Reseña de Winter Tide, de Ruthanna Emrys

Por Hilario Peña

En el estado de Massachusetts solía haber un puerto decrépito y aislado llamado Innsmouth, donde la mayoría de las personas eran anfibias, escamosas y contaban con unos ojos grandes y saltones. Estos hombres-pez eran miembros de la Esotérica Orden de Dagon y mantenían un pacto blasfemo con unas criaturas marinas conocidas como los Profundos. Una redada orquestada por el Departamento del Tesoro puso al puerto bajo control del gobierno federal (Ver La sombra sobre Innsmouth, H.P. Lovecraft, 1936).


Los hermanos innsmoutheños Aphra y Caleb Marsh terminaron en un campo de concentración para japoneses, luego del ataque a Pearl Harbor. Por tener asuntos más importantes de qué preocuparse, el Tío Sam pronto se olvidó de los anfibios, quienes tenían pocas posibilidades de sobrevivir en el desierto. Durante la Segunda Guerra Mundial los niños innsmoutheños vivieron con los Koto, una familia nipona que los crio como sus hijos. El clima seco era mortal para los anfibios, pero los Koto se esmeraron en mantener hidratados a los niños en todo momento. Al concluir el conflicto bélico, los Koto, con todo y Aphra y Caleb Marsh, regresaron a su hogar en San Francisco, donde lograron vivir de manera más o menos normal.

Durante la Guerra Fría, el FBI descubre que hay elementos de la KGB infiltrados en la Miskatonic University, donde, por medio de la ciencia oculta, la magia negra y la literatura esotérica contenida en su biblioteca —libros como el Liber Ivonis, el Cultes des Goules, el Unaussprechlichen Kulten, el De Vermis Mysteriis y, por supuesto, el Necronomicon—, pretenden aprender a viajar en el tiempo ocupando cuerpos ajenos (Ver En la noche de los tiempos, H.P. Lovecraft, 1936). El agente federal Ron Spector le pide a Aphra que le ayude, usando la magia aprendida en su niñez, a encontrar a los espías rusos.


Esta es la ingeniosa premisa presentada por Winter Tide, novela escrita por Ruthanna Emrys.

Así como los mitos y seres primigenios de Lovecraft eran alimentados por su miedo, racismo y xenofobia, Ruthanna Emrys echa mano de estos mismos mitos y seres primigenios y los alimenta con su feminismo y su denuncia social y política. Los héroes son villanos y los villanos son héroes en este mundo lovecraftiano al revés. Por ejemplo, Asenath Waite, la malvada suplantadora de cuerpos que aparece en El ser en el umbral (H.P. Lovecraft, 1937), aquí es una mujer empoderada y la primera en ser admitida en la machista Miskatonic University, donde solventó la discriminación y el acoso perpetrado por el cuerpo docente. Asenath Waite es un antepasado de Aphra Marsh y mi personaje favorito, a pesar de que ya está muerta para cuando ocurren los eventos narrados en esta historia.


Otro ejemplo: cuando lees ‘La sombra sobre Innsmouth’ ya quieres que el gobierno capture a todos los miembros de La Esotérica Orden de Dagon pero cuando lees a Emrys caes en la cuenta de que los innsmoutheños no le estaban haciendo daño a nadie y que su único pecado era ser diferentes.

Los problemas de Winter Tide son su ritmo lento y un tono melancólico que no me acaba de gustar. Aphra Marsh se presenta en todo momento como una tediosa y aburrida víctima del sistema, mientras que el agente Ron Spector es un personaje demasiado pasivo que jamás se deshace de la culpa que lo embarga por representar a un gobierno represor y tirano.

Al final es difícil quejarse de una novela que mezcla espionaje, mitos de Cthulhu y Guerra Fría. Le doy tres estrellitas de cinco.