Fernando Pessoa: El astrólogo

Por Adán Medellín (@adan_medellin)

Se dice que Aleister Crowley llegó a Lisboa en 1930 no sólo para simular su suicidio tras algunos problemas económicos y sentimentales, sino para visitar al hombre que le había escrito en un inglés impecable una elegante corrección de su carta astrológica. El hombre que precisaba la hora de nacimiento del mago era un tal Fernando Pessoa, un erudito en Shakespeare, fundador de revistas de vanguardia, con una obra poética casi secreta, y famoso por su naturaleza huidiza a pesar de contar con un trabajo rutinario como traductor de correspondencia en una oficina comercial.

El encuentro entre Aleister Crowley, una de las figuras más célebres y controvertidas del ocultismo, y Fernando Pessoa, es uno de los capítulos más sorprendentes y misteriosos que atestiguan la seducción entre poesía y astrología durante varios tramos del siglo XX. Ha quedado una fotografía monocromática de ambos personajes en una partida de ajedrez y el testimonio de la admiración de Crowley por Pessoa en su faceta esotérica: lo consideró en su momento el mayor astrólogo vivo del mundo, un individuo donde convergía el conocimiento de distintas tradiciones de conocimiento secretas como la alquimia, la cábala, la magia, la masonería, los símbolos del zodiaco y la astromancia.

Aunque la cita Crowley-Pessoa parezca apenas la punta del iceberg de una serie de afluentes y contenidos mistéricos afines, el análisis detallado del mítico baúl de escritos pessoanos comprueba que la astrología fue mucho más que un hobby para uno de los más grandes poetas del siglo pasado. Como atestigua el estudioso y astrólogo portugués Paulo Cardoso en la edición que preparó de las Cartas astrológicas de Pessoa -una lectura exhaustiva del corpus pessoano desde sus claves astrológicas-, hay al menos 2 mil papeles sobre el tema y casi 10 mil referencias entre los 30 mil documentos del escritor, así como 318 cartas astrológicas, un monumento de esforzada erudición dada la dificultad para calcular y registrar acontecimientos, posiciones planetarias y estelares, horarios, fechas, efemérides y otras variables en aquella época.

Dado que los números y las figuras son los tipos externos del orden y del destino del mundo, en la más simple operación aritmética, algebraica o geométrica, hay en ella grandes revelaciones; y, sin dar más detalles, en la matemática están las llaves de todos los misterios.

Pessoa elaboró cientos de tablas y cálculos sobre personajes que admiraba distribuyéndolos en casas zodiacales y planetas. Ahí desfilaron Pasteur, Edison, Flammarion, Napoleón, Robespierre, Wagner, Schumann y Chopin; pero sobre todo sus escritores amados: Shakespeare, Victor Hugo, Shelley, Wilde o Dickens. El camino astrológico de Pessoa, originado por la difusión de las ideas teosóficas de Madame Blavatski y el estudio de las obras especializadas de los llamados padres de la astrología moderna Sepharial y Alan Leo, se ha datado desde 1909, cuando Pessoa solicitó su primera carta astrológica con apenas 20 años de edad. Entre sus papeles se conservan este documento y otra carta de consulta astral perteneciente a 1910, una de cuyas preguntas era si el poeta estaba loco o enfermo mental, así como ejemplares de horóscopos londinenses desde 1911.

La matemática divina caló hondo en el ánimo de Pessoa, quien se obsesionó por conocer las fechas y anticipar las circunstancias de su propia muerte, guiado por esa manía de culminar la obra que se sentía predestinado a realizar. Escribía Pessoa: “Dado que los números y las figuras son los tipos externos del orden y del destino del mundo, en la más simple operación aritmética, algebraica o geométrica, hay en ella grandes revelaciones; y, sin dar más detalles, en la matemática están las llaves de todos los misterios”. El portugués puso a prueba la astrología desde la ciencia, el lenguaje y la fusión de conocimientos árabes, hindús y occidentales; incluso su espíritu inquieto e inquisitivo lo llevó a cartearse con el editor del British Journal of Astrology.

Allí donde hubo poesía y heterónimos, hubo conocimiento estelar reflejado en biografías, fechas, signos y símbolos sembrados en obras como Mensaje (1934), el único libro publicado en vida por Pessoa bajo su propio nombre. También se sabe que Pessoa elaboró cada una de sus personalidades literarias autónomas diseñadas en concordancia con detallados horóscopos. Como escribe en su Prefacio a las Ficciones de Interludio, cada uno de los principales heterónimos de Pessoa estaba en relación astrológica con uno de los cuatro elementos según sus ascendentes: Alberto Caeiro (Fuego), Ricardo Reis (aire), Fernando Pessoa (agua) y Álvaro de Campos (Tierra), todos ellos concebidos la noche mágica del 8 de marzo de 1914.

Como asentó en Un baúl lleno de gente el narrador italiano Antonio Tabucchi, otro de los grandes lectores del vate portugués, Pessoa se sumerge en esos años en la experiencia esotérica y teosófica desde Rosacroce, Blake y Swedenborg, en una serie de estudios que influirían al poeta al grado de escribirle a su querido amigo Mário de Sá-Carneiro su intención de ejercer la astrología en Lisboa. Hacia 1916, Pessoa hizo prácticas de médium y documentó visiones “astrales y etéreas que le confirmaron la existencia de un Maestro desconocido”.

El ascendente Escorpión lo inclinaba a los enigmas y los secretos; mientras su Luna en Leo le brindaba un encanto dramático y protagónico, aunque el vate había elegido anularse.

Con el avance de sus conocimientos, Pessoa extendió su dependencia a la consulta astrológica personal. No sólo dejó de asistir a citas sentimentales importantes en su vida según la predicción astrológica, también usó un sistema de progresión que coincidía anualmente con el avance en grados de la Luna para hacer coincidir sucesos astrológicos con hechos personales o familiares como la muerte de su padre, el segundo matrimonio de su madre, su regreso a Lisboa desde Sudáfrica o el nacimiento de la revista literaria Orpheu, que él fundaría.

No extraña que haya numerosas anotaciones e investigaciones en el apartado de sus escritos dedicados a la “Muerte violenta” de personajes célebres o conocidos, así como paralelismos entre su vida y la existencia familiar que fue desmadejando según se perfeccionaba en sus conocimientos con una biblioteca completísima sobre el tema -de acuerdo con sus propias predicciones, Pessoa se equivocó apenas por unos cuantos meses sobre su fallecimiento-.

Dicen los entendidos que en signo Géminis, el aéreo Pessoa estaba desdoblado con facilidad mercuriana para los idiomas, las lenguas extranjeras y la literatura, pero prácticamente sin asidero terrenal debido a una estela de planetas en la Octava Casa, donde residen las cosas ocultas. El ascendente Escorpión lo inclinaba a los enigmas y los secretos; mientras su Luna en Leo le brindaba un encanto dramático y protagónico, aunque el vate había elegido anularse. Para ello, Pessoa había creado otro conjunto de heterónimos donde se translucían sus preocupaciones más filosóficas y ocultas. Junto a los tres más afamados en su faceta poética (Caeiro, Reis y Campos), otra triada heterónima revelaba las inquisiciones secretas del hombre nacido el 13 de junio de 1888 en Lisboa, a las 3.20 pm.

Alexander Search fue destinatario de cartas y el joven autor de poemas ingleses que había firmado un pacto con Satanás y un libro sobre los desórdenes mentales de Jesús; Bernardo Soares sería el encargado del deslumbrante Libro del desasosiego, una bellísima miscelánea reflexiva y de paisajes anímicos con fondo lisboeta; y en este tenor, el misterioso Raphael Baldaya fungió como la identidad que Pessoa empleó para sus textos, cartas y los servicios profesionales de consultas astrológicas que ofreció en distintos momentos de su vida. Bajo la pluma de Baldaya se halla un tratado sobre la materia de los astros y otro llamado Principios de Metafísica Esotérica.

Navegar es preciso, decía el maestro Pessoa, astrólogo y poeta de mil rostros, recordando a los sabios antiguos

Vale pensar que la elección de Mensaje como primer (y a la postre, único) libro publicado en vida entre los manuscritos de Pessoa no sólo fue un efecto de la casualidad editorial y la euforia histórica y nacionalista de su contexto, sino que expresa una intención de inaugurar su corpus sobre una de las rutas simbólicas a las que el poeta confería gran valor y dedicó un dilatado ejercicio. Así, esa secreta piedra angular de su vastísima cultura ha ido revelándose ya no como un componente de encantadora superstición, sino como un manantial profundo que alimentó el árbol de frutos espejeados y múltiples que es la obra de Pessoa.

Como una breve muestra del astrólogo que palpitaba en el poeta de los heterónimos, nos queda la segunda parte de Mensaje, subtitulada “Mar Portugués”, que se compone de 12 poemas relacionados con los 12 signos zodiacales. Entre ellos, transcribo los versos finales de “Padrao”, correspondiente al signo de Géminis, el mismo del nacimiento de Pessoa:

Y la Cruz en lo alto dice que lo que hay en mi alma

Y hace la fiebre en mí de navegar

Sólo encontrará de Dios en la eterna calma

El puerto siempre por hallar…

Ahí donde la voz poética geminiana descubría la aparición de su Alma y la relación secreta y vertiginosa de todas las cosas con lo más sagrado y lo más profano en un camino continuo, ahí donde el poeta buscaba contactar totalmente con esa Alma mediante navegaciones escriturales, filosóficas, heterónimas y de experiencias en lenguas y puertos distintos, estaba el espíritu ávido de trascendencia de Pessoa mirando las estrellas en las tablas que elaboraba en sus gastadas agendas mercantiles, al término de sus jornadas laborales. Navegar es preciso, decía el maestro Pessoa, astrólogo y poeta de mil rostros, recordando a los sabios antiguos.  

*Adán Medellín es escritor y periodista mexicano ganador de diversos premios como el Bellas Artes de Cuento 2017 (hoy Premio Amparo Dávila) por Blues Vagabundo, el Premio Nacional de Novela Élmer Mendoza 2019 por Acéldama y el premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2019, por El cielo trepanado. Sobre Hospital Británico de Héctor Viel Temperley. También ha sido galardonado con el Premio Nacional de Cuento Sueño de Asterión 2013 por “El Canto Circular”, y con el Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo 2019 por “Tiburones”. Puedes seguirlo en sus redes en Twitter (@adan_medellin) y Facebook (Adán Medellín).