Los procesos de Tokio

Los 11 jueces originales de los Juicios

Por Luis Santiago Rubín de Celis 

Los procesos de Tokio es una mini-serie histórica co-producida por estudios japoneses, holandeses y canadienses que muestra los eventos que tomaron lugar en el Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente, en donde, de 1946 a 1948, se llevaron a cabo los Juicios de Tokio, en los cuales se juzgaron veintiocho líderes políticos y militares japoneses después de la Segunda Guerra Mundial.

La corte del Tribunal estaba conformada por once jueces, cada uno de nacionalidad diferente y proveniente de una nación aliada (Australia, Canadá, China, los Estados Unidos, Francia, las Filipinas, la India Británica, Nueva Zelanda, los Países Bajos, el Reino Unido y la Unión Soviética). Los acusados enfrentaban cargos que incluían: comenzar guerras de agresión, asesinato, y crímenes de guerra convencionales contra prisioneros, civiles y habitantes de territorios ocupados.

En el aspecto técnico Los procesos de Tokio está impecablemente producida, los sets y la ambientación están muy apegados a la historia y la actuación de los protagonistas no deja nada que desear. Al igual que en el tribunal real, los jueces se comunican principalmente en inglés (el idioma principal de la mayoría de las naciones aliadas), pero a lo largo de la serie es posible escuchar holandés, japonés, ruso, alemán y francés, un detalle que en lo personal me parece extraordinario y necesario para conservar la seriedad de la producción (El general Zaryanov, representante de la Unión Soviética por ejemplo, no sabe hablar inglés, por lo que siempre tiene una intérprete a su lado, y podemos ver la dificultad que causa esto en la comunicación entre los jueces).

Más allá de lo técnico, Los procesos de Tokio es una exploración de los conflictos éticos que surgen de una situación tan compleja como lo es presidir un juicio, en un contexto en el cual la definición de crimen de guerra ha cambiado gracias a un conflicto de una escala mucho mayor de lo que se había visto antes en el mundo, en el cual hubo actos tan terribles que fue necesario crear la denominación de crímenes contra la humanidad y en el que se revelaron armas que podían destruir ciudades enteras en cuestión de minutos.

Juicios
Los juicios, 1946-1948.

Gran parte de los acusados en los juicios enfrentaban el cargo de haber comenzado guerras de agresión, es decir, iniciar y formar parte de guerras que no contaban con un casus belli legítimo a los ojos de la comunidad internacional. Esta es una de las causas principales de conflicto entre los jueces del tribunal, ya que un par de ellos señala que antes de la Segunda Guerra Mundial la definición de guerras de agresión no existía, y por lo tanto no era ilegal comenzar una. La preocupación principal de estos jueces es que se creó una ley ex post facto para juzgar algo que ya había sucedido, mientras que otro grupo de jueces desea apegarse al pie de la letra a los precedentes marcados por los juicios de Nüremberg, temiendo que cualquier desviación de los mismos pueda cuestionar la legitimidad de ambos tribunales.

El corazón de los debates de los juicios radica en las distintas maneras en que los jueces creen que la justicia y la ley deben evolucionar. Los que condenan juzgar criminales con una ley que no existía al realizarse el hecho sostienen que la justicia debe avanzar metódica y consistentemente, y que crear excepciones en esta es algo fundamentalmente incorrecto. Mientras, el otro grupo sostiene que la ley debe responder a las circunstancias que la rodean y que la creación de una ley ex post facto es tolerable si implica que actos similares (iniciar guerras de agresión) no sean cometidos en el futuro.

Existe también una crítica decolonial: el juez de la India (la cual en ese entonces aún era colonia británica), sostiene que la invasión por parte de Japón a gran parte de Asia (aún compuesta en gran parte por colonias occidentales), en busca de recursos y para la creación de la Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental—concepto creado por el Imperio Japonés que consistía en un “bloque de naciones asiáticas lideradas por Japón y libres de la influencia europea”— era fundamentalmente idéntica a las invasiones de naciones occidentales que resultaron en la creación de sus colonias.

Juicios 3
Hideki Tōjō compareciendo ante el tribunal

Otro punto de impostura en las deliberaciones de los jueces es el de la responsabilidad personal contra la responsabilidad colectiva. En una escena podemos ver el testimonio de Shigenori Tōgō, Ministro de Asuntos Externos del gobierno Imperial, quien enfrenta cargos de provocar una guerra de agresión (en el sistema de gobierno imperial, la decisión de ir a la guerra debía ser aprobada unánimemente por el gabinete entero).  Tōgō, quien siempre estuvo en contra de la guerra contra Estados Unidos, finalmente accedió a la presión social del resto del gabinete y voto a favor de la misma, a pesar de no estar personalmente de acuerdo. En caso de que Tōgō se hubiera negado, el gabinete entero debía renunciar a sus puestos y un nuevo gabinete sería formado. El conflicto entonces radica en el grado de culpabilidad que debía asignarse a Tōgō y a oficiales en circunstancias similares. Aunque quizá sea especulación, el clima político en el Japón Imperial de ese entonces era evidentemente pro-guerra, y la disolución de un gabinete podría tener como resultado la elección de un nuevo gabinete totalmente a favor de la guerra, la decisión de Tōgō entonces puede ser vista como un último intento de conservar influencia en el gobierno y ser una fuerza moderadora de los elementos agresivos del mismo. Gran parte de los jueces sostiene que independientemente de las circunstancias Tōgō, éste siempre pudo negarse a la guerra, y por ende es responsable directo de sus tragedias. Un par de jueces sin embargo observan que en una sociedad tan colectivista como Japón, Tōgō realmente no tenía opción y su actuar no fue necesariamente malicioso.

Además de las discusiones entre los mismos jueces podemos ver su interacción con otras personas afectadas por la guerra. El protagonista y juez holandés Röling entabla amistad tanto con un escritor japonés de renombre y una pianista alemana atrapada en Japón desde el comienzo de la guerra. A través de ellos logra ver una realidad distinta a lo que ve diariamente en los juicios, logra ver el lado más humano de Japón, a un pueblo que creía ciegamente en su gobierno y que se siente traicionado por el mismo, un pueblo que hasta el momento de los juicios realmente no era consciente de los actos del ejército y la marina.

Tokyo Trial la serie
Toky Trial: la serie

La inequidad o quizá injusticia del Tribunal no es ignorada por la serie, el hecho de que solamente los ganadores de la guerra sean capaces de juzgar los actos de los perdedores es señalado varias veces: la falta de representantes de Japón en el tribunal por ejemplo. A pesar de la enorme cantidad de muertes de civiles que resultaron del Bombardeo de Tokio (de la cual se estiman más de 100,000 civiles muertos y más de un millón de heridos, número mayor del causado por las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki) y los bombardeos nucleares, es notable que ningún líder aliado es juzgado por crímenes de guerra. Quizá este contraste pueda ser resumido por esta cita de Ben Bruce Blakeney, abogado de la defensa de los acusados japoneses: “Si la muerte del almirante Kidd en el bombardeo de Pearl Harbor es asesinato, entonces conocemos el nombre del mismísimo hombre cuyas manos soltaron la bomba atómica en Hiroshima”.

En general, Los procesos de Tokio es una excelente mini-serie que aborda dilemas éticos de manera prudente y que al mismo tiempo entretiene y asombra con su gran atención al detalle histórico que posee. Sin duda una obra que vale la pena ver.