Quizás en un futuro: “Soñarán en el jardín”, o los anhelos de una ciencia ficción feminista

Por Andrea Lárraga

Convertía el dolor de los otros en la memoria de uno.

Convertía el dolor, que es largo y natural y que siempre vence,

en memoria particular, que es humana

y breve y que siempre se escabulle.

Roberto Bolaño, 2666

¿Por qué me gusta la ciencia ficción? Me lo pregunté hace un par de años cuando leía a Asimov y H.G. Wells y veía películas de futuros distópicos, en cuya mayoría la humanidad tenía que modificarse para sobrevivir. Me emocionaba pensar en realidades que nada tenían que ver con mi día a día.

La respuesta a la pregunta llegó hace poco tiempo, cuando en mi Facebook apareció un video sobre las predicciones de nuestro presente tecnológico que se atribuyen a la serie animada Los Supersónicos. Al darme cuenta que puedo realizar videollamadas, tener un smartwatch y subirme a una banda transportadora en el aeropuerto, entendí que adoro la ciencia ficción por su sentido de eventualidad. Por más terribles que parezcan, los futuros imaginados contienen la posibilidad de convertirse en realidad.

En ese sentido, me gustaría que el futuro propuesto por Gabriela Damián Miravate en el cuento ganador del premio Tiptree 2018, Soñarán en el jardín, se convierta un día en realidad: un México sin feminicidios. El relato propone un futuro no tan lejano dónde existe un jardín con hologramas programados con los datos de las miles de mujeres que han sido asesinadas en nuestro país.

La inteligencia artificial del relato permite que aquellas mujeres cuya vida fue arrebatada, dialoguen con los visitantes con la finalidad de crear en estos consciencia sobre los feminicidios. En el cuento, tal panorama es posible gracias a la empatía que se da entre mujeres.

Las Argüenderas hicieron un pacto: se cuidarían las unas a las otras. ¿Novios o padres golpeadores, jefes abusivos? A ver si podían con todas al mismo tiempo. Cuando una de ellas pedía ayuda, el resto acudía en tropel para que a sus agresores les quedara claro que no la dejarían sola. Crecieron hasta formar un ejército compuesto por mujeres de todas las edades que iba a donde hiciera falta su presencia. Empezaron a aparecer en las noticias, a ser tomadas en cuenta, a dar consejos.

Fragmento de Soñarán en el jardín.

Gabriela Damián logra transcribir los deseos de miles de mujeres en su narrativa, la cual no es sólo idealista y miel sobre hojuelas, como indican las líneas anteriores. Ejemplo de ello es el epígrafe de Erika Nohemí Carrillo, que abre el relato:

Metas a corto y largo plazo:

-Entrar a natación
-Trabajar duro para pagar la inscripción de la escuela
-Juntar dinero para el Cervantino
-Hacer el clóset
-Pintar la casa en septiembre
-Comprar las sillas del comedor
-Comprarme unos zapatos
-Leer a Platón
-Hablar y ser simpática con la gente.

Nota de puño y letra de Erika Nohemí Carrillo (en una fotografía de Mayra Martell)

Erika Nohemí Carrillo escribió sus metas en una fotografía. Una que su madre diariamente lee al ya no albergar esperanza alguna por encontrar a su hija viva. Porque Erika Nohemí desapareció hace veinte años en Chihuahua. Como Erika, en México existen miles de historias igual de desgarradoras. Y es entonces que Soñarán en el jardín se convierte en un homenaje crudo, pero esperanzador; un oximoron necesario para describir los sentimientos que provoca la lectura del relato para todas aquellas que han tenido un final inadvertido.

La vida es una trama única, un hilo dentro del gran tapiz, y si se rompe, no será el mismo hilo el que lo reemplace. No es posible remendar la carne, la sangre, el aliento, el aprendizaje, los deseos. El futuro.

Fragmento de Soñarán en el jardín.

En sus líneas Gabriela Damián deja claro que por más datos programados en cada uno de los hologramas, la vida arrebatada no regresará. Los sueños de cada una de las mujeres que forman parte del jardín no se convertirán en realidad, pues fueron arrebatos en cada asesinato. Y es ahí donde la ciencia ficción nos recuerda que solo plantea una posibilidad de futuro, pero que no modifica las acciones del pasado.

Me gusta imaginar que en unos cuántos años más todas las mujeres del país nos uniremos para defendernos unas a otras. Porque me gusta pensar en un país donde seamos escuchadas y no juzgadas por exigir seguridad. Por ello pienso que Soñarán en el jardín es una de esas historias que necesitamos para seguir luchando por un país donde dejen de matarnos por ser mujeres, para poder caminar por las calles sin tener miedo a no regresar o ser tratadas como objetos sexuales debido a la injustificada excusa de que nuestra apariencia o ropa componen un llamado animal de apareamiento.

Pero sobre todo, es una de las historias que necesitan leer todos aquellos que critican las luchas feministas, pues nos recuerda que cada número en las cifras de feminicidios que a diario se actualizan en nuestro país, son mujeres con familia, amigos, trabajo y sueños arrebatados. Nos recuerda que todas las madres, jóvenes, ancianas y niñas somos vulnerables de ser asesinadas en nuestro país.

Hubo un tiempo en que nadie las llamaba siluetas. Sus familias iban a visitarlas y se sentían casi felices. La maestra vio cumplido el anhelo de Las Argüenderas cuando las madres y los padres, y las hermanas y hermanos, y sus amistades, las veían dentro del jardín, vivas, sonrientes. Sentían esa dicha que la justicia no les había podido dar. Como es natural, muchas familias desaparecieron con el paso de los años, arrastradas por el río de la vida, de los quehaceres, los afectos. Pero algunas no volverían porque el jardín no les compensaba de ninguna manera. “No son ellas”, decían.

Fragmento de Soñarán en el jardín.

Si quieres leer el cuento, lo puedes encontrar disponible en el siguiente enlace: http://www.latinamericanliteraturetoday.org/es/2018/mayo/so%C3%B1ar%C3%A1n-en-el-jard%C3%ADn-de-gabriela-dami%C3%A1n-miravete

*La imagen destacada de este artículo es una sección de la imagen original, propiedad de la artista Mariana Palova. Se trata de una obra de estilo holográfico, elaborada bajo comisión para el Premio Tiptree que Gabriela Damián Miravete ganó en 2018. Puedes seguir a Mariana en su cuenta de Twitter @marianapalova, a la escritora Gabriela Damián (@gabrielintica), y a la autora de este texto (@larragaz) tambien en Twitter.