La broma macabra: sobre Prometheus, de Ridley Scott

La broma macabra, por Hilario Peña

Practico el deporte extremo de defender Prometheus (Ridley Scott, 2012), película que todos los fans de la franquicia Alien parecen detestar.

Pero la considero una obra maestra porque es la única que ha logrado plasmar visualmente —sin recursos traídos de otras disciplinas, como parlamentos, texto insertado o voz en off— la creación del ser humano como una broma macabra. Me refiero a la escena que abre la película, con el ingeniero sacrificándose en la cascada.

De hecho, la considero también una adaptación libre de En las montañas de la locura (HP Lovecraft, 1936), donde los ingenieros aparecen en lugar de los antiguos. En vez de crear a los shoggoths para ayudarles en sus labores de ganadería y agricultura, los ingenieros crean el limo negro como arma. Mientras que los primordiales casi son exterminados por los shoggoths; los ingenieros son exterminados por el limo negro. Aquí hay otra coincidencia: tanto el limo negro como los shoggoths son criaturas protoplásmicas.

Ambas razas superiores, tanto los ingenieros como los antiguos, en ambas historias, manufacturan al ser humano como una broma macabra.

Los críticos le reprocharon a la cinta el que el personaje de Charlize Theron no se haya hecho a un lado, para evitar que la nave la aplastara; o que el biólogo haya intentado jugar con la serpiente alien antes de que ésta se lo comiera. No debatiré estos argumentos porque, francamente, me parecen estúpidos. Como si obras maestras del horror cósmico como The Thing (John Carpenter, 1982) o la misma Alien (Ridley Scott, 1979) no tuvieran agujeros en sus respectivas tramas.

También le reprochan a la película el que proponga preguntas que no responde. ¿A quién le interesan las respuestas? Para mí lo importante son las preguntas.

Hace poco me enteré que había una escena removida del guion en la que Jesucristo pasaba sus años mozos en el planeta de los ingenieros, antes de regresar a la Tierra a esparcir el mensaje de estos. Los ingenieros planeaban enviarnos el limo negro como castigo divino porque seguimos con nuestras guerras y aberraciones, como beber Tecate Light, irle al América, usar pantalones skinny, y mezclar reggaeton con banda.

 

*Hilario Peña es escritor mexicano de western y ficción extraña, amante del sci fi y  radicado en Tijuana. Es autor de las novelas Detective Malasuerte (2019, Editorial Planeta), y Un pueblo llamado Redención (2017, Editorial Grijalbo), que bajo el título de Cornelio Callahan, le valió el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero en 2016. La broma macabra es la sección en The Fiction Review de opiniones, críticas y artículos de Hilario. Puedes seguir sus momazos en Facebook (Hilario Peña) y Twitter (@HilarioPenia).