Seremos vengadores: Stan Lee, in memoriam

El dramaturgo

Por Chessil Dohvehnain

La primera vez que recuerdo haberme emocionado en el cine fue con X Men de Bryan Singer. La sala hubiera estado vacía si no fuera por mi familia, éramos los únicos en el recinto. Por esos años mi hermana y yo veíamos con regularidad las series animadas de Spider Man (con ese opening extraño y críptico), y la serie de FOX sobre los Hijos del Átomo. Incluso a mis padres les gustaban. Por lo que ver aquella película —la única vez que recuerdo que fuimos al cine en familia los cuatro—, es de lo mejor que recuerdo de mi infancia. Tenía ocho años.

Las series animadas continuaron y de manera paralela vino el interés por los comics, que en San Luis Potosí eran difíciles de conseguir salvo en los puestos de revistas del centro o en tiendas que ya no existen. Y así fue que conocí, como muchos otros, a Stan Lee.

El origen de la leyenda

Aquellos que nacimos en los 90 pero que agarramos consciencia de dónde estábamos parados hasta la llegada del siglo XXI, vivimos gradualmente el ascenso millonario y cinematográfico de un mundo mitológico occidental que surgió con una empresa norteamericana llamada Timely Comics, creada en 1939.

Esto no es desconocido para los teóricos de la literatura del comic, quienes saben que durante la Segunda Guerra Mundial existió algo llamado la Era Dorada, un periodo iniciado a finales de la década de 1930 concluido a finales de los años 1950, cuando surgieron los arquetipos contemporáneos del héroe encarnados en personajes como el Capitán América, Superman o la Mujer Maravilla e incluso Batman. Y en ese momento apareció Stan Lee.

Apodado como “el dramaturgo” durante la Segunda Guerra Mundial, Stanley Martin Lieber se unió a dicha empresa, mientras aspiraba a convertirse en escritor para contar las historias que rondaban por su cabeza desde hacía un tiempo. Fue su esposa Joan, fallecida el año pasado también a los 95 años de edad, quien lo convenció de escribir las historias que quería, en un momento en el que el viejo pensaba abandonar la empresa en la que ya llevaba un rato.

Curioso. Stephen King también ha reconocido que cuando tenía el borrador de Carrie terminado lo había tirado a la basura. Pero fue su esposa Tabitha, quien lo encontró y le dijo “hey, no seas idiota. Esto tiene potencial” (más o menos).

Como sea, ese impulso amoroso y de fe al parecer fue lo que llevó a Stan a crear a Los cuatro fantásticos el 8 de agosto de 1961, fecha que es considerada como el inicio de Marvel Comics (cuyo nombre fue legal hasta 1963), iniciando así un movimiento en el cuál se fraguaría una parte fundamental de la cosmovisión actual de la civilización occidental.

Para cuando Marvel Comics inicia en la década de 1960, surge una época conocida como la Era de Plata, en la que se cambiaron las reglas del género de superhéroes. La estética fue modificada de manera radical, siendo influida por el movimiento artístico costumbrista que presentó estas historias con ese estilo clásico que vemos en los museos o en las fotografías de coleccionistas.

Se planteó que los personajes de las casas editoriales mantuvieran una “continuidad” histórica y universal: se propuso que formaran parte de un mismo universo. Además de que se enriquecieron los elementos de género en la literatura del comic empleando elementos de la fantasía, el terror o la ciencia ficción dura para contar historias de superhéroes. Algo que le sirvió al viejo Stan para que Los cuatro fantásticos fueran un éxito total que posicionó a Marvel como una editorial referente.

El resto fue una historia de victorias. De la mano de genialidades artísticas como Jack Kirby o Steve Ditko entre otros, Stan creó a los emblemáticos X Men, a Thor, Iron Man, Hulk, Spider Man, Daredevil, Doctor Strange, etcétera, además de inventarse algo conocido como el “método Marvel” para la creación de historias.

Tal cosa consistía en que Stan hacía el resumen de una historia que pasaba a un dibujante, quien ilustraba lo esencial a partir de lo cual Stan, o varios escritores posteriores, ideaban los diálogos en un proceso que garantizaba crear una verdadera obra en equipo. Posterior a la década de 1970, cuando había alcanzado la fama, Stan se volvió una especie de embajador empresarial de Marvel después de haber sido el Publisher oficial.

Para cuando Disney compró la “Casa de las Ideas”, como la empresa era también conocida, Lee tenía un rol simbólico: era su rostro mediático. Las convenciones, entrevistas, consultorías y programas iba y venían. Y fue entonces cuando se consolidó como un hombre de leyenda, cautivando a legiones con una sencillez caracterizada por la ausencia de la arrogancia de aquellos que aman el culto a la personalidad sin valorar a la gente gracias a la cual se posicionan. Algo que según TMZ ha confirmado su hija el día de hoy:

“Mi padre amó a todos sus fans. Fue el hombre más decente y grande.”

Pero los problemas y las polémicas también estuvieron a la orden del día. Desde un par de acusaciones por acoso sexual posteriores al fallecimiento de su esposa que lo mantuvieron un tiempo en el ojo del movimiento MeToo, hasta el robo de más de 1 millón de dólares del que fue víctima hace poco tiempo (aunque ya le habían robado otro par de veces en los últimos doce años).

Además están las incursiones nada exitosas en otros medios, como cuando Stan estuvo involucrado en la adaptación televisiva de un comic del universo de X Men conocido como Generation X en 1996, y que fue un fiasco. Por otro lado, también está la creación de un cómic llamado Stripperella en 2003, que por mostrar a una súper heroína que combatía al crimen y trabajaba como desnudista, fue duramente criticada y cancelada.

Pero la disputa más recordada es quizá aquella en la que se involucró junto a Marvel en un largo proceso legal contra Steve Dirko y Jack Kirby por derechos de regalías y créditos creativos. En una entrevista épica para la revista Playboy, Stan habló sobre los alegatos que por mucho tiempo los artistas hicieron sobre un limitado reconocimiento a su aporte por parte de la Casa de las Ideas:

“Yo siempre traté de mostrarlos (refiriéndose a Jack y Steve) con la luz más favorable, inclusive en los créditos. Jamás apareció un cartel que diga simplemente “por Stan Lee”, siempre era “por Stan Lee y Steve Ditko” o “por Stan Lee y Jack Kirby”. Siempre me aseguré de que sus nombres aparecieran tan grandes como el mío”, le dijo al reportero David Hochman en aquel entonces.

Sin embargo los problemas y las dificultades no fueron obstáculo suficiente para menguar a un hombre que por décadas ha sido una leyenda en el mundo del entretenimiento. Y aunque, como toda celebridad, la polémica estuvo cerca aunque fuera en contadas ocasiones, a lo largo de su vida Stan pareció encarnar las ideas plasmadas en la filosofía de muchos de los personajes más emblemáticos de la cultura contemporánea del cómic que ayudó a fundar.

Construir un nuevo mundo

Para muchos, el excesivo acaparamiento del mercado de superhéroes en los últimos diez años a causa del éxito de las adaptaciones cinematográficas de los personajes de Stan Lee y de otros, ha llevado a muchos artistas de renombre a rechazar lo que ese fenómeno representa.

Se argumenta que la fama excesiva de los superhéroes conlleva una infantilización de la realidad o de la comprensión del “verdadero funcionamiento del mundo.” Y entre estos oponentes suenan nombres como el de Jodie FosterAlejandro González Iñárritu, David Cronenberg e incluso Christopher Nolan.

Esas críticas van sobre todo hacia lo que parece ser un creciente bombardeo mediático que favorece este tipo de cine. Suena justo. Hay mucho dinero de por medio, pero quizá esa no sea la única razón. Es conocido que incluso al Generalissimo le sorprendía mucho con el pasar de los años cómo la literatura del cómic ganaba mucha popularidad. Aspecto que en los últimos diez años solo ha ido aumentando, tal como se aprecia en las convenciones, o en el amplio mercado respectivo.

“Me encanta estar en estas convenciones. Cuando veo el entusiasmo de los fans me emociono. Lo que viene sorprendiéndome mucho de estas convenciones desde hace años es que antes estaban llenas de gente joven, niños y, rara vez podías ver algún adulto porque quizá alguno de los asistentes era demasiado joven como para ir por sí solo. Ahora, la mayoría de los asistentes, y estamos hablando de miles de personas, son adultos y, muy rara vez, hay algún niño porque quizá el adulto que lo acompaña no pudo dejarlo con una niñera y tuvo que traer a su hijo o hija consigo. Todo ha cambiado.”, dijo Stan alguna vez en una entrevista que le realizaron en España.

Más allá de las críticas diversas, aquellos que en algún momento de nuestra infancia nos acercamos a ese mundo, sabemos que en esa mitología vemos algo más. Con cada página, o filme bien adaptado, captamos aquello que Stan nos quiso mostrar y que, aunque seamos de sociedades diferentes y hasta de clases sociales distintas, disfrutamos en común: historias de personas habituales y corrientes como cualquiera de nosotros, que se sobreponen ante terribles situaciones y obstáculos infranqueables no por sus poderes, sino por lo extraordinario de su corazón, la firmeza de sus convicciones y la voluntad de hacer lo correcto por difícil que fuera.

Y es esa identificación, esa empatía, donde quizá resida la mayor contribución del universo que Stan ayudó a consolidar. Un logro narrativo y artístico que logra que aquellos que son discriminados y criminalizados por ser diferentes, se identifiquen con las historias de los X Men; un legado que permite que aquellos en dificultades, pero con grandes talentos, entiendan que con un gran poder viene una gran responsabilidad; un sueño que nos inspira a ser la mejor versión de nosotros mismos, para estar unidos en contra de los males terribles que acechan al mundo.

El viejo Stan ha fallecido en la mañana de un lunes 12 de noviembre en un año que es testigo del resurgir político de ideas discriminatorias, intolerantes, racistas y xenófobas. Murió en un momento en el que el totalitarismo, los dogmas irracionales y los partidos con ideologías de ultraderecha están acumulando poder. Se ha ido en un tiempo en el que el mundo claramente necesita héroes como aquellos que ayudó a crear.

En las manos de sus fans y de una gran multitud de millares que ha reconocido su partida, es donde está el futuro de ese legado heroico: una herencia narrativa que promueve la tolerancia, el valor, la empatía, el amor propio, la igualdad de género, la responsabilidad y el amor a la vida y al prójimo a través de historias con un profundo toque de humanidad. Nos consta a aquellos que seguimos leyendo tales historias, ¿o no?

Descansa en paz, viejo Stan. Tu esposa Joan te recibe con los brazos abiertos en el universo en que ahora estas. Y no te preocupes por nosotros. Ten la seguridad de que cuando llegue el día, un día como ningún otro en que surja un enemigo que nadie podrá vencer solo, nos uniremos en contra de tal amenaza común. Y tal vez ese día, por el bien de la humanidad, todos seremos vengadores.

Excelsior!