Lo extraordinario en nosotros: pensando Glass de M. Night Shyamalan

Por Chessil Dohvehnain

El mundo del cómic ha inspirado historias fascinantes en el cine, y sin duda uno de los mejores proyectos ha sido la inesperada trilogía de M. Night Shyamalan inaugurada en el año 2000 con El Protegido (Unbreakable, 2000), y continuada mediante el thriller Fragmentado (Split, 2017). Ahora en Glass (2019) Shyamalan ha juntado las historias previas para traernos un cierre ante el cual hay que preguntarnos lo siguiente: ¿Cumplió las expectativas?

El hype inesperado

El final de Fragmentado levantó un hype masivo y sin precedentes para una obra de cine de autor porque prometía, para sorpresa de muchos, un futuro enfrentamiento épico entre La Horda y David Dunn, dos personajes formidables del cine de género construidos con una profundidad pocas veces vista en el cine de estudio, salvo tal vez por la trilogía gótica de Christopher Nolan sobre el Caballero de la Noche.

Con ello queda claro que Shyamalan planeaba cerrar una inesperada obra de tres partes que podemos llamar incluso “inaugural” de la ola del cine de superhéroes en una década en la que hemos sido testigos de la colosal relevancia cultural y económica –quizá incluso hasta política- del género para la industria global del entretenimiento, aunque le pese a detractores como David Cronenberg o Alejandro González Iñárritu.

Glass ha sido recibida con críticas mixtas entre aquellos que saben de cine o incluso entre los fans, donde la media de las opiniones es que por un lado se aprecia la prisa que Shyamalan tenía por terminar la cinta, mientras que por otro se habla de que no es lo que se esperaba del director. También hay críticas positivas, además de que a la fecha de publicación de este texto, la cinta ha recabado más de 200 millones de dólares en taquilla global, donde los mercados top fueron Reino Unido, Rusia y México.

Pero pensándola bien, ahora que ha pasado el éxtasis, podemos realizar un pequeño balance. Para ello, tenemos que tomar en cuenta algo que Shyamalan ha estado diciendo en varias entrevistas: que Glass es la última parte de una trilogía, una historia que llevaba queriendo contar desde hace más de veinte años. Y por ende, para comprenderla debemos tomar en cuenta la estructura del universo narrativo que componen las tres partes como una totalidad.

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¿Y si ellos fueran reales?

¿Y si ellos fueran reales?

Glass nos lleva a la historia final que empezó con El Protegido, centrándonos en el papel protagónico que ahora posee Elijah Price, conocido como El Hombre de Cristal. Al ser un experto en cómics, recordemos que Elijah tiene la teoría de que el mundo del cómic es el último arte visual de una larga tradición en la historia humana que, a través de mitos y leyendas, comprende la velada existencia de lo que hoy conocemos como superhéroes.

David Dunn, quien descubrió sus poderes bajo la tutela de Elijah, ahora se nos presenta como un hombre entrado en años quien lleva mucho tiempo aceptando su identidad: ser un héroe. Por otro lado, Fragmentado se encargó de presentarnos a Kevin Wendell Crumb, un hombre con un historial de abuso infantil que devino en un profundo trastorno de identidad que originó sus más de veinte personalidades distintas, existentes según ellas mismas, para proteger a su vehículo original.

En este contexto es que La Bestia surge como una entidad amalgama con un discurso poderoso y lleno de símbolos casi bíblicos y mesiánicos: proteger y defender a los “puros”, aquellos enfermos o que han sido heridos, abusados, discriminados y apartados de la humanidad, vengándolos mediante el asesinato en masa de los “impuros” que no son otros que los privilegiados socioculturales de nuestro mundo.

Para La Bestia, estos anormales y rechazados son la causa de su evangelio, con el cual pretende traer el fin de la era del hombre como la conocemos. Una premisa que vuelve a David Dunn, el hombre inquebrantable, su antítesis perfecta. Sin embargo su predicación también persigue otro objetivo: revelar al mundo que las personalidades que lo constituyen existen y que la realidad, llena de mentiras modernas y materialistas, no es como la hemos creído.

La bestia
La bestia

Glass: el cierre de una búsqueda por la identidad

La premisa fundamental del universo superheróico de Shyamalan, encarnada en la tesis de Elija Price en El Protegido, es la siguiente: ¿qué pasaría si los superhéroes existieran en el mundo real? A diferencia de las cintas de los estudios dominantes como Marvel, la premisa central en la obra del director opta por abordar el problema de la identidad como el tema principal al que han de enfrentarse los tres antagonistas.

Ese ha sido el encanto fundamental en Fragmentado y El Protegido. Por un lado tenemos la perturbadora búsqueda cuasi religiosa de las personalidades de Kevin Crumb por encontrar un lugar en una sociedad capitalista, posmoderna, en la que su persona es indexada como una patología que lo define como un individuo que no es productivo para el sistema capitalista ni para el mercado, marginándolo de lo que la sociedad concibe como “normal”.

Mientras por otro lado tenemos a David Dunn, el pesimista renuente que acepta lo que es solo después de una relación peligrosa de amistad con Elijah Price. Gracias a la antropología sabemos que las identidades colectivas e individuales son relacionales. Esto es, que se forjan a través de las relaciones sociales que tejemos en comunidad, con otras personas, con nuestro entorno material, animal y natural, por lo que son fluidas, cambian constantemente y tienen historia.

Es por ello que, en el caso de los protagonistas, Elijah solo puede definir su identidad siempre en referencia a David Dunn, como se ve al final de El Protegido, de la misma manera que en Glass tenemos a una Horda que duda de su fe en La Bestia –y por tanto de la solidez de su identidad múltiple-, al enfrentarse a David, el arquetipo de los enemigos de su ideología; el hombre inquebrantable y por ende su peor pesadilla.

Las identidades asumidas de los protagonistas, expresadas simbólicamente por los colores de sus vestimentas –verde de vida y protección para David, morado de realeza para Elija, y ocre ritual para La Horda-, implican un poderoso cambio en su visión del mundo, acentuado por el estupendo score de James Newton Howard (El Protegido) y West Dylan Thordson (Fragmentado y Glass). Y es por ello que ahora vemos a un David conocido como El Centinela por la prensa y los medios, decidido a frenar a La Horda, quien se encuentra en plena misión evangelista.

La tesis central de la trilogía es puesta a prueba de manera lógica y coherente con la introducción del temible personaje de la doctora Ellie Staple, quien funge como representante de la modernidad y del progreso así como del pensamiento científico y racional. Ella es quien se encarga de quebrar las convicciones de los protagonistas en una de las escenas mejor logradas de la cinta, a través de la articulación de un discurso analítico que pretende convencer a David, Kevin y Elijah de la irracionalidad de sus creencias en sí mismos, y por ende, de sus identidades.

El enfrentamiento psicológico con la doctora Staple afecta profundamente a La Horda y a David,  pero esto no parece ser igual para Elijah, quien después de revelarnos que lleva mucho tiempo engañando al hospital, aún firme en su teoría prepara el escenario para una confrontación final entre La Horda y El Centinela con el objetivo de probarle al mundo, de una vez y para siempre, que los superhéroes y los súpervillanos son reales, a través de la formulación de un plan maligno que amenaza las vidas de cientos de personas.

La esperada batalla final termina la muerte de los tres súper humanos, gracias a los esfuerzos de contención de la doctora Staple, quien ante un moribundo Hombre de Cristal y un humillado David Dunn, revela sus verdadera identidad y su pertenencia a la secreta Sociedad del Trébol Negro dedicada a suprimir a aquellos individuos súper humanos, héroes y villanos por igual, desde los tiempos en que surgió la agricultura.

En sus palabras, “no es justo” para la humanidad que pocos enarbolen las increíbles habilidades físicas y mentales que David, Elijah y Kevin poseen, presuntamente para mantener el status quo global. Sin embargo, su propuesta de conversión humanitaria de los “superhéroes”, que presuntamente existen en distintas ciudades, fracasa gracias a las maquinaciones del Hombre de Cristal quien se anticipó a los planes de las fuerzas que buscan minar lo extraordinario en nosotros.

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Un nuevo universo

Un nuevo universo

Esta película es casi un milagro, ya que además de ser uno de esos estrenos esperados a lo grande gracias a su publicidad, El Protegido del año 2000 es una cinta propiedad de Disney vía Buena Vista International, mientras que Fragmentado es propiedad de Universal Pictures. Sin embargo, gracias a un acuerdo inusual entre las partes, M. Night Shyamalan ha logrado llevar a cabo el cierre de su trilogía de bajo presupuesto, de manera interesante.

Visualmente la cinta no aporta técnicas nuevas, salvo por aquellos encuadres y primeros planos tan característicos de la filmografía de Shyamalan. De estos, la primera batalla entre La Horda y El Centinela es fascinante, así como los primeros-primeros planos que vemos entre la doctora Staple y los tres súper humanos durante el enfrentamiento psicológico en el hospital donde son recluidos.

En cuanto a los personajes, para mal se nos muestra a un David Dunn disminuido en su protagonismo, así como a una Casey Cooke algo desencajada, quien ahora muestra tener un extraño vínculo post traumático con Kevin Crumb, después de su experiencia en Fragmentado.

Estos aspectos pueden responder a que ahora se nos presenta un David Dunn viejo que, como dije líneas arriba, lleva casi dos décadas asumiendo su identidad de superhéroe siendo el personaje más predecible y quizá menos interesante del elenco, mientras en otro tenor encontramos al personaje de Taylor-Joy extrañado en virtud del apego que muestra hacia la personalidad original de su secuestrador. Quizá Shyamalan quiso exponer en ella un caso de Síndrome de Estocolmo que deviene en afecto casi patológico que, por desgracia, no terminó de cuajar muy bien.

Sin embargo el regreso de Annia Taylor-Joy y de Spencer Clark como Joseph Dunn, el hijo de David, además de Charlayne Woodard como la madre de Elijah Price, es uno de los mejores aciertos del filme al establecerlos como algo más que personajes secundarios, con un poderoso rol vengador que han de cumplir al final para honrar a sus muertos, frustrando los planes de la sociedad secreta que ejecutó a quienes eran su soporte identitario.

La música de West Dylan Thorson es otro toque aplaudible del filme al lograr transmitir la tensión de momentos cruciales, basada en los acordes originales que James Newton Howard escribió para El Protegido, así como las actuaciones de Sarah Paulson como la nueva rival a vencer, y de Charlayne Woodard, quien es varios años menor que Samuel L. Jackson, a pesar de personificar a su madre.

En términos del guión, cierto es que se siente apresurada en ratos, aunque en varias entrevistas Shyamalan ha reconocido que esa es la historia que él quería contar. Por ende, el final sin duda es un giro inesperado que sorprende para bien o para mal, pero que al mismo tiempo mantiene su claridad y dependencia discursiva con los elementos fundamentales de su universo.

Para el director, al igual que para un herido Elijah, la historia de los tres rivales siempre se trató de una historia de nuevos orígenes inspirados por el mensaje de su existencia, ahora en manos de Casey, el hijo de David, y la madre del Hombre de Cristal.

Y es que la trágica conclusión de los protagonistas, bajo la premisa principal de la obra -¿qué pasaría si los superhéroes existieran en el mundo real?-, busca presentarse como coherente, lógica y por supuesto inesperada, ya que en un escenario de tipo “mundo real” planteado por el director, si los superhéroes no suprimen su identidad, a causa de lo que implica su existencia estos deben morir.

En un mundo en que la teoría de Elijah es real, donde quizá los mitos y las leyendas sobre hazañas extraordinarias y aterradoras a lo largo de la historia humana se fundaron en la existencia de súper humanos como Kevin Crumb, David o el Hombre de Cristal, la existencia de la Sociedad del Trébol Negro no es un elemento artificial o ajeno que Shyamalan se sacara de la manga, ya que incluso esta idea de sociedades secretas, hermandades o fraternidades es algo recurrente en el mundo del cómic.

Sin embargo, aunque el final es prometedor en una época llena de secuelas y universos cinematográficos, el director ha reconocido que para él Glass representa el final de una etapa de su vida, y que por el momento no piensa dar continuación a su obra, la cual se ha ganado respeto por derecho propio gracias a su visión original del simbolismo de un género que marca la pauta de la cultura heroica de nuestros días.

En general, Glass se muestra como un cierre digno y memorable de una de las obras sobre superhéroes más impactantes del siglo XXI que ha demostrado que el género tiene mucho que ofrecer si se le trata de manera adecuada y con la suficiente libertad creativa. Una obra que a pesar de su presupuesto, mantiene un alto estándar narrativo en conjunto así como una fascinante profundidad en sus personajes que las cintas de estudio de superhéroes difícilmente han alcanzado.

Sin duda se agradece que esta trilogía esté separada de la estética y estilo de Marvel o DC. Lo cual le ha permitido plantear cual buen cómic, un poderoso mensaje sobre la identidad humana en nuestros tiempos personificado en las convicciones del Hombre de Cristal, quien es con alta probabilidad uno de los mejores súper villanos del cine contemporáneo: creer en uno mismo es quizá la fuente de todo lo extraordinario en nosotros.