Las claves para entender a Anonymous: juventud y ciberespacio

Por Ronnie Medellín

“Somos legión. No perdonamos. No olvidamos. Espéranos. Anonymous”. Cuando escuché por primera vez el lema Anonymous en un vídeo de Youtube saltaron a mi mente un sin fin de referencias, desde la biblia, recordando al hombre exorcizado por Jesucristo en el evangelio de Marcos, hasta la vieja serie de tintes ciberpunk llamada Max Headroom. Anonymous es un grupo de activistas que han decidido volcarse al mundo del ciberespacio con la finalidad de protestar en torno a problemáticas actuales, casi todas ellas relacionadas con la libertad de información, proponiendo así una nueva forma de luchar desde la trinchera tecnológica, con la parafernalia de las nuevas redes sociales y servidores de vídeo como Youtube. Anonymous es un movimiento que se veía venir ya desde los noventas y las representaciones de disckjockeys o vaqueros informáticos que pueblan la literatura de William Gibson. Anonymous es el aviso de tiempos presentes anunciados en un pasado, es un movimiento vivo que está relacionado con viejas referencias de la cultura popular naciente de los años ochentas, e influenciada por un pensamiento que ha progresado desde los años sesentas hasta la actualidad en una versión decadente y del puro estilo de la ciencia ficción.

Pero descifremos Anonymous, analicemos sus referencias directas y aquellas que se encierran en un pasado tecnológico poco conocido a nivel popular. El nombre de Anonymous como lo conocemos aparece al mundo por primera vez en titulares de periódico con el caso de Wikileaks, página que develó algunos cables y mensajes privados de diferentes dependencias del gobierno de los Estados Unidos . Anonymous es un referente histórico del evento en sí, con un canal conocido de YouTube, exigiendo la liberación de su creador Assange. Con una máscara de Guy Fawkes y una voz distorsionada, los videos rondaron por la red, fotografías de protestas físicas se postraron ante el mundo como una especie de gran broma que iba en serio. Famosa por la película de V for Vendetta, la máscara se volvió un icono. La película de igual forma, basada en el cómic del mismo nombre del escritor Alan Moore, una lectura obligada para esta nueva juventud de activistas. ¿Pero quién es Vendetta, ese personaje con características de Fantómas dentro de un gobierno represor al puro estilo orweliano? Sólo cabe recordar su novela titulada 1984 donde el gobierno era una imagen de los viejos regímenes totalitarios de aquel imperialismo de la Primera Guerra Mundial y personificado desde la imagen del Gran Hermano (referencia directa a la imagen Lenin en todos los hogares de la Rusia comunista).

Anonymous está basado en la colectividad, son actores jóvenes en una estructura sin estructura. O como uno de sus mismos miembros lo dijo para un periódico, es una (des)organización: una legión de sujetos que están organizados para el ataque, donde probablemente la vida ya no depende de la individualidad de cada uno sino de la supervivencia colectiva que cada uno de ellos le ha dado al movimiento.”

Alan Moore estaba inspirado, había puesto sobre la pluma del guión toda su rabia contra un régimen Tatcherano del cual había huido. Es curioso, pero el principio de la novela gráfica es el caos, la voluntad del ciudadano sobre el gobierno corrupto y de derecha, un imperio que controla todo lo que se genera en los medios, que lava el cerebro con despliegues mediáticos sobre ataques de otras naciones inexistentes, terrorismo de falsa bandera y brotes de enfermedades que mantiene a un pueblo en miedo. La novela gráfica tiene todo el pensamiento de filosofía de Crowley y su famosa frase “La única ley es tu voluntad”. Aleister Crowley un tipo que llegó ha estar inmiscuido en la cultura inglesa y que se puede ver su influencia en lugares tan populares como la portada del disco de los Beatles, música underground como Current 93 y tan popular como los White Stripes. Anonymous está basado en la colectividad, son actores jóvenes en una estructura sin estructura. O como uno de sus mismos miembros lo dijo para un periódico, es una (des)organización: una legión de sujetos que están organizados para el ataque, donde probablemente la vida ya no depende de la individualidad de cada uno sino de la supervivencia colectiva que cada uno de ellos le ha dado al movimiento.

“El hacker más peligroso del mundo no tenía acceso al teléfono, tenían miedo de que este activara un código por medio telefónico, qué viejos tiempos aquellos.”

La Aldea Global de Mcluhan (1995) ha sido superada, la prospectiva de miedos ahora se estructura en la red mundial conocida como la WWW, las problemáticas de tipo mundial, nadie está ajeno a ello. Sin importar cuántos usuarios estén conectados, los medios, que son los que utilizan estos conceptos excluyentes están afectados. Todos se han vuelto locos, gobiernos, empresas y transnacionales son parte de este activismo anónimo. Las redes sociales y los medios impresos y audiovisuales hablan de ellos, el mensaje ha sido difundido, se ha superado el movimiento hippie de los primeros hackers, los viejos piratas de la radio que transmitían a grupos como los Grateful Deads. Pero Assange no es el primer mártir del movimiento hacker, tenemos a los viejos piratas fundadores de la actual Apple, y sin olvidar el escándalo de los noventas con Kevin Mitnick, es cosa de recordar los viejos parajes de los hackers de las cavernas, imágenes difundidas en toda la red pidiendo su liberación de la cárcel. El hacker más peligroso del mundo no tenía acceso al teléfono, tenían miedo de que este activara un código por medio telefónico, qué viejos tiempos aquellos. Los hackers siempre han existido, desde el uso del ábaco dicen algunos, desde el uso del LSD y la nueva programación mental por medio de las drogas sintéticas, viejos piratas de los alucinógenos, patentando no sólo un estado mental sino un estado de vida. Viejos piratas que nunca fueron anónimos sino críticos de un sistema bajo el influjo de alguna droga.

“El hacker evoluciona pero sigue siendo un llanero solitario, su estereotipo es Loyd Blankenship, hacker conocido por su penetración en varios sistemas gubernamentales, creador del manifiesto hacker y del juego de rol Cyberpunk, que después inspiraría la película “Hackers,”

Pero llegaron los años ochenta, la literatura ciberpunk, que trajo consigo una estética, un manifiesto y todo un sentido de vivir. Se habla de un futuro decadente, las transnacionales han poblado el mundo, Blade Runner ya no representa el futuro sino una perspectiva a corto plazo, apabullante, que ofrece un panorama de cómo sobrevivir a esos nuevos tiempos de lo sintético. Ya no es ciencia ficción en todo el sentido de la palabra, es la nueva prosa que augura el futuro incierto y oscuro, poblado de la entropía corporativa. En los años ochenta comienzan a hacer gala los primeros hackers, y con la Guerra Fría encima películas como Wargames, protagonizada por Matthew Broderick, alertan al mundo de lo que un joven puede hacer con una computadora personal. El hacker evoluciona pero sigue siendo un llanero solitario, su estereotipo es Loyd Blankenship, hacker conocido por su penetración en varios sistemas gubernamentales, creador del manifiesto hacker y del juego de rol Cyberpunk, que después inspiraría la película “Hackers,” protagonizada por una joven llamada Angelina Jolie en los noventas.

“(…) Además la aparición del hacker más famoso de todos los tiempos Kevin Mitnick. Calificado como el criminal más buscado en la historia por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos por su penetración en empresas como Motorola, Nokia y por colocar “patas para arriba” a AT&T

Es así como la historia del hacking comienza a escribirse, desfilan nombres importantes como Robet Tappan, conocido por ser el primer hacker procesado por la ley de fraude computacional; además la aparición del hacker más famoso de todos los tiempos Kevin Mitnick. Calificado como el criminal más buscado en la historia por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos por su penetración en empresas como Motorola, Nokia y por colocar “patas para arriba” a AT&T. Su nombre quedó registrado en la detención del 95, por primera vez la foto de un hacker había cobrado fama en los noticieros y revistas de computadoras. Los pocos usuarios de internet en los años noventa lograron conocerlo gracias a las enormes campañas y memes de aquel entonces, que buscaban la liberación de un “genio” de las computadoras.

¿Dónde queda Anonymous en todo esto? Detrás de cada uno de estos jóvenes hackers había un equipo que ayudaba, y que de alguna manera nunca reveló su rostro, estos se fueron fundiendo dentro de las grandes compañías de software pero muchos otros siguieron resistiendo. Una resistencia falsa y sin sentido alguno, hablaban de grandes sueños como la liberación de información y la apertura del Internet al mundo. Pero no es hasta principios del siglo XXI que nacen los we medias, plataformas interactivas para el usuario novato, jóvenes en su mayoría, aquellos que gustaban de expresarse en medios personales, llámense blogs o pequeños foros sociales de programación simple, donde las discusiones se modificaron a temas de videojuegos, cracking, hacking, phreacking y una que otra penuria nerd del tiempo de las problemáticas sociales, sin dejar de lado una nueva forma de hacer historia a partir del relato diario de los nuevos internautas. El Internet cada vez es más cercano al populo y no tiene límites, los buscadores se profesionalizan y se agilizan con el paso del crecimiento de los usuarios. Los chats de programación sencilla son un gran motivo para introducir grandes masas de usuarios que hacen del Internet una nueva caja boba. El Internet ya no es de inadaptados, Linux reaparece a partir de la marca Ubuntu: ahora todos pueden ser unos súper usuarios. Y es aquí exactamente en este punto donde Anonymus nace, sin hablar de las historias y crónicas largas del movimiento en sí. Muchos de ellos ya tenían tiempo buscando un motivo de rebelión, programando y penetrando sistemas, pero Anonymous no son sólo hackers profesionales, Anonymous es la voz de una Aldea Global encerrada en conexiones de nodos y complejas redes, donde usuarios comunes y corrientes pueden apoyar un movimiento de hacktivistas sin necesidad de saber una pizca de programación.

“Por cierto… ellos también son legión y parte de un zeitgeist de consumo y de acceso desmedido y sin sentido de tecnologías empleadas al chisme cibernético y al morbo pueril.”

El boom del Internet y el principio del exceso mercantilista de tecnología digital encaminada hacia su utilización, propician que diferentes tipos de usuarios converjan, discutan y se alarmen de lo que está sucediendo en el mundo conectado. Por primera vez la gente “normal” tiene miedo de perder información, de sentirse invadido. Tiene miedo de no poder bajar el disco de moda, pero también se involucra en el recelo de los hackers por la protección a la información, en esa vieja utopía que pocos han dado su vida como Richard Stalman, creador del proyecto GNU del cual se han derivado varios software de licencia libre. Anonymous es una amalgama de historia y de historias encerradas en la red. No son sólo hackers, sino son usuarios de Internet que difunden sus videos de YouTube, que colocan la imagen de Guy Fawkes en sus perfiles de Facebook, son redes sociales de actualidad, son los medios tradicionales que de forma amarillista y sensacionalista inundan sus noticias con estos hacktivistas sin rostros. Son un proceso histórico de una red que no han tenido un objetivo fijo más que el vender mercancías nunca antes vistas como la amistad y el deseo de perfiles engalanados que en la realidad nunca se les hubiera dado tanta importancia. Le deben a Alan Moore y a David Loyd frases, objetivos y símbolos. Son deudores también de una historia de programadores que han vivido bajo las cloacas del ciberespacio creando programas complejos y hojas de entras de programación. Son Facebook, Youtube y Twitter ya que son los medios donde su mensaje se expande de forma viral. Son la gente que hace repost de sus noticias, coloca sus videos y retwittea sus mensajes. Son parte de la máquina corporativista y de las grandes cadenas de tiendas que dan acceso a los transeúntes virtuales y simples mortales abonos chiquitos para pagar una computadora. Por cierto… ellos también son legión y parte de un zeitgeist de consumo y de acceso desmedido y sin sentido de tecnologías empleadas al chisme cibernético y al morbo pueril.

“El hacking se ha convertido en el nuevo tag del grafiti sobre la pared, la palabra del otro que se opone contra el más fuerte.”

Aunque Anonymous intenta ser una masa, una entidad sin nombre, edad ni nación, las detenciones mundiales contra esta organización han desenmascarado una nutrida red de jóvenes menores de dieciocho años que se ha volcado en contra de distintos sistemas y empresas que consideran amenazantes o que restringen ciertas libertades. Los jóvenes han encontrado una serie de símbolos y organizaciones alternas a las conocidas hasta ahora. Una base de resistencia que va más allá de las protestas tradicionales: las marchas, los paros o huelgas. El hacking se ha convertido en el nuevo tag del grafiti sobre la pared, la palabra del otro que se opone contra el más fuerte. Y es que como menciona Battoccio: Hay que destacar que aunque “los nuevos movimientos sociales” siguen aún vigentes, con el tiempo han ido incorporando nuevas luchas y nuevas formas de concebir y materializar otras reivindicaciones.

Es decir, el joven que está frente una computadora no es sinónimo de pérdida de tiempo, es ahí donde éste o muchos otros interactúan, comercian, trabajan y hasta posiblemente denuncien. Es una plataforma nueva para las generaciones nuevas, pero para ellos es una herramienta básica de supervivencia. No es extraño que el activismo haya permeado esta actividad vinculada con el internet y la informática. Anonymous es un síntoma de nuestro tiempo, su famoso lema refleja su carácter antiideológico, su naturaleza revanchista de “vigilante” —al estilo de los súperhéroes de cómic—. Pero, paralelamente a ese lado comprometido, el orgullo del grupo radica en el lulz, en divertirse a expensas de la miseria de sus enemigos. No hay formalismos de pertenencia a Anonymous y cualquier persona o grupo puede operar como una célula, interpretando los objetivos de la organización. Con sus obvias deficiencias, Anonymous es el símbolo de la desobediencia civil de nuestro tiempo.