Nota del Editor

Lovecraft: el prodigio que cayó del espacio

Les damos la bienvenida y los invitamos a acompañarnos en la primera entrega de The Fiction Review, el proyecto de un grupo de personajes muy distintos entre sí que tienen algo en común: el amor por la literatura. Este amor es tormentoso y cruel, pero somos tipos aferrados y después de varios conciliábulos decidimos formar una revista temática digital y mensual. Como tema inaugural decidimos por medio de una democracia en apariencia transparente que el primer número fuera sobre H.P. Lovecraft, estrella de las revistas pulp, conocido simpatizante de la adjetivación abundante, amigo de Houdini el ilusionista y de Robert Bloch. Este es el resultado.

Tal vez no hay otro escritor estadounidense que haya tenido una reanimación tan fructífera y significativa como la que tuvo Howard Phillips Lovecraft en la segunda mitad del siglo XX. Reanimación que no ha dejado de sorprender ni de menguar en el presente: apenas el año pasado un artículo de The Atlantic menciona que ninguna historia de éxito póstumo ha sido tan espectacular como la suya. Es fácil entonces para los que conocen su literatura encontrar guiños a su trabajo en los relatos o novelas de otros escritores de horror y es casi imposible no haber escuchado nombrar a su más famoso personaje: el dios-pulpo Chtulhu.

Sin embargo, para decir que los tentáculos del escritor de Providence se han quedado en los libros sería necesario haber vivido en una cueva los últimos setenta años. En esto radica la rareza e importancia de la obra de este hombre de mandíbula pronunciada: en que precisamente ha trascendido al papel y se ha colado en una gran cantidad de rincones de la cultura popular (desde el boom del cine de terror de los setentas hasta la reciente serie de Netflix Stranger Things, y no se detiene allí: hay incluso regiones de Plutón llamadas como sus monstruos). Se han revertido las cosas y se podría llegar a afirmar que lo raro no es Lovecraft, lo raro es la ausencia de Lovecraft. Lo probable es que hayas visto, leído, jugado o escuchado algún producto cultural influenciado por él, lo improbable es lo contrario, y eso es algo que raras veces sucede.

Aun así, su impresionante éxito actual devana los fantasmas del personaje y los hace aún más explícitos. La lectura de sus cartas publicadas, que son muchísimas, e incluso de sus relatos, nos habla de un Lovecraft marcadamente racista, reaccionario, seguidor de Hitler y de Mussolini, que nunca pudo convivir con un mundo fuera de su querida Providence blanca y protestante, temeroso de los extranjeros y de la mezcla de sangre. Tan sabida y singular era su xenofobia que recientemente The Washington Post publicó una nota titulada “I, Cthulhu, endorse Donald Trump”. Es esta actitud recluida y aislada la que hace tan singular el esparcimiento de su ejercicio de creación hacia el cosmos, actitud que refleja en sus textos y sin la cual nunca habrían podido ser los mismos: el mundo de Lovecraft es uno de hostil indiferencia, en el que el hombre casi siempre está sujeto a males que no puede evitar, un mundo sin héroes ni posibles redenciones, en cuyas historias casi siempre se comienza con la certeza explícita del inminente fracaso de la voluntad humana.

Hasta ahora ha sido todo un reto hablar de H.P Lovecraft sin (casi) mencionar las palabras cósmico, espacial y culto maligno, y sin aludir a la extensión de su mitología. De esto dará más detalles Santiago Rubín de Celis en su artículo El mito de Chtulhu. Siguiéndole los rastros a la cosmología lovecraftiana, Edén Martínez reseña “En las montañas de la locura”, uno de los relatos más largos del escritor, como parte de su sección San Luis City Blues. Pepe Galarza Tejada, en cambio, nos hablará de una faceta menos conocida de la literatura del escritor estadounidense en su reseña de “El Sabueso”, dentro de su columna Entre Cadáveres. Alejándonos un poco de la literatura, Alejandro Galván nos hablará de Lovecraft y el celuloide en sus Charlas de Cine y last but not least nuestro colaborador invitado Armando Martínez finaliza con el horror cósmico en los comics. Todo esto aderezado con el toque personal (ahora sí) cósmico, espacial y malvado, de la ilustradora Nayeli Martínez.