Por eso no dudaste: Una reseña de “Tus dos muertos”, de Jorge Alberto Gudiño Hernández

"Tus dos muertos"

Por: Chessil Dohvehnain

Hay algo hermoso en la oscuridad. Una especie de reflejo íntimo que permite disentir de todo lo cómodo que uno da por sentado de la corta vida que nos toca experimentar. Quizá es por ello que la novela negra o noir es tan popular. Por esa adictiva promesa de misterio y violencia que nos atrapa como las mejores drogas, y que incita a hundirnos en las aguas fétidas de la decadencia humana.

México no se ha quedado exento de contribuir con gran talento al enorme abanico de obras del género que en ocasiones parecen difuminar las abominables fronteras literarias encarnadas en etiquetas comerciales; porque como dijera alguna vez Fernanda Melchor, autora de Temporada de Huracanes, “¿qué novela que hable de México no es negra…o roja?”

Jorge Alberto Gudiño Hernández contribuye así, con su propia pluma, fuente ensangrentada a la creciente ola de autores oscuros que usan las letras solo para contar historias sobre el crepúsculo de la civilización, el poder y la corrupción humana a veces por diversión, a veces por algo más. Ingeniero de formación, profesor y escritor por convicción, éste hombre a la fecha es el único escritor mexicano de novela negra publicado dentro del sello de género de la poderosa Alfaguara.

Tus dos muertos es su primera incursión en la cosmovisión del noir. Y los resultados han sido grandiosos. Publicada en 2016, Gudiño Hernández nos arrastra a la vida de Cipriano Zuzunaga. Un complejo policía judicial degradado, en depresión y asediado por un pasado macabro, que ante la promesa de un futuro que desea tener de vuelta, moviliza su praxis corrupta para resolver uno de esos casos que para la justicia de este país merece la pena investigar con todo el peso de la ley: la desaparición del hijo de un vigoroso político.

El caso de Cipriano Zuzunaga nos lleva a recorrer su anegada rutina policial en una Ciudad de México para nada ficticia, al tiempo que sus peores miedos lo acosan sin descanso durante la noche. Por lo que la vigilia se vuelve el terreno perfecto para conocer sus amores carnales, sus extraños y débiles protegidos, así como sus métodos que a varios que hayamos sido víctimas de las detenciones arbitrarias de los señores de la justicia, nos podrán resultar familiares de primera mano.

Y es así que personajes como el difuso Matape, el imperioso Carmelo, el atormentado Guido, la dolorosa Amarilla Nelson, el comandante Alvariño y la esperanza encarnada en la joven Nat, convergen en torno a una desventura enfermiza y apasionante. Una rodeada de trampas en la que nos enfrentamos junto con el detective Zuzunaga, a un crimen nada inverosímil que expone apenas en un vistazo las venas de la estructura histórica en que se tejen las ambiguas relaciones sociales de nuestro país.

Y es que el ambiente pesimista tan característico del género se siente como un personaje por derecho propio. Es como si la Ciudad de México, y el país en general, fueran escritos como el escenario perfecto para las desventuras y cacerías entre victimarios y antihéroes. Y aunque Vicente Leñero llegó a decir que por su naturaleza, el detective en México solo funciona en la ficción, verdad sea dicha que en Tus dos muertos la atinada construcción de personajes los hace sentir tan carnales, vengativos, temerosos, oportunistas, reales.

La figura del narrador cumple entonces un papel crucial al envolvernos con la personalidad de alguien que no sabemos si odiar o amar. Por lo que la narración en segunda persona en presente es ese otro mérito de la novela a parte de su trama argumental. La estructura entera del texto, edificada en torno a éste preciado recurso, funciona al auto contener nuestra participación deductiva a los hechos que el personaje obtiene, colocándonos como lectores en igualdad de condiciones de combate para resolver el crimen.

Pero aunque guarde algunas trampas narrativas, eso vivifica el viaje en gran medida al contribuir al enriquecimiento de la complejidad del personaje, algo que en una época de franquicias literarias o cinematográficas con personajes construidos solo para llenar espacios, se agradece. Es inevitable posicionarse ante lo que Cipriano Zuzunaga refleja de nuestra personalidad colectiva, por más que deseemos enarbolarla como individual.

En cuanto a la escritura, esta es clara y puntual. Enunciados cortos, palabras exactas, sintaxis intimista pero no por ello menos letal. Lo cual es producto de una creación que se tomó su tiempo para encontrar las formas adecuadas y que le confieren a Tus dos muertos un ritmo veloz, palpitante a ratos, que es sencillo de seguir mas no fácil de aceptar. Porque, como buena novela negra, no se toma permisos para retratar procesos cognitivos de razonamiento familiares, plausibles y que podrían no ser del agrado moral occidental de más de uno.

Tus dos muertos, sin duda, logra su misión. Envolver al lector en una progresiva catarsis humana que no solo entretiene y provoca, sino que también fascina y perturba. Intimista, perturbadora e inquietante de principio a fin, la incursión de Gudiño Hernández ya ha sido considerada para su adaptación cinematográfica por un par de casas productoras, como bien ha hecho saber El Economista este año.

Así que por lo pronto el trabajo de Jorge Alberto Gudiño Hernández es un viaje literario bastante recomendable. Y más aún cuando a principios de éste año se publicó la segunda parte de las desventuras de Cipriano Zuzunaga titulada Siete son tus razones. Y que funciona como un incentivo estupendo para recién iniciar o continuar ésta saga, de la mano de una nueva generación de personajes decadentes con quienes emprenderemos un viaje oscuro a lo cotidiano de la vida y el crimen que nos rodean.

@JoyDohveh