 de enero de 1986, debido a problemas respiratorios. Se convirtió en uno de los mejores poetas de los 50 y también en uno de los más olvidados. La fuerza de su poesía puede percibirse en su prosodia, su ritmo rabioso y sus versos, muchas veces, llenos de imágenes insólitas. Bob Kaufman llegó tarde a todos nosotros. Su ritmo, sin embargo, anunciará siempre el sentido de lo imprevisible[ix].

 

 

[i] Medina, Rubén., y Burns, John (trad. y comp.). “Bob Kaufman (New Orlans, 1925 – San Francisco, 1986)”. En Una tribu de salvajes improvisando a las puertas del infierno. Antología beat (p. 173).México: Aldus, 2012

[ii] Fauchereau, Serge. Lectura de la poesía americana. Trad. Enrique Murillo. Barcelona, España: Editorial Seix Barral, 1970. p. 249.

[iii] Pribilowska Garza, Svetlana (trad.). “La poesía [iii]jazzística de Kaufman”. En Kaufman, Bob. Trozos de mí. Antología poética (pp. 7–14). México: Laberinto Ediciones, 2008.

[iv] LeRoi Jones en el número especial “Escrivains Noirs aux Estats-Unis”, Lettres Nouvelles, octubre 1963. En Fauchereau, Serge, op. cit., p. 250.

[v] Todos los poemas aquí citados pertenecen a Kaufman, Bob. Trozos de mí. Antología poética. Trad. Svetlana Pribilowska Garza. México: Laberinto Ediciones, 2008. Se ha decidido mantener los fragmentos de los distintos poemas en el inglés original para evidenciar al lector los diferentes juegos lingüísticos de los que echa mano el autor. Para las traducciones véase el libro aquí citado y, también, Corso, Gregory., di prima, Diane., Ferlinghetti, Lawrence., et. al. Una tribu de salvajes improvisando a las puertas del infierno. Antología beat. Trad. y comp., John Burns y Rubén Medina. México: Aldus, 2012, y en línea en el siguiente link: https://buenosairespoetry.com/2016/07/30/poesia-beat-bob-kaufman/

[vi] Rivera Garza, Cristina. Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación. México: Tsuquets Editores, 2013.

[vii] Medina, Rubén., y Burns, John., op. cit., pp. 173-175.

[viii] Pribilowska Garza, Svetlana (trad.), op. cit., p. 12.

[ix] Meschonnic, Henri. La poesía como crítica del sentido. Trad. Hugo Savino. Buenos Aires: Mármol-Izquierdo Editores, 2007. p. 94.