Seré tu bestia: ¿BEASTARS y la fantasía de una masculinidad alternativa?

Por Chessil Dohvehnain

No me gustaban los furros pero BEASTARS me hizo cambiar de opinión. La historia de Legoshi, el conflictuado lobo gris enamorado de Haru, la complicada coneja blanca que ejerce su sexualidad como medio de empoderamiento y control, resultó ser más interesante de lo que uno podría pensar a primera vista, ya que plantea cuestiones muy importantes, entre ellas la siguiente: ¿Un “hombre” puede ser algo distinto a lo que la sociedad espera de él?

BEASTARS se desarrolla en un mundo fantástico donde los animales han alcanzado una evolución que los puso en la cima del árbol de la vida. Una sociedad antropomorfizada donde la coexistencia entre carnívoros y herbívoros depende de poderosas pero frágiles premisas. Aquellos animales ejemplares que fomenten la paz entre especies, el dominio de los instintos y la idea de que para vivir en plenitud la coexistencia armónica es el único camino, serán elegidos como BEASTARS y recompensados con la admiración social, la gloria y el éxito profesional, social e incluso político.

A Legoshi, un poderoso carnívoro, esto no le importa mucho. Acostumbrado y resignado a la discriminación y el miedo, el joven lobo gris ha decidido vivir en represión, convenciéndose de que la negación de sus emociones e instintos son los pilares de la vida que está determinado a vivir. Esto no le impide del todo ser funcional. Asiste a la preparatoria de Cherrytown, está en el club de teatro, e incluso tiene un par de amigos cercanos, como Jack el labrador, o Tem, una alpaca que es asesinada y devorada dentro de la escuela.

¿Un “hombre” puede ser algo distinto a lo que la sociedad espera de él?

La cruel muerte de Tem desata una ola de inseguridad, desconfianza y terror en el instituto, a la par que en el exterior del campus la ciudad lidia con el paulatino auge de asesinatos perpetrados por carnívoros. Rouis, el orgulloso ciervo rojo, es el estudiante que decide cargar sobre sus hombros la responsabilidad de devolverle la paz a la comunidad estudiantil convirtiéndose en un símbolo de amabilidad, carácter, firmeza, convicción y racionalidad, guardándose para sí mismo el hecho de que, si su ambición por convertirse en un BEASTAR le exige pisotear a otros, no dudará en hacerlo.

Al dirigir el club de teatro, Rouis se relaciona inevitablemente con Legoshi, y de esa interacción surge una relación de maestro-aprendiz, condenada a la degeneración. Legoshi respeta y admira a Rouis, quien a su percepción es un herbívoro apuesto, seguro y en control de sí mismo, que puede traer la esperanza a la sociedad. Pero la visión que Rouis tiene de Legoshi es diferente, al considerarlo con desagrado, un animal miserable deseoso por vivir en la negación para ser aceptado por los herbívoros, a quienes el propio Rouis considera débiles.

En medio de esto se encuentra Haru. Una coneja blanca acostumbrada a vivir una vida al margen, siempre alerta de los depredadores, y replicante de un discurso institucionalizado, y una identidad en la que se concibe como una presa débil que podría aspirar a nada más que al estar disponible y al servicio de animales más fuertes que ella. Haru cuestiona esto, pero al darse cuenta de que es objeto de deseo de parte de machos de distintas especies, encuentra en el ejercicio de su sexualidad una forma de escape para sentirse en control de su vida, en un mundo en que puede morir a manos de cualquier carnívoro.

Haru y Legoshi

Emociones de depredadores y presas

El primer encuentro entre Legoshi y Haru es violento. El depredador y la presa se conocen en la oscuridad de la noche. La muerte a solo una mordida de distancia. Pero algo sucede. Por un instante, Legoshi se domina lo suficiente como para que Haru tenga una pequeña oportunidad de escapar. Y al día siguiente, cuando se encuentran de nuevo en un contexto diferente, Legoshi comienza a desarrollar sentimientos por Haru, sin saber que ella se acuesta con Rouis, de quien ella anhela afecto y amor sinceros.

Legoshi entra en conflicto porque al reflexionar sobre sus emociones y la posibilidad de acercarse a Haru de manera romántica, también es consciente del tabú social sobre lo que implican las relaciones afectivas entre carnívoros y herbívoros. Se considera a sí mismo un monstruo por haber intentado devorarla durante su primer encuentro, pero el deseo de tener a Haru incrementa y se re contextualiza durante dos conflictos particulares: el enfrentamiento contra Bill, un orgulloso y torpe tigre de Bengala, y la visita al mercado negro de la ciudad.

En el conflicto con Bill, Legoshi descubre que su compañero pudo haber ingerido sangre de animal para estimularse durante el estreno de la obra escolar, lo cual le hace tomar la decisión de confrontarlo en medio de la función, con resultados negativos que se resuelven con la intervención de Rouis. Por otro lado la visita al mercado negro, donde un viejo buey le ofrece sus dedos a Legoshi y a sus amigos a cambio de dinero, incentiva el colapso mental del lobo gris.

En este anime podemos observar ciertas nociones de proyectos corporales, y la concepción del cuerpo como territorio político susceptible de colonización.

En el momento en que Legoshi se encuentra convencido de que sus sentimientos de amor son reales, y de que quizá no podrá encontrar una forma de someter la naturaleza que le impedirá tener una relación sana con Haru, es que conoce a Gouhin. Un panda médico y psiquiatra enfocado en la rehabilitación de carnívoros que han cedido a sus instintos. A través de él, Legoshi reflexiona sobre su propio comportamiento, cuando Gouhin le hace ver que sus conflictos por Haru (y los desplantes violentos que ha tenido), son el resultado de una fachada retorcida construida de forma inconsciente, para ocultar el hecho de que ve a Haru como su presa, a quien no está dispuesto a perder ante nadie.

Herido y decepcionado, Legoshi intenta entender sus emociones para reorganizar su visión del mundo, y así tratar de averiguar si lo que siente por Haru es amor, a la par que adquiere más confianza en sí mismo. Pero la situación se complica cuando Haru es secuestrada por el Shishigumi, una poderosa organización criminal de leones. Rouis decide no rescatar a Haru gracias al Alcalde, quien lo convence de que, si anhela ser un BEASTAR, lo mejor es aceptar la realidad como es y cumplir con lo que la sociedad espera de él.

Esto permite que la admiración que Legoshi siente por Rouis se derrumbe, lo que lo lleva a  emprender una odisea junto a Gouhin por salvar a Haru con éxito, aceptando hacia el final del arco de la primera temporada la necesidad de trabajar sus emociones y construir una nueva identidad que le permita crecer para así alcanzar a Haru, quien demuestra el deseo de estar con él.

Dos ideas de masculinidad opuestas

Itagaki Paru y su visión de una masculinidad alternativa

Encontramos en BEASTARS momentos que nos hacen pensar en muchos problemas sociales recientes y en los conceptos que desde la teoría social se han empleado para darle sentido a nuestras guerras culturales. En este anime podemos observar ciertas nociones de proyectos corporales, y la concepción del cuerpo como territorio político susceptible de colonización, así como la exploración de distintas biopolíticas de control y modelado conductual, que se aprecian rondando el concepto mismo del BEASTAR.

Quizá quien mejor representa lo anterior es el Alcalde de la ciudad, quien le cuenta a Rouis que para consolidar su posición, se vio obligado a someterse a distintas cirugías para transformar su cuerpo, modificando el ancho de sus hombros, agrandando sus ojos y extrayendo sus colmillos, con tal de adquirir una apariencia atractiva, amable y no predatoria para la sociedad, y que pudiera facilitarle el alcance del poder político.

Aunque quizá el mejor de los temas, intuido por el cambio de Legoshi enfatizado aquí, sea el de la idea de una masculinidad (o masculinidades) alternativas. Legoshi puede ser leído como un personaje que funciona como arquetipo de una masculinidad que la cultura de masas viene representando en los medios desde hace muchos años; una masculinidad que no tiene como pilares constitutivos el ejercicio de la violencia, la insensibilidad, el orgullo y la fuerza. Pero que al mismo tiempo, su ausencia no implica necesariamente benevolencia, ya que Legoshi no es alguien que represente la categoría idealista de los “hombres buenos”, puesto que el personaje se da cuenta de que mucho de su obrar responde a una obsesión por Haru, a quien conceptualiza inconscientemente como presa y objeto de consumo y deseo, y no como persona.

Una masculinidad que no tiene como pilares constitutivos el ejercicio de la violencia, la insensibilidad, el orgullo y la fuerza, pero que al mismo tiempo, su ausencia no implica necesariamente benevolencia.

La lucha constante que mantiene es contra sí mismo. Cada decisión que toma lleva detrás el avance de su desarrollo como macho/lobo/hombre. Porque aun renegando de su condicionamiento biológico, Legoshi cae en cuenta de que hay aspectos de la “ley animal”, que se encuentran inscritos muy en el interior, y que si desea tener una relación con Haru, cuestionar sus actos, aceptar sus emociones y responsabilidades constituyen el paso necesario para alcanzar una resolución equilibrada de su conflicto identitario y psicológico, primero por amor propio, antes que por alguien más.

Sin una contraparte, el impacto de este cambio no sería el mismo. Al pasar de la admiración a la decepción por Rouis, Legoshi se percata de estar frente a una persona a través de la cual puede posicionarse éticamente con respecto al tipo de macho/hombre que quiere ser, en parte debido a que en Rouis encontramos el arquetipo de una masculinidad alineada a la norma, deseosa de cumplir con lo que se espera de él. Los valores considerados “tradicionales” de una masculinidad dominante, patriarcal, misógina y machista se pueden observar en Rouis a través de su camino no exento de conflictos. La mayoría provocados por la interacción con la masculinidad diferente que representa Legoshi. 

Tampoco es que Rouis sea un antihéroe rígido que carezca de interés. Su pasado como ciervo rescatado de un matadero que proveía de carne al mercado negro de los carnívoros, dejó en él una profunda cicatriz psicológica, la cual se encuentra detrás de sus aspiraciones sociales, y actitudes de macho. El ser consciente de eso y de no poder concebir una identidad diferente por su contexto de vida, es lo que motiva al ciervo a usar los privilegios y desventajas que su pertenencia de clase le ha otorgado, para convertirse en un poderoso BEASTAR a costa incluso de su propia salud física y la vida de su amante. Camino que, eventualmente, deviene en una degeneración psíquica y moral culminando en el ejercicio y disfrute de la violencia y el asesinato, para consagrar la venganza contra los responsables de su trauma de infancia.

Si las mujeres pueden escribir y hablar de masculinidades tan bien como ha hecho Itagaki, los hombres también podrían escribir y hablar de la feminidad en formas más adecuadas a nuestros días.

Ser hombre (o macho si eres un lobo gris) es complicado. En un momento histórico donde la oportunidad de redención de la masculinidad no ocupa lugares importantes en los debates sociales actuales más llamativos, la oportunidad de reflexionar sobre otras formas de ser hombre desde productos concebidos para el entretenimiento como lo es BEASTARS, es valiosa. Porque rara vez encontramos en la animación estos chances de calidad narrativa y artística, que construyen un mundo complicado con personajes que representan una serie de conflictos identitarios que los hombres conocemos bien, sin caer en las apologías de las masculinidades violentas dominantes.

¿Los hombres podemos cambiar? ¿Qué tan alto es el costo de la negación de nuestras emociones? ¿Otras formas de relacionarnos son posibles? Estas y otras preguntas tienen múltiples respuestas desde muchos saberes. Pero el que la reflexión en torno a ellas sea tan masivamente consumida a través de este anime basado en el manga escrito y dibujado por la artista Itagaki Paru, merece reconocimiento. Demostrando con esto un punto tangencial pero igual de importante: si las mujeres pueden escribir y hablar de las masculinidades tan bien como ha hecho Itagaki (al menos en esta primera parte de BEASTARS), los hombres también podrían escribir y hablar de la feminidad en formas más adecuadas a nuestros días.

Por último pensemos en la vulnerabilidad, uno de los aspectos más destacados de la historia entre Legoshi y Haru, casi tangible cuando ambos personajes se encuentran pasando la noche en un motel después del enfrentamiento contra el Shishigumi. En este espacio, después de reconocer el interés mutuo, se expresa desde ambas partes el consentimiento para la exploración de los cuerpos y el disfrute sexual. Pero este encuentro, como la mayoría de las “primeras veces”, ocurre torpemente.

Diálogo en la vulnerabilidad de un encuentro sexual deseado

Legoshi no sabe cómo tocar el cuerpo de Haru, pero eso no impide que pruebe siendo guiado, tomando en cuenta el cómo reacciona ella ante lo que hace, y preguntando si su proceder es adecuado o no, abordando en esta escena con relativa originalidad la importancia del valor de la comunicación y el consentimiento no solo durante el sexo, sino también como pilar de las relaciones humanas.

Una comunicación que implique el hablar y escuchar, como camino capaz de romper las barreras que impidan la expresión del sentir. Ese es quizá uno de los puntos más notables de la fantasía que es BEASTARS, junto a los cuestionamientos sobre la masculinidad que plantea desde su narrativa. Hablar, expresar y hacernos responsables de nuestros sentimientos, nuestras emociones, conjuga un camino con resultados potencialmente deseables para todas y todos, en lugar de negar aquello que sentimos. Quizá esa sea la única manera de ser mejores y de alcanzar aquello que anhelamos, como el amor por uno mismo, por un sueño, o por alguien más.

*Las imagenes que acompañan este texto son propiedad de Netflix.

**Chessil Dohvehnain, arqueólogo de profesión, escribe sobre ciencia ficción y fantasía para The Fiction Review. Puedes seguir al autor en Twitter (@JoyDohveh), Instagram (@dohvehnain), Facebook (JosephChessil Dohvehnain), o en su columna en La Jornada San Luis (https://lajornadasanluis.com.mx/seccion/opinion/joseph-chessil-dohvenhain/).