Una canción para Lya: una novela de ciencia ficción de George R. R. Martin.

A song for Lya, una de las historias de ciencia ficción más interesantes de George R. R. Martin.

Por Pepe Galarza

Una canción para Lya es una novela corta de George R. R. Martin, célebre escritor de la saga de fantasía Canción de hielo y fuego, mundialmente conocida por su adaptación en la serie de televisión Juego de tronos.

Escrita en 1974 y ganadora del Premio Hugo a la mejor novela corta en 1975, esta es una de las obras fundamentales de ciencia ficción del autor. Por sus páginas presenta varias de las características clásicas del género (vuelos interplanetarios, coches voladores, espacio-puertos, cuartos con paredes de cristal tintado que cambian de color, tubo elevadores de vacío para personas, o sprays desembriagantes para bajar la borrachera al instante), aderezados con  tintes afines a la fantasía, y un final con un giro de tuerca que sorprenderá a más de uno.

La historia relata la existencia de un planeta similar a la tierra que los humanos comenzaron a habitar. De este lugar en medio de la galaxia, son originarios los shkeen, un raza alienígena, inteligente y antropomórfica la cual lleva  más de 14000 años sin prácticamente ningún cambio en su grado de avance tecnológico. Con piel de color naranja, estatura menor de 1,50, ojos grandes y saltones, piel arrugada y mechones de color rojizo, estos singulares habitantes tienen una vida tranquila sin ningún tipo de preocupación ni problemas como guerras o enfermedades.

Valcarenghi busca entonces a toda costa la explicación de este fenómeno y contrata a dos “talentos” terrícolas, con la capacidad de leer las emociones y los pensamientos de las personas.

La historia plantea que los humanos llegaron a este planeta y fundaron algunas ciudades, a causa de que sus habitantes se mostraron amistosos y no opusieron ninguna resistencia a compartir su territorio. Con el paso del tiempo el administrador planetario de la ciudad humana, Dino Valcarenghi, se percata de que algunos terrícolas se han convertido a la religión de los shkeen: un culto “primitivo”  que comenzó a preocupar a la población debido a sus extraños ritos.

Valcarenghi busca entonces a toda costa la explicación de este fenómeno y contrata a dos “talentos” terrícolas, con la capacidad de leer las emociones y los pensamientos de las personas. Una especie de psicólogos altamente desarrollados llamados Robb y Lya, quienes llegan al planeta con esta misión para darse cuenta, poco a poco, que el culto shkeen llamado La Unión propugna por una especie de suicidio paulatino y colectivo, que cumple con una función social necesaria para la conservación de la cultura autóctona.

Al comenzar su investigación los protagonistas son apoyados por Laurie, una antropóloga que analiza las culturas de sociedades alienígenas, quien se encuentra en el planeta estudiando los pocos cambios tecnológicos de los shkeen. Martin utiliza el termino xenoantropologia para referirse a la profesión del personaje, y hace un guiño a teorías de la antropología que manifiestan que los análisis de culturas ajenas deben ser realizados desde conceptos locales y no traducidos a la cultura dominante.

La explicación de por qué los seres humanos se convierten a la religión shkeen, no radica en situaciones personales inconexas sino en el débil entramado de la vida social que mantienen. Vidas vacías, sin rumbo, inconexas, carentes de relaciones sociales y afectivas, que buscan desesperadamente volver a ser parte de algo.

-Ahora está hablando de la unión -susurro Valcarenghi-. Va unirse y es feliz porque lo desea desde hace mucho tiempo. Se reunirá con sus hermanos en la otra vida.

-No, Dino- intervino Laurie-. Deja de convertir en frases humanas lo que está diciendo. Dice que será sus hermanos. Y la frase implica que también ellos serán él.  

Después Laurie ayuda a Robb y Lya a localizar informantes para poder leer sus mentes, interfiriendo incluso en la relación amorosa de ambos protagonistas. Finalmente Robb y Lya se percatan que la explicación de por qué los seres humanos se convierten a la religión shkeen, no radica en situaciones personales inconexas sino en el débil entramado de la vida social que mantienen. Vidas vacías, sin rumbo, inconexas, carentes de relaciones sociales y afectivas, que buscan desesperadamente volver a ser parte de algo. Una razón primordial que podría legitimar los ritos ancestrales de todas las culturas.

Extenderme más en la descripción de la historia seria arruinar algunas sorpresas que depara y un final que queda para la interpretación de cada conciencia. Al terminarla me dejó la sensación de que Martin utiliza la narración para transmitir un mensaje profundo de lo que es la humanidad, la diversidad cultural y los valores que debieran regir a nuestras sociedades.

Por otro lado aborda un punto de vista más íntimo, una reflexión interesante sobre el amor, la muerte, las barreras emocionales, y la soledad. Algo que sin duda resalta el valor de esta obra que merece la pena ser leída. Una canción para Lya trasciende el género y desmenuza, como ya lo hiciese Martin con su opera prima, la complejidad de la vida humana.