De gatos, pasta y jazz: La literatura surrealista de Haruki Murakami

¿Qué es más surreal que Murakami corriendo sobre la cabeza de un gato?

Por Luis Santiago Rubín de Celis

“Don’t feel sorry for yourself. Only assholes do that.”
― Haruki MurakamiNorwegian Wood

Leer una novela de Murakami es como leer un sueño, lleno de imágenes difusas y una evasiva y siempre presente sensación de irrealidad, la escena puede cambiar de lo completamente mundano y verosímil a lo irreal de un momento a otro, y, tal como en un sueño, este cambio no provoca alarma ni incomodidad en los personajes. Haruki Murakami, eterno candidato a ganar el premio Nobel de literatura, posee un estilo surrealista muy particular que se enfoca sobre todo en el desarrollo de sus personajes. En la mayoría de sus novelas o cuentos cortos lo importante no es la trama en sí misma (muchas de ellas tienen finales vagos), si no las experiencias que tiene el personaje principal a lo largo de la trama, en este sentido, Murakami es uno de esos escritores que se leen no por sus historias, sino por su estilo.

En su estilo se puede apreciar claramente la influencia de F. Scott Fitzgerald, Franz Kafka y Raymond Carver, particularmente del último, de quien su antología de cuentos ‘What We Talk About When We Talk About Love’ inspiró el nombre de un ensayo autobiográfico de Murakami: What I Talk About When I Talk About Running, y cuyo estilo melancólico se ve reflejado a través de sus obras.

Las narraciones de Murakami, quien es un gran conocedor de la música, siempre van acompañadas de música clásica o de Jazz, al grado que no es poco común que al terminar de leer una novela suya se comience a sentir una nueva apreciación de ese estilo de música y compositores clásicos. Su afición a la música (siempre occidental) se refleja en los títulos de varias de sus novelas, como Dance, Dance, Dance, South of The Border, West of the Sun y Norwegian Wood (conocida como Tokyo Blues en español).

Además de su soundtrack, Murakami utiliza elementos recurrentes a lo largo de su obra, como mascotas que se pierden (casi siempre gatos), una afición de sus personajes por cocinar pasta, y una indiferencia que raya en la insensibilidad hacia la vida por parte de estos.

El tema central de la obra de Murakami es la soledad. En particular la soledad que resulta de una pérdida, ya sea de un amigo cercano o de una mujer. Esa soledad lleva a los personajes de Murakami a una búsqueda, atrayendo en el proceso a seres extraños que los llevan a mundos paralelos que ofrecen la posibilidad de recuperar lo perdido. Es durante esta búsqueda cuando los personajes (y los lectores) experimentan eventos que los decepcionan y cambian su visión del mundo. Al final, si se encuentra lo que se estaba buscando o no, es irrelevante, lo importante es ese proceso de búsqueda y cambio de paradigmas. Con Murakami, ningún dicho es tan cierto como “lo importante no es el destino sino el camino”.

A pesar de que la trama particular de cada novela o cuento no sea el punto fuerte de la misma, las historias de Murakami pueden permanecer en la mente mucho tiempo como imágenes vagas y difusas, pero llenas de significado. Un agujero oscuro en Mongolia, un hombre carnero, el cráneo de un unicornio…el coronel Sanders, todas imágenes dejadas atrás por los mundos paralelos y surreales de Murakami que dejan en el lector una sensación de irrealidad mucho después de terminar de leerlas, una sensación extraña, casi como sentir culpa por haber regresado al mundo real.

El surrealismo de Murakami no es un surrealismo agresivo como el de Bretón, no intenta atacar los sentidos del lector ni hacerlos conscientes de su irrealidad súbitamente, es un surrealismo sutil que poco a poco se hace presente, pero nunca de forma intrusiva, un surrealismo que se da de manera natural (y que a momentos puede recordarnos a los cuentos de Cortázar) y que no provoca demasiada alarma en sus personajes.

Quizá lo más importante de las historias de Murakami (y la razón por la cual es tan popular a pesar de su estilo poco ortodoxo) sea que hablan de esa soledad cotidiana tan frecuentemente ignorada. Sus escritos nos muestran personas comunes y corrientes que por una razón u otra se sienten solos, y a través de eventos que desafían al sentido común logran aceptar y lidiar con esta soledad. De cierta forma, Murakami nos permite ver su propia melancolía y nostalgia a través de sus personajes, como diciendo al lector: “no eres el único que se siente de esta manera”, y eso, en mayor o menor medida, es un pensamiento reconfortante para muchos.

Para finalizar, es preciso hacer recomendaciones a aquellos que no hayan leído nunca a Murakami pero deseen hacerlo. Un buen punto de partida es Tokio Blues, la única novela realista del autor (dicho por él mismo) y que aun así no se salva por completo de esa sensación de irrealidad tan presente en el resto de su obra, Tokio Blues habla de Toru Watanabe, un joven japonés cuyo mejor amigo se suicida sin decirle nada a nadie cuando ambos tienen diecisiete años, y quien se reencontrará con la novia de su amigo años después en Tokio, cuando ambos atienden a la universidad. Otro buen punto de partida son sus antologías de cuentos, en particular Sauce Ciego, Mujer Dormida y El Elefante Desaparece. Una vez que estén listos para entrar de lleno al mundo surrealista de Murakami, deberán leer La Crónica del Pájaro que da Vuelta al Mundo y El Fin del Mundo y un Despiadado País de las Maravillas (mi favorito personal).

Por último, dejaré una frase que el japonés escribió en Kafka en la Orilla, y que resume en gran parte las temáticas de su obra: “Lo que sea que estés esperando no llegará en la forma que estás esperando.”