Omnipresentes y hasta en la sopa: un catálogo queer de novela negra

Castro Street Fair, 1978

Por José Manuel Alvarado

 

No recuerdo bien de dónde tomé la idea de que la cultura homosexual, y por extensión, la diversidad sexual, tienen una naturaleza omnipresente. Lo cierto es que la hice mía y a lo largo de mi práctica como promotor cultural de la lectura he tratado siempre de reafirmarla. Así pues, durante la pasada edición del Tercer Festival Internacional de Novela Negra Huellas del Crimen, realizado en San Luis Potosí, me propuse crear y distribuir un díptico cuyo contenido fuera la reseña de obras, artículos y otros textos de los autorxs participantes, que a su vez tuvieran relación con los temas de la diversidad sexual (LGBTTTI, queer y no heterosexual). El resultado fue contundente: haciendo una breve revisión en mi archivo bibliográfico personal, pude dar a conocer mis hallazgos y presentarlos en la modalidad antes mencionada, razón por la que fui invitado a escribir el presente texto.

En ese formato di a conocer que autores como John Ajvide Lindqvist (Déjame entrar) y Martín López Brie (Tiresias jam) han creado obras maestras con temáticas queer y LGBT; que otrxs como Antonio Malpica (Los elementos del jazz), Claudia Piñeiro (Elena sabe, Las viudas de los jueves), Evelio Rosero (El incendiado, Los ejércitos), John Connolly (Voces que susurran), Rosa Ribas (Azul marino, Con anuncio, El pintor de Flandes, En caída libre) o Wilmer Urrelo Zárate (Fantasmas asesinos) incluyen personajes con estas identidades sexuales y de género en sus obras más destacadas; en tanto que críticos literarios y de arte como: Iván Farías, Roberto Coria o Álvaro Bisama tratan ocasionalmente el tema en sus publicaciones; o bien, que especialistas de las ciencias sociales y la psicología como Feggy Ostrosky y Jesús Ramírez-Bermúdez hacen lo propio pero desde la divulgación científica.

Para dar continuidad a este trabajo de promoción me propongo hacer un recorrido que sirva de invitación a la lectura, a través de emocionantes novelas propias de la ficción negra (crimen, detectives, misterio, policial, suspenso), cuya trama se centre en la representación de las identidades Lésbico-Gay, o bien, que aborden el tema de la homofobia como parte importante de la anécdota. O en última instancia, que permitan una lectura queer, tratando de emular esos capítulos consagrados al tema que algunos estudiosos desarrollan en sus obras académicas cuando profundizan en algún subgénero narrativo. Tal como Gabriel Veraldi en su La novela de espionaje (Fondo de Cultura Económica) cuando menciona las obras de Somerset Maugham, Ian Fleming o Robert Mauge; También Jean Gattégno y su libro La ciencia ficción (Fondo de Cultura Económica) cuando refiere alguna novela de Robert Heinlein o Tzvetan Todorov con su Introducción a la literatura fantástica (Premiá) y su preciso análisis de títulos creados por William Beckford, Jacques Cazotte, Matthew Gregory Lewis o Jan Potocki.

En el mismo cauce, encontramos el muy especializado criterio de Víctor Antonio Bravo con La irrupción y el límite. Hacia una reflexión sobre la narrativa fantástica y la naturaleza de la ficción (UNAM) en un acercamiento a la obra de escritores iberoamericanos como João Guimarães Rosa y Sergio Fernández; además de Charles M. Tatum con La literatura chicana (SEP) en la que apunta algunas líneas a propósito de relatos de Estela Portillo Trombley y Alfonso C. Hernández. Y en la misma vertiente, De acá de este lado. Una aproximación a la novela chicana (CONACULTA), de Ignacio Trejo Fuentes, libro en el que presenta una extensa revisión de la producción narrativa de John Rechy.

Otros ejemplos son Las hijas ausentes, de J.M. Redmann, que protagoniza una detective lesbiana que trata de resolver los terribles asesinatos de algunas personas relacionadas con su propia novia, al mismo tiempo que ayuda a un jovencito gay a encontrar a sus padres biológicos con el riesgo de involucrarlo en la serie de homicidios que campean por toda la historia. Y la trilogía The Long Firm de Jake Arnott, que presenta a un protagonista gay, pero en el otro lado de la acción, se trata de un gánster en la época de los Beatles en un Reino Unido consumado por el crimen, la droga, la doble moral del mundo del espectáculo y la estulticia como estilo de vida.

En el terreno de las novelas protagonizadas por homosexuales, pero saliendo del terreno anglosajón, sin duda tenemos que mencionar Plata quemada del argentino Ricardo Piglia. Una novela de contenido homoerótico que fascina por representar las singularidades sobre cómo se vive la homosexualidad en Latinoamérica. Piglia retrata la relación de dos criminales que unen sus aficiones para forjar una complicidad marcada por la confianza, el amor y la ternura. No hay aquí cuestionamientos sobre la identidad y ni siquiera hay un conflicto con la otredad. Se trata más bien de una relación necesaria para la supervivencia de ambos, que si no es valorada, por lo menos sí es reconocida por los otros personajes no homosexuales.

Considerando que en la actual cultura pop las historias LGBTTTI para adolescentes comienzan a ocupar su sitio en la normalidad del consumo mediático, quisiera apostillar brevemente una novela que para nada aspira a ser complaciente con la cultura dominante. Me refiero a Cacheo de Dennis Cooper. Una historia que conjuga erotismo escatológico con las confesiones de un asesino en serie. Se trata del relato de vida de un adolescente homosexual para quien la muerte es un acto liberador y que disfruta narrando sus propias aventuras.

Por otro lado, son también frecuentes las historias en las que aparece un personaje homosexual secundario pero que es determinante para el flujo de las acciones, Pienso por ejemplo en Blanco nocturno de Ricardo Piglia, en donde el detective sigue una pista falsa que lo lleva a incriminar a Yoshio, un homosexual de origen japonés, por el asesinato de un extranjero. Yoshio, marginado social, cargará con una pena que le es impuesta al ser el típico chivo expiatorio de una sociedad homofóbica y violenta; Máscaras de Leonardo Padura Fuentes, en la que el detective protagonista es guiado por un personaje homosexual que lo introduce al ambiente gay, con el afán de pescar a un asesino de travestis que merodea a sus anchas por las playas de La Habana; Y, desde luego, La tabla de Flandes de Arturo Pérez-Reverte, novela de misterio e intertextualidad artística e histórica, pues con el pretexto del cuadro La partida de ajedrez, del pintor flamenco Pieter Van Huys, donde dos varones juegan y una mujer los observa, se hilvana todo un universo ficticio en el que al parecer el pintor plasmó el secreto de un crimen en el tablero, a través de las posiciones de los personajes y de un mensaje encriptado en la misma pintura.  Sumando a esto la simbólica presencia de un coleccionista homosexual que parece tener más de una conexión con la tabla y sus secretos.

Ahora que ya hemos tocado el tema de la homofobia, citaré dos obras en las que se hace un retrato de este terrible mal social en el ambiente propicio de la novela negra: Cold Cold Ground de Adrian Mckinty, una trepidante novela policiaca en la que el detective Sean Duffy se enfrenta con un posible asesino serial que gusta de ultimar homosexuales, mientras se mueve en el contexto de una Irlanda azotada por el terrorismo del IRA y la homofobia católica; Y Semana Santa de David Hewson, en la que María Gutiérrez, una académica convertida en detective, terminará en el ojo del huracán de una España tradicionalista y violenta, en un crescendo que pasa por los festejos de la Semana Mayor, el toreo, el franquismo, la prostitución masculina y hasta el asesinato de Federico García Lorca.

Por su parte, en el terreno de la lectura con anteojos queer, tiene que hablarse de Doquier de Angélica Gorodischer, novela ambientada en el siglo XVIII en la que el narrador nunca revela su identidad sexo-genérica, y en donde al lector le toca interpretar si el móvil del crimen que comete se debe a un asunto de infidelidades heterosexuales, o bien, a una compleja manera de ocultar una relación homosexual. Ahí está precisamente lo queer, en la deconstrucción gozosa del binarismo, pues se trata de desmontar posiciones fijas, como lo exclusivamente masculino o femenino, para hablarnos de identidades híbridas, limítrofes, movedizas o inclasificables.

Quisiera también consignar algunas curiosidades, como la novela Conspiratio de Ben Pastor, que siendo un thriller histórico de tema detectivesco se suma a la larga tradición que aborda el trágico romance entre el emperador romano Adriano y el bello Antínoo; Sherlock Holmes y el misterioso amigo de Oscar Wilde de Russell A. Brown, novela en la que el famosísimo detective de Baker Street ayuda al amigo del escritor en un asunto donde la homosexualidad es pieza clavee. Y La sombra de Pan, de Sergio J. Monreal, que imita los estilos de Conan Doyle y Lovecraft, en un supuesto caso jamás contado del detective más famoso del mundo.

Esta última novela está plagada de innumerables detalles homoeróticos que se manifiestan en la narración del doctor Watson, y que en la obra original de Conan Doyle ya ha sido advertido por otros estudiosos. De este modo, el narrador se permite describir a varios de los personajes masculinos en alusión a su apostura o buen parecido; además, expresa constantemente su estimación desmedida por Holmes.  A grado tal que se llega a hacer una alusión directa en forma de chanza cuando en el clímax de la historia Watson abraza desesperadamente a su amigo, al considerarlo en grave riesgo, y Holmes lo reprende cariñosamente aludiendo a que los testigos de la escena pudieran hacer bochornosas elucubraciones. De igual modo, las sonrisas y gestos cómplices de ambos protagonistas siempre se prestan al equívoco, aunque al final de la historia pasen por dos simples amigos de toda la vida, que viven juntos.

No quisiera dejar de echar un vistazo al terruño potosino y traer a colación un comentario a propósito del cuento “El teorema de Darwin” de David Ojeda, y es que el quid de la narración es el esclarecimiento de un homicidio en el que se llega a entrever, entre los muchos cabos sueltos, que pudo haberse tratado de un crimen de odio por homofobia (ciertamente no dicho con estas palabras). Además, cuando los familiares de la víctima son interrogados, insisten en la hombría y virilidad del occiso ante las murmuraciones, todo en el contexto de una sociedad hipócrita y reaccionaria.

Para finalizar, me gustaría mencionar que cuento con la mayoría de las obras mencionadas en versión digital y las otras puedo conseguirlas a través de los acervos de bibliotecas públicas en mi ciudad. Además de que me encuentro en la búsqueda de una sede, virtual o física, que quiera albergar un “Club de lectura de novela negra con tema LGBTTTI, queer y no heterosexual”, que estaría encantado de coordinar. ¡A leer entonces!, y que no se olvide que los disidentes sexuales, como Dios, estamos en todas partes y en todo lugar… hasta en la sopa.

 

josevaldoleon@gmail.com

José Manuel Alvarado Zaragoza (Sahuayo, Mich. 1987) es Licenciado en Historia por la UASLP y promotor cultural de la lectura desde hace doce años. Actualmente dirige las Mesas de Lectura del IPBA y la Sala de Lectura: El Ánfora de Aradia en el IMES. Asimismo, se ha desarrollado en el fomento a la lectura y la difusión del arte en medios de comunicación masiva.