El Impostor: Sobreviviendo en la Ciudad de México después del Apocalipsis

"El impostor" (2001), de ediciones La mosca muerta

Por Luis Santiago Rubín 

Antonio Malpica, ingeniero, dramaturgo y escritor nacido en la Ciudad de México tiene una prolífica carrera en la literatura, habiendo recibido distintos premios a lo largo de la misma. Es principalmente conocido por sus libros para niños, pero ocasionalmente también escribe otros géneros, tal es el caso de El Impostor, una historia post-apocalíptica que se desarrolla en México.

En lo personal, las historias post-apocalípticas siempre me han parecido aburridas, el conflicto, que usualmente es la búsqueda de significado y la re-evaluación de los valores del hombre en un mundo o civilización muerta o moribunda, me parece sumamente monótono, sin nada nuevo que ofrecer, la considero una de esas historias que es interesante solo la primera vez. En este tipo de narrativas el protagonista suele ser el único sobreviviente de una catástrofe, o quizá la última persona honorable en un mundo lleno de monstruos (reales o figurativos) y que invariablemente están en busca de esperanza.

El impostor toma lugar en una Ciudad de México no destruida, sino simplemente reducida, diezmada por una enfermedad que fulminó a todos aquellos que no estuvieran enfermos de hepatitis al momento de que se esparció.

Es por eso que quedé sorprendido cuando leí El Impostor, a simple vista una historia post-apocalíptica como cualquier otra, pero que cuenta con elementos que la hacen más llevadera, no hay zombies, para empezar (un punto crucial) pero además toma lugar en una Ciudad de México no destruida, sino simplemente reducida, diezmada por una enfermedad que fulminó a todos aquellos que no estuvieran enfermos de hepatitis al momento de que se esparció. La novela nos muestra una Ciudad de México desolada y vacía, pero esa misma desolación le otorga serenidad y belleza imposibles de encontrar cuando seguía con vida.

Algunos sobrevivientes se organizan en grupos y se apoderan de secciones enteras de la ciudad, una nueva especie de sociedad se crea en lo que queda de las líneas del metro, distintos grupos pelean entre ellos por recursos (principalmente gasolina), influencia y mujeres. Sin embargo aún existen personas que prefieren vivir solas, manteniendo una semblanza de normalidad, los arraigados (así llaman las personas de las nuevas tribus subterráneas a quienes se rehúsan a integrarse). Gustavo Báez, el personaje principal de esta historia, es uno de los arraigados, quienes se niegan a entregarse a esta nueva sociedad tribal y que sobreviven permaneciendo neutrales en el conflicto que envuelve al resto de la ciudad.

Querétaro, dicen, es buen lugar para empezar de nuevo, ahí no hay bandas de ladrones y bandidos como los que se apoderaron del metro de la ciudad de México.

Algunos otros tienen la esperanza de que otras ciudades no hayan sido afectadas de la misma manera, de que es posible reconstruir el mundo en otro lugar. Querétaro, dicen, es buen lugar para empezar de nuevo, ahí no hay bandas de ladrones y bandidos como los que se apoderaron del metro de la ciudad de México.

El Impostor tiene una trama simple, pero bien ejecutada, con personajes con los que es sencillo empatizar y compartir su asombro con la forma en que la sociedad ha cambiado después del terrible incidente. La premisa es interesante pero por desgracia nunca es explicada por completo—o por fortuna quizá, no hay falta de obras con misterios interesantes que se vuelven sumamente decepcionantes al ser explicados, como la serie Lost— algunos personajes tienen su teorías al respecto de porqué aquellos con hepatitis lograron sobrevivir pero apropiadamente los protagonistas realmente no están muy interesados en descubrir el porqué de las cosas, simplemente se preocupan por sobrevivir y recobrar una sensación de normalidad en sus vidas.

Los protagonistas de El Impostor no buscan ni les interesa la Verdad, la Libertad o la Justicia, los grandes temas estadounidenses, si no que sus prioridades revelan quizá el más grande de los valores mexicanos: la Familia.

Malpica posee un excelente sentido del ritmo, y nos lleva a través de las distintas escenas de la novela pasando solo el mínimo tiempo necesario en cada elemento, no hay diálogos superfluos ni vastas descripciones del paisaje, las escenas de acción son cortas y directas y la trama nunca se ve ofuscada por relleno innecesario. En general, Malpica es consciente desde el principio de lo que quiere contar, y lo hace efectivamente, sin obligarnos a soportar escenas redundantes.

La trama de la novela y los objetivos de sus personajes son modestos para el género, no buscan guiar a un grupo de sobrevivientes a través de un largo viaje lleno de peligro, ni buscan descubrir la verdad de lo que sucedió ese día, simplemente buscan formar una familia y vivir en paz, es esta falta de ‘ambición’ en la historia lo que la hace memorable y al mismo tiempo la distingue de los cientos de historias americanas con premisas similares. Los protagonistas de El Impostor no buscan ni les interesa la Verdad, la Libertad o la Justicia, los grandes temas estadounidenses, si no que sus prioridades revelan quizá el más grande de los valores mexicanos: la Familia.

Referencias

RODRÍGUEZ, A. O. (4 de Octubre de 2018). El nuevo Herald. Obtenido de https://www.elnuevoherald.com/vivir-mejor/artes-letras/article219136815.html

SOLANO, A. (31 de Agosto de 2015). Milenio. Obtenido de http://www.milenio.com/cultura/antonio-malpica-obtiene-premio-iberoamericano-sm