Todo es una simulación: “Laberinto de muerte” de Philip K. Dick

Por Luis Santiago Rubín de Celis

The origin of the Form Destroyer is unclear; it is, for instance, not possible to declare whether (one) he was a separate entity from God from the start, uncreated by God but also self-creating, as is God, or (two) whether the Form Destroyer is an aspect of God…”

 

Philip K. Dick escribió sobre muchas cosas: androides, clones, robots, universos alternos, viajes en el tiempo y en el espacio. Muchas de ellas han sido adaptadas a diversas películas, obras de teatro y series de televisión, sin embargo, ninguna ha tratado sobre Laberinto de muerte, obra de Dick que habla sobre la realidad y los sueños. Y aunque el tema de la percepción de la realidad y las dudas sobre la legitimidad de la misma es un tema recurrente con Dick, Laberinto de muerte logra hacerlo de una manera diferente al resto de sus obras más populares.

La siguiente sección del artículo da un resumen de la historia, que para tener sentido requiere describir algunos de los giros de la trama. Consideren esto un Spoiler Alert.

Eventualmente, la tensión de encontrase en un ambiente hostil y con extraños provoca que los colonizadores se vuelvan violentos entre ellos mismos, culminando en múltiples asesinatos y traiciones.

A veces recordándonos a Inception y a veces a Black Mirror, la novela cuenta la historia de un grupo de personas que por una razón u otra acaban siendo parte de una misión de colonización a un planeta nuevo. Los colonizadores son un grupo diverso que incluye un poco de todo: mecánicos, artistas, doctores, etc. Conforme pasan tiempo en el planeta, los colonizadores comienzan a darse cuenta de que en realidad no están solos (si esto les suena familiar es porque la serie Lost hizo lo mismo). Eventualmente, la tensión de encontrase en un ambiente hostil y con extraños provoca que los colonizadores se vuelvan violentos entre ellos mismos, culminando en múltiples asesinatos y traiciones.

Es en ese punto en que todos los colonizadores despiertan de su sueño o simulación compartida. En realidad, los colonizadores nunca lo fueron, sino que son los integrantes de la tripulación de una nave espacial varada en el espacio sin un motor funcional que los pueda llevar a casa (su equipo para lanzar señales de rescate también está dañado irreparablemente). En la nave tienen aún provisiones suficientes para vivir varios años pero todos ellos están conscientes de que su probabilidad de ser rescatados es nula, así que simplemente deciden vivir el poco tiempo que les queda de vida pasando el rato en simulaciones realizadas por la computadora del vehículo espacial. Las simulaciones crean un mundo alterno especialmente para que los tripulantes interactúen, y se asegura de que ninguno de ellos recuerde quién es realmente mientras estén dentro de la simulación. Cada vez que los tripulantes se encuentran entre ellos dentro del sueño es como si fuera la primera vez que se conocen, y sin embargo, una vez que despiertan en el mundo real son capaces de recordar todo lo que sucedió dentro de la simulación.

Los tripulantes ingresan en la computadora información sobre todas las religiones que conocen, cristianismo, islam, judaísmo, zoroastrismo, etc. Con esta información la computadora es capaz de fusionar y sintetizar una nueva religión dentro de la simulación.

Algo interesante de las simulaciones es que no son exactamente iguales al mundo real, la computadora puede tomar elementos comunes de la vida de los tripulantes y transformarlos en algo diferente, por ejemplo: los tripulantes ingresan en la computadora información sobre todas las religiones que conocen, cristianismo, islam, judaísmo, zoroastrismo, etc. Con esta información la computadora es capaz de fusionar y sintetizar una nueva religión dentro de la simulación. En el caso de la novela, la computadora crea un sincretismo de religiones monoteístas, una mitología propia con figuras religiosas originales: El Libro Sagrado de Specktowsky (Un Libro Sagrado), El Intercesor (Una figura mesiánica), El Destructor de Formas (Una representación del mal); todos conceptos básicos tomados de las religiones ingresadas pero interpretados y transformados en una nueva forma por la simulación. Y, lo más importante, conceptos aceptados por los que incluso sienten devoción los tripulantes, mientras estén dentro de la simulación.

Es este mientras lo que hace de Laberinto de muerte algo tan memorable, el mientras es a lo que se aferran los tripulantes que saben que van a morir, porque jugar a ser otras personas es mejor que simplemente esperar a la muerte. El mientras representa si bien no una esperanza, al menos un escape o una distracción, un nuevo mundo en el que olvidan quienes eran antes, en el que vuelven a vivir, y en el que quizá logren obtener cosas que no tenían en el mundo real, experiencias que cambien fundamentalmente a su yo real en la nave. Porque realmente y (este es el verdadero dilema de la obra) si estuviéramos inmersos en una simulación, aunque una de las reglas de la misma sea que no estemos conscientes de ello, ¿acaso nuestra vida tendría menos sentido? ¿acaso nuestras experiencias y sueños tendrían menos valor por el mero hecho de ser simulados?

Laberinto de muerte nos recuerda lo sencillo que es alterar la percepción, que ser parte de un sueño es indistinguible de ser parte de la realidad, que lo verdadero quizá no tenga tanto valor como el que le damos, porque bien todo podría ser recreado, simulado.

Quizá pocos como Dick hayan podido describir de mejor manera esa sensación de que la realidad no sea la que parece, gracias a estar tan familiarizado con substancias psicotrópicas.

Esta historia, poco conocida a comparación de otros trabajos de Dick, explora el tema de la legitimidad de la realidad y la capacidad de la mente humana de manera muy similar a cómo lo hace la película Inception reemplazando sueños por simulaciones, con un final vago que sugiere que quizá el sueño (o la simulación) nunca terminó. No es un secreto que Philip K. Dick consumía drogas para escribir, anfetaminas, marihuana, mescalina, LSD y PCP eran algunas de sus favoritas. Quizá pocos como Dick hayan podido describir de mejor manera esa sensación de que la realidad no sea la que parece, gracias a estar tan familiarizado con substancias psicotrópicas.

Dando un vistazo en la vida de Philip, podemos observar que el uso crónico de psicoactivos (y quizá una predisposición genética) culminó en que experimentara diversos episodios de alucinaciones y paranoia, como aquella ocasión en la que su casa en California fue robada y la policía tenía sospechas de que el mismo Dick fue quien la había robado en algún estado alterado de consciencia. La idea que él mismo adoptó poco después: creyó que robó su propia casa bajo un estado alterado provocado por control mental de parte del gobierno.

Por desgracia este tipo de episodios no fueron poco comunes en la vida de Philip (Tiempo después Dick recibiría mensajes divinos que le revelarían que la historia se detuvo alrededor del 100A.D., que el Imperio Romano jamás cayó y que su deber era luchar contra el actual Emperador Romano, Richard Nixon) cuya vida terminaría en el 1982. Como suele pasar con muchos autores y artistas, PKD murió poco antes de alcanzar el zenit de su fama y reconocimiento, tres meses antes del estreno del clásico filme de Ridley Scott, Blade Runner (Philip murió en marzo y la película fue estrenada en junio), la cual lo catapultaría a alturas jamás antes alcanzadas de popularidad.